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Así fracasaron en Noruega las "cuotas de género" que impondrá Carmen Calvo

La Ley de Igualdad Laboral que quiere aprobar el Gobierno ya ha fracasado en otros países.

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La vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo | EFE

El Gobierno de Pedro Sánchez quiere tramitar por vía urgente una Ley de Igualdad Laboral que, entre otras cosas, incluye la introducción de "cuotas de género" en los órganos directivos de las empresas. Así lo ha asegurado la vicepresidenta del gobierno, Carmen Calvo, que desea obligar a las compañías a "compartir y repartir el poder de decisión con las mujeres".

Esta iniciativa recuerda a la norma aprobada hace ahora quince años por el gobierno noruego. Entonces, el país nórdico exigió que cuatro de cada diez miembros de los consejos de administración de las empresas cotizadas fuesen mujeres. Sin embargo, como ya explicó Libre Mercado, diversos informes han concluido que dicha medida tuvo malas consecuencias económicas por distintos motivos.

Para empezar, Amy Dittmar y Kenneth Ahern han estudiado la evolución de la capitalización bursátil de las empresas noruegas y han concluido que cada aumento del 10% en la representación femenina fue de la mano con un descuento del 12% en el valor de las empresas en bolsa. A esto hay que sumarle el deterioro en los indicadores de deuda corporativa o el cambio a peor en los resultados operativos. El estudio está disponible aquí.

¿Por qué se produjo este efecto? La clave radica en la forma en que se aumentó la representación femenina en los órganos de dirección. En España vemos que la presencia de mujeres en las cúpulas de las cotizadas ha aumentado sustancialmente durante la última década, si bien dichos ascensos se han dado en un contexto de libertad, de modo que corresponden también a un proceso meritocrático.

Sin embargo, las "cuotas" eliminan esa dinámica y simplemente se preocupan por igualar la representación de uno y otro sexo, alterando los procesos propios del mercado. Noruega, por ejemplo, vivió un cambio a peor en el ámbito corporativo como consecuencia de la menor experiencia de muchas de las directivas que fueron promocionadas para evitar sanciones. Así lo ha determinado la investigadora Nina Smith, en un trabajo que se puede leer aquí.

Otros académicos insisten en que, más allá de lo que ocurre en las principales empresas, las "cuotas de género" no tienen impacto sobre el resto de la población económicamente activa. Por tanto, aunque una pequeña élite de trabajadoras puede verse beneficiada, no se dan cambios significativos en el resto del mercado laboral. Es la conclusión a la que llegan Catherine Seierstad y Tore Opsahl, en un estudio disponible aquí, y también es el principal hallazgo de los trabajos de Marianne Bertrand, Sandra Black, Sissel Jensen y Adriana Lleras-Muney, resumidos aquí.

Por otro lado, también es importante señalar que una cosa es aprobar la obligatoriedad de las cuotas y otra muy distinta conseguir que, en efecto, dichas cuotas sean aplicadas plenamente. Y es que, aprovechando los distintos resquicios legales que estaban a su disposición, el 20% de las cotizadas del país nórdico alteraron su estructura empresarial para esquivar la aplicación de la nueva norma. Lo explica Kimberly Weisul en la revista Fortune, en un artículo que se puede consultar aquí.

De modo que, lejos de ser un experimento exitoso, la aprobación de "cuotas de género" en Noruega arrojó consecuencias inesperadas que ponen en duda la conveniencia de hacer algo similar en España.

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