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Las tres vidas de la hucha de las pensiones

PP y PSOE se resisten a cerrar el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, a pesar del déficit, y recurren a todo tipo de trucos contables.

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Las tres vidas de la hucha de las pensiones
Imagen de una de las manifestaciones de pensionistas que se han celebrado en los últimos meses ante el Congreso de los Diputados. | EFE

"Voy a tener que utilizar el Fondo de Reserva para pagar la extra de diciembre. Tendré que usar 6.300 millones que sobran del préstamo del Tesoro y completarlos con el Fondo de Reserva. Espero y deseo que, como las cotizaciones van bien, no tenga que sacar más de 3.000 millones, para poder dejar 5.000", Magdalena Valerio, lunes 11 de noviembre, El País.

A Magdalena Valerio no le hace gracia usar el Fondo de Reserva de la Seguridad Social, la conocida como hucha de las pensiones. Leyendo sus declaraciones de hace semana a El País, uno siente que la ministra de Trabajo lo hace a regañadientes. Porque no le queda otro remedio y porque el Gobierno anterior ha dejado una situación insostenible. Además, de sus palabras se deducen dos hechos a los que da la máxima trascendencia: 1. habrá que sacar menos dinero de la hucha de lo previsto (sólo unos 3.000 millones); y 2. confía en "poder dejar" al menos otros 5.000 millones en el cerdito de los jubilados españoles.

Y no está sola la ministra. Su secretario de Estado de la Seguridad Social, Octavio Granado, recordaba también hace uno días que no será la última vez que habrá que tirar de estos fondos. Porque nos los hemos gastado antes de lo previsto. La idea era tenerlos ahí, bajo llave, para cuando se jubilara el baby boom. Pero la crisis llegó y hubo que romper la hucha. Ya sólo quedan 5.000 millones de los casi 70.000 que llegó a acumular.

Las tres vidas

El problema es que la hucha nunca ha sido tal. El Fondo de Reserva de la Seguridad Social siempre fue (y sigue siendo) en buena parte un artificio contable. Lo fue en su diseño original, aunque si hubiera mantenido las características que se suponía que iba a tener podría haber tenido una cierta lógica. Pero si tenía esa lógica, la perdió por completo el día en el que los sucesivos gobiernos decidieron que sirviera como parche para aliviar las dificultades del Tesoro.

La primera vida de la hucha, la que quizás podría haber justificado su existencia, es la que se intuía en su diseño original. En teoría consistía en acumular los superávits de la Seguridad Social en un instrumento financiero que, incluso, generase rendimientos debido a los activos en los que estaba invertido. Podríamos resumir la idea en algo del tipo: "Si la Seguridad Social tiene superávit, antes que malgastarlo en alguna otra partida, lo guardamos y compramos deuda alemana. De esta manera, guardamos para el futuro, para cuando lleguen los déficits. Y si un día el Estado español tiene dificultades financieras serias, al menos las pensiones tienen una pequeña red de seguridad que está al margen de lo que ocurra con el resto de las cuentas públicas".

Ni siquiera en sus inicios, el Fondo de Reserva se mantuvo fiel a un planteamiento de este tipo. Porque, además, esto de las cuentas separadas no deja de ser una ficción: imaginemos que en 2010 o 2012 se hubiera producido una situación en España a la griega, ¿qué Gobierno hubiera desaprovechado la oportunidad de vender unos activos financieros en su poder para intentar detener la sangría? Probablemente ninguno. Como mucho, podemos pensar que la hucha habría servido para reducir el impacto de una crisis sistémica en los jubilados.

En cualquier caso, lo que es cierto es que en 2008, cuando comenzaban a sentirse los primeros zarpazos de la crisis, más del 45% de los activos del Fondo de Reserva eran deuda pública extranjera: obligaciones y bonos de Alemania, Francia y Holanda. Es decir, si el Estado español atravesaba por un problema muy serio de ingresos y era necesario complementar las pensiones con el dinero de la hucha, había 25.000 millones de euros en bonos que sí tendrían acceso al mercado.

