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Sáenz de Santamaría vs Casado: subvenciones frente a rebajas de impuestos

La alternativa al brazo económico de Pablo Casado es la vieja guardia del gobierno de Mariano Rajoy: Álvaro Nadal y Cristóbal Montoro.

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Santamaría y Casado, sonrientes | David Mudarra.

Estimados compromisarios del Partido Popular. Permítanme decirles que están ustedes de enhorabuena. La decisión de votar a Soraya Sáenz de Santamaría o a Pablo Casado, por primera vez, les permite elegir entre un modelo inmovilista y otro orientado al liderazgo, que apuesta por un cambio radical en el rumbo del partido hacia un modelo de política con mayúsculas.

La candidatura de Pablo Casado ha levantado ilusión entre muchos de los votantes presentes y perdidos del PP. Pero, además, acudiendo a un economista de talla internacional como Daniel Lacalle, garantiza un modelo económico sólido, capaz de cambiar la estructura productiva y orientar todas las dimensiones económicas hacia el crecimiento y el empleo como bases de un estado de bienestar sostenido y sostenible en el tiempo.

Su apuesta es clara: nadie como usted, ciudadano, para gestionar su propio dinero.Para ello, propone una reducción gradual del Impuesto de Sociedades hasta el 10%, una reducción del IRPF, y eliminación de los Impuestos de Sucesiones y Patrimonio, por ser injustos e inmorales, lo que convierte a la administración en un enorme gestor inmobiliario de herencias rechazadas para subastar a grandes fortunas y bancos, entre otras cosas.

Lacalle sabe que el crecimiento económico es la mejor forma de asegurar el estado de bienestar. Ningún derecho, por fundamental que sea, puede ser garantizado si no se puede financiar. El momento de las patadas hacia delante y de las soluciones mágicas se está acabando. Sus propuestas son una vacuna contra las promesas vacías y el hastío de un electorado que ve cómo los sucesivos gobiernos del PP y del PSOE les ahogan a impuestos para gobernar con la vista puesta en minorías que garantizan votos.

La vieja receta de gastar más e incentivar la demanda vía multiplicador fiscal ha mostrado dos elementos comunes en todos los países en los que se ha implementado: el fracaso y el auge del populismo. Ni España es distinta, ni estamos en un momento histórico diferente. Nuestra economía ha registrado déficit público durante 14 de los últimos 17 años. El keynesianismo adulterado, maquillado bajo el mantra del estado bienestar convertido en bienestar del Estado, ha apostado por incrementar el gasto público por encima de los ingresos tanto en los años de mayor expansión económica como en los de la mayor crisis de nuestra historia.

¿El resultado? Una tasa de paro que ha llegado a alcanzar casi el 27%, empresas que soportan una carga impositiva (cuña fiscal) del 47%, de los ingresos puestos modestos en los rankings internacionales que miden la facilidad de hacer negocios, y un largo etcétera que agranda la etiqueta de infierno fiscal que arrastramos desde hace varios años.

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La apuesta económica de Lacalle pasa por algo tan sencillo como mirar hacia países líderes a nivel mundial e importar las claves de su éxito económico. Me refiero a Irlanda, Luxemburgo, Singapur, Holanda, Reino Unido o Estados Unidos. Todos ellos referentes internacionales a la hora de hacer negocios, según el índice Doing Business, con empresas que soportan una carga impositiva inferior al 37%, tasas de paro inferiores al 8% y (¡oh, sorpresa!) empresas tecnológicas capaces de ser referentes mundiales.

Yo soy millenial, y es la primera vez desde que tengo derecho a voto que puedo dar mi confianza a una candidatura que apuesta por el crecimiento económico, con el empleo como epicentro y garantía para asegurar el estado de bienestar. La recaudación en su conjunto, y en especial, figuras como el IRPF o el IVA, se incrementa como consecuencia de un aumento de las bases imponibles por un mayor dinamismo económico, no tratando a familias y empresas como cajeros automáticos que financian las ansias de poder y caprichos de la clase política.

