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El populismo siembra una nueva crisis de deuda en la UE: Italia, ¿la próxima Grecia?

El Movimiento 5 Estrellas y la Liga apuestan por más déficit y deuda, así como por derogar reformas clave. Esta combinación puede resultar letal.

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El líder de la Liga y ministro del Interior, Matteo Salvini | EFE

El cambio de rumbo fiscal que acaba de protagonizar la coalición que gobierna en Italia ha vuelto a disparar las alertas en torno a una posible reedición de la crisis de deuda en el seno de la zona euro. Si en los últimos años fue Grecia el que supuso un quebradero de cabeza para inversores e instituciones europeas, la preocupación se centra ahora en Italia, cuya economía casi multiplica por diez el PIB heleno.

La espita saltó la semana pasada, después de que el Gobierno, en manos del Movimiento 5 Estrellas y la Liga, anunciara su intención de disparar e déficit un 50% para el próximo trienio, del 1,6% del PIB previsto inicialmente al 2,4%. La reacción de los inversores no se hizo esperar, traduciéndose en un sustancial aumento de la prima de riesgo italiana, así como pérdidas generalizadas en la Bolsa de Milán que también terminaron contagiando a parte de las plazas europeas.

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Ante estas dudas, el ministro de Economía italiano, Giovanni Tria, defendió el pasado domingo en una entrevista al financieros Il Sole 24 Ore que el crecimiento del PIB, cuyo avance estima en el 1,6%, permitirá contener el incremento del déficit y la deuda. Su diagnóstico contrasta con las advertencias lanzadas por el jefe del Estado, Sergio Mattarella, que el pasado sábado, con ocasión del 75 aniversario de la Constitución italiana, recordó que el artículo 97 establece la necesidad de "unos presupuestos equilibrados y la sostenibilidad de la deuda pública".

El Gobierno, sin embargo, hace caso omiso a estos toques de atención. El jefe del Ejecutivo, Giuseppe Conte, señaló al diario Corriere della Sera que ni la Constitución ni el Pacto de Estabilidad europeo imponen a un Gobierno "que renuncie a expresar una política económica interpretando las necesidades de los ciudadanos", e insistió en que el objetivo de los nuevos Presupuestos es que caiga la deuda mediante "un mayor crecimiento y un mayor desarrollo social".

Pese a ello, la mayoría de expertos disienten de la nueva senda iniciada por los populistas por diferentes razones. En primer lugar, porque supone abrir un nuevo frente de conflicto con las instituciones europeas, tras las largas y complejas negociaciones presupuestarias desarrolladas con Grecia en los últimos años. Roma ha optado por ignorar por completo las recomendaciones de Bruselas para seguir reduciendo el déficit y, sobre todo, poner en marcha nuevas reformas para mejorar la competitividad del país.

El incremento de los objetivos de déficit para los próximos tres años está muy por encima de lo pactado la pasada primavera con la Comisión Europea, cuando el anterior Gobierno del Partido Demócrata (PD, centroizquierda) fijó las estimaciones de déficit en 0,8% en 2019 y 2020, y en el 0,2% en 2021. El comisario europeo de Asuntos Económicos, Pierre Moscovici, advirtió de que esta subida del déficit se sale de las reglas europeas y señaló que quiere negociar con Roma para evitar una crisis entre las dos partes.

Tres tendencias preocupantes

Pero, más allá de las tensiones políticas que surjan a partir de ahora entre Italia y la UE, lo que más preocupa a los inversores son los débiles fundamentos económicos del país transalpino. No en vano, Italia es uno de los estos miembro más endeudados de la zona euro, con un nivel próximo al 130% del PIB. De hecho, en términos nominales, acumula la mayor deuda pública de la UE, con casi 2,3 billones de euros, por encima de Francia y Alemania. Ante esta perspectiva, no se descarta que las agencias de rating rebajen la calidad crediticia de Italia en su próxima revisión, lo cual encarecería aún más su financiación en los mercados.

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Y el problema es que la nueva senda de déficit seguirá elevando la deuda pública, en lugar de iniciar su descenso, tal y como se pretendía hasta hace poco.

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Especialmente si se tiene en cuenta que algunas previsiones, como la de Goldman Sachs, estiman un menor avance del PIB nominal en comparación con el anterior programa de estabilidad del pasado mayo, así como un mayor déficit público (2,9% este año y más de un 3% los siguientes, incumpliendo así el límite máximo que marca la UE).

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Y todo ello en un contexto en el que el crecimiento del PIB nominal ha sido muy bajo desde 2010. Este escaso avance económico, unido a la anulación de las reformas estructurales que pretende llevar a cabo el nuevo Gobierno, sobre todo en materia de pensiones y mercado laboral, amenaza con poner en graves aprietos la sostenibilidad financiera del país.

Desde el banco de inversión Berenberg, recuerdan que Italia se percibe como uno de los grandes riesgos de la zona euro desde mediados de 2016 en sustitución de Grecia o la propia España, debido a su debilidad económica, su elevado endeudamiento público y la dudosa solvencia de su sistema bancario. Y ahora, bajo el mandato del populismo, ese riesgo tan sólo se acrecienta.

Pese a ello, esta firma confía en que la posible tormenta financiera no estalle de forma inminente, siempre y cuando el Gobierno no cometa más imprudencias, pero advierten: "Italia puede sufrir una auténtica crisis de deuda una vez que la nueva recesión –quizá en 2021– destape la debilidad de Italia, al mismo tiempo que el apetito inversor [por su deuda] se reduce".

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