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"Barcelona se ha convertido en una jungla": la inseguridad y los robos ahogan a los bares

La prostitución, los robos y las peleas se han convertido en el día a día de La Rambla, una zona de obligada visita para el turista.

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La Rambla | Alamy

Barcelona, la cuna del turismo, vive uno de sus peores momentos. Los viajeros se han empezado a olvidar de la Ciudad Condal, lo que ha hecho saltar las alarmas de todos los sectores que se nutren de estos cotizados visitantes.

La caída de la ocupación hotelera y, sobre todo, de la facturación este verano es la señal definitiva de que algo está pasando en la capital catalana. No sólo hay menos turistas, es que son de peor calidad. El pasado mes de julio, la ocupación fue del 91%, lo que supone un 0,7% menos respecto al año 2017. Entonces, el precio medio de las habitaciones fue de 150 euros, un 7% menos que el año anterior, y la facturación cayó un 7,31%, según los datos del Gremi d’Hotels de Barcelona.

En agosto fue todavía peor. En el octavo mes del año la ocupación se situó en el 88%, lo que representa un descenso del 1% en relación al año 2017. El precio medio de las habitaciones fue de 135 euros en el mes estrella del verano, lo que supone una reducción del 19% respecto al año anterior y que la facturación sufriera un descenso del 20%.

El presidente del Gremi d’Hotels de Barcelona, Jordi Clos, tiene una lista de factores que explican la pérdida de atractivo de Barcelona. De muchos de ellos, responsabiliza a las políticas del Ayuntamiento que dirige Ada Colau. Para Clos, el Consistorio tiene un "posicionamiento negativo hacia la actividad turística de la ciudad" que ha provocado "un incremento de la inseguridad, la proliferación de las actividades ilegales, el aumento de las actitudes incívicas en las calles y la falta de limpieza en diferentes espacios públicos". Entre los episodios más destacados del verano, Clos destacó "la agresión de un vendedor del top manta a un turista estadounidense, el aumento de los robos de relojes de lujo a las puertas de los hoteles, el incremento de las bandas de ladrones organizadas y la proliferación de comportamientos incívicos", que han maltratado la imagen de Barcelona.

"También han contribuido a la pérdida de reputación de la capital catalana" otros factores "como la inestabilidad política, las huelgas del aeropuerto de este verano y los atentados de hace un año", señaló Clos.

El efecto en bares y restaurantes

Que hayan llegado menos turistas a los hoteles de Barcelona, y que los que hayan llegado, se rasquen menos el bolsillo, también ha tenido un efecto directo en los bares y restaurantes de la ciudad. "Hemos notado tanto el bajón del turismo como del perfil de la clientela. Este verano ha habido muchos más turistas mochileros, de los que miran la cuenta de arriba a abajo o ya la traen hecha de casa", cuenta Daniel, uno de los responsables de Taller de Tapas, un local ubicado en plena Rambla.

La Rambla es una de las calles más conocidas de la ciudad y también una de las más conflictivas. La prostitución, los robos y las peleas se han convertido en el día a día de esta zona de obligada visita para el turismo. "Hay mucha inseguridad, no se imaginan la de robos que he evitado este verano", afirma Daniel. La delincuencia está llegando al punto de que los propios dueños o empleados de los bares tienen que actuar como guardianes de las pertenencias de sus clientes. "El otro día a las 11 de la noche tuve que esconder en el restaurante a un señor con cuatro maletas porque le habían rodeado unos cuantos y le iban a robar. Encima, cuando se lo dijimos a la Policía, nos dijeron que no podían hacer nada", relata. "Pues claro, a los turistas les espanta", declara resignado este profesional.

Según su testimonio, los locales con terraza exterior hacen las delicias de los ladrones, que aprovechan cualquier despiste de los clientes para hacerse con el botín. "En las terrazas suelen ir a por los teléfonos móviles que están encima de la mesa. Nosotros no tenemos terraza, pero han llegado a entrar dentro a robar", asegura.

A los robos hay que sumarle la permisividad del Ayuntamiento de Barcelona con los manteros, que tienen "invadidas" muchas de las calles de Barcelona. "Perjudican mucho a la imagen del que nos visita porque muchos de ellos son violentos", comenta Daniel. "Pero fuera de la Rambla pasa igual. Yo vivo en La Barceloneta y son constantes las peleas y cuchilladas. Barcelona se está convirtiendo en una jungla", añade.

"He pillado al mismo robando 2 veces en una semana"

"Manteros, carteristas, gente pidiendo, alguna pelea que otra… hay de todo", señala Diego, responsable de Moka, también en La Rambla. El local sí que tiene terraza y Diego confirma la impunidad con la que operan los delincuentes."He llegado a pillar robando al mismo tío dos veces en una semana. Cuando estamos llenos de gente, entran dentro también a intentarlo. La ley tiene que cambiar, es vergonzoso que no les pase nada", declara.

Este hostelero calcula que sus ventas han caído "un 13%" este verano. Considera que en esta cifra también ha influido el desafío separatista catalán. "Nos estamos convirtiendo en una sociedad poco pacífica y eso hace que haya destinos más atractivos, que si además también son más económicos, pues es normal que el turista los elija", apunta.

Mireia, responsable de Amaya, también hace números entre julio y agosto. "El turismo ha bajado bastante. Este año he visto mesas vacías en La Rambla, lo que nunca", asegura. También, lo ha hecho "la calidad" del turismo. "Como no venía gente, los hoteles han tenido que bajar los precios y eso atrae a otro tipo de clientes", explica. En estos meses, la hostelera se ha encontrado en su restaurante estampas insólitas como la de "clientes que no piden nada de beber porque se traen su propia botella de agua", cuenta.

En línea con el resto de sus compañeros, Mireia señala que"el número de prostitutas y manteros se ha descontrolado.Hay gente que me dice que no quieren venir a cenar por la noche al restaurante porque a la que te descuidas, te meten mano", asegura. La hostelera añade al problema "la presencia de lateros" vendedores de cerveza. "Perjudican al cliente porque tienen las latas escondidas en las cloacas, después a los bares y por último, a la imagen de la ciudad, que es lamentable, con gente bebiendo y la calle y meando por las esquinas", asegura. "Si eres turista y tienes un poder adquisitivo medio alto, acostumbrado a un orden y a una plucritud, se te quitan las ganas de venir aquí", concluye.

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