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La kilométrica cola de Doña Manolita: frío, ilusión, nervios y esperanza por el Gordo

La administración más famosa de la Lotería de Navidad bate récord de espera. Una enorme cola que asombra a los turistas de Madrid.

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La kilométrica cola de Doña Manolita: frío, ilusión, nervios y esperanza por el Gordo
Cola de la administración de lotería `Doña Manolita´ | Elena Berberana

"Llevo más de dos horas, estoy muerta de frío, pero no me importa, no me voy a mover de aquí, este año me va a tocar. Doña Manolita me va a dar suerte", comenta María Ángeles, una madrileña que espera con santa paciencia que le toque su turno. Todo sea por los 400.000 euros que este año trae el Gordo de la Lotería de Navidad.

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Entrada de la administración de lotería Doña Manolita (Madrid)

Los turistas graban atónitos la kilométrica cola donde aguardan cientos de personas para comprar el décimo que les puede cambiar su vida. Un gran incentivo por el que a muchos les