Entonces llegó la crisis y comenzó la segunda vida de la hucha de las pensiones. El Fondo de Reserva era un recurso apetitoso. Por lo que tenía y por los superávits que (aunque cada vez más disminuidos) mantenía la Seguridad Social. Todavía no había necesidad de sacar dinero para pagar las prestaciones de los pensionistas (eso comenzó en 2012) pero sí podía usarse la hucha para acudir en auxilio de un Tesoro que sudaba tinta en cada emisión de deuda. De hecho, a partir de 2010, el Fondo de Reserva se utilizó para comprar deuda española: por eso, a finales de 2010, ya sólo el 12% de los activos financieros eran deuda extranjera; en 2012, menos del 2,5%. En estos momentos, ya toda la hucha está invertida en deuda española.

¿Y por qué esto es tan relevante? Pues porque esta segunda vida de la hucha de las pensiones ponía en duda parte de la justificación de la misma: esa teórica función como último recurso, que salvaguardaba las pensiones si todo lo demás fallaba. Al final, en una situación de quiebra del Estado español, en la que no puede acceder a los mercados, tener todo el Fondo de Reserva en deuda española también inutiliza estos activos. Afortunadamente no se llegó a esa situación en 2010 y 2012 (como sí le ocurrió a Grecia) pero si hubiera pasado, no habría habido alternativas.

A partir de este momento, la hucha no deja de ser un artificio contable que ha permitido que el déficit oficial (que no el real) de la Seguridad Social se mantuviera más o menos controlado. Cada año se colocaba en el mercado un porcentaje de esa deuda y se usaba para pagar una de las pagas prometidas a los pensionistas (la extra de diciembre). Como mucho, se puede pensar que la parte buena es que no había que emitir deuda nueva del Tesoro para cubrir esos déficits de la Seguridad Social: pero en realidad lo que pasó es que hubo que emitir más deuda en 2010-2011-2012 y la compró la Seguridad Social… que luego se deshacía de esa deuda para afrontar sus promesas de pago. Es casi un trabalenguas presupuestario con poco impacto en la situación real de los jubilados o de las cuentas públicas españolas.

¿Y ahora qué?

La tercera vida de la hucha comienza en 2016, cuando la cuantía del Fondo de Reserva ya ni siquiera es suficiente como para cubrir el déficit anual oficial de la Seguridad Social. La lógica dice que lo normal habría sido cerrarla. Vender la deuda, cubrir los números rojos de ese año y plantearse qué hacer a futuro: asumir la situación real del sistema y analizar alternativas de ingresos y gastos.

Ni el Gobierno del PP ni el del PSOE han querido dar ese paso. Así, en los últimos dos ejercicios asistimos a un juego un tanto absurdo por el que el Tesoro se endeuda para hacer un préstamo a la Seguridad Social que, mientras tanto, tiene en su poder deuda de ese mismo Tesoro adquirida hace 4-5-6 años. ¿Y todo esto para qué? Pues para no decir la verdad: que la hucha nunca fue tal.

Los políticos de todos los partidos vendieron una imagen falsa del Fondo de Reserva. Para empezar, quisieron transmitir la idea de que sería una red de seguridad que equilibraría el sistema de pensiones a largo plazo. Una ilusión que ha quedado destrozada durante la crisis: la hucha se ha vaciado mucho antes de los años 2025-2030-2035, que era el momento en el que en teoría se usaría. Además, hay que recordar que la cuantía del Fondo, aunque importante, nunca superó los 70.000 millones de euros: este año, la Seguridad Social tiene compromisos en forma de prestaciones superiores a los 140.000 millones de euros. En resumen, pensar que la crisis demográfica o la llegada a la jubilación del baby-boom se solucionaría con la hucha era una entelequia, fruto del desconocimiento o del engaño.

Y por eso esta lenta y un tanto absurda agonía. Cerrar la hucha supone admitir todo esto. Nadie quiere ser el responsable de ese titular. Ningún ministro de Trabajo quiere que su foto quede asociada a la última salida de fondos de la hucha de las pensiones. ¿Qué sentido tiene mantener 5.000 millones en la misma? ¿Qué supone eso en un sistema con un déficit real de más de 27.000 millones al año? ¿Por qué no pasar página? Sólo desde la lógica política puede explicarse. Si hay una hucha, aunque sea con 5.000 millones, se puede mantener la ficción de un fondo para el futuro, que cubre a los jubilados, que les protege… Probablemente cabe preguntarse si alguna vez tuvo una mínima lógica. Ahora mismo ya está claro que es sólo propaganda.

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