Debemos ser conscientes de los retos a los que nos enfrentamos en los próximos años. Con un entorno internacional mostrando síntomas de fin de ciclo alcista, España debe prepararse para el invierno. Lacalle apuesta por el rigor fiscal como pieza clave en nuestra credibilidad y un incentivo para una gestión adecuada del presupuesto público. Por el contrario, el multiplicador fiscal y la impresión masiva de moneda llevan años mostrándose sobradamente ineficientes en economías con un 20% de sobrecapacidad productiva como la española. Debemos encontrar nuestro camino en países como Alemania, una economía con superávit desde 2014 que sigue apostando por un modelo capaz de reducir la deuda hasta cumplir los criterios de Maastricht. Esta responsabilidad fiscal no está reñida con un estado de bienestar que garantice los derechos básicos de los ciudadanos. Atacar los más de 28.000 millones al año de gasto en administraciones paralelas sólo en Andalucía y Cataluña y el exceso presupuestario hace mucho más por todos ustedes que subir impuestos e ignorar la ineficiencia.

La alternativa al brazo económico de Pablo Casado es la vieja guardia del gobierno de Mariano Rajoy: Álvaro Nadal y Cristóbal Montoro, entre otros, bajo la candidatura de Soraya Sáenz de Santamaría. ¿Su apuesta? Seguir el mismo patrón que nos ha llevado a asumir más de 28 euros de deuda por cada euro de PIB incremental en los últimos años.

A modo de cortina de humo, lanzan una propuesta estrella cuyo principal atractivo es el nombre: impulso a la economía digital. El contenido se reduce a los mismos mantras que echan a las tecnológicas de nuestro país: mantener los impuestos sobre los que ya trabajaban durante su etapa de gobierno, innovar a través de la creación de un fondo gestionado por el Estado para las empresas que entren en pérdidas, y seguir beneficiando a los grandes conglomerados del país a través de una batería de subvenciones y desgravaciones del Impuesto de Sociedades para la reinversión en digitalización. La revolución digital no tiene nada que ver con la suplantación del papel de los mercados de capitales por parte de burocracia gubernamental.

Les invito a revisar la regulación fiscal de los hubs tecnológicos a nivel europeo y mundial. Sólo así sabrán que estas medidas son cuentos de hadas que justifican más subvenciones a sectores e inversiones sin rentabilidad cuyo origen son los agentes económicos de alto valor añadido. Cualquiera que eche la vista hacia Estados Unidos, Israel, o a países europeos como Reino Unido o Irlanda se darán cuenta de que la clave de su éxito es un sistema fiscal sencillo, que permite destinar recursos hacia la inversión y al empleo, en lugar de a unas arcas públicas dominadas por el despilfarro.

La dinamización del sector tecnológico no viene por las decisiones de un comité político, o por incentivos a grandes compañías cuyo negocio principal es otro. La explosión del ecosistema tecnológico se produce, sencillamente, porque es uno de los que mayor potencial de crecimiento a medio plazo presentan. El truco de las economías más digitalizadas del mundo es que no tienen truco. Respetan la seguridad jurídica y garantizan un sistema fiscal no confiscatorio a empresas.

Los 4 millones de votos que han perdido la confianza en el PP difícilmente volverán a ilusionarse con una promesa de bajar los impuestos "cuando se pueda", porque saben que la realidad ante las subidas estructurales de gasto que ha demostrado el último gobierno de Rajoy, sencillamente, no dejan margen. Subir impuestos para financiar desmanes gubernamentales no hará ganar al PP en unas elecciones; solamente seguirá blanqueando los populismos.

Frente a un asistencialismo que, lejos de garantizar derechos sociales, sólo subvenciona para mantener a la población en la miseria, el empleo es el mejor antídoto contra los verdaderos problemas sociales. Los electores lo saben, y en su mano está recuperar el liderazgo del Partido Popular a través de su voto los próximos días 20 y 21.

Un proyecto de liderazgo capaz de recuperar la Presidencia del Gobierno, o irrelevancia intervencionista y continuista. Empoderar a familias y empresas o blanquear y aupar al socialismo con políticas similares. La elección parece clara. No desaprovechen esta oportunidad.

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Daniel Rodríguez es consultor estratégico de multinacionales, autor del blog economistadecabecera.es y miembro del Comité de Dirección del Club de los Viernes.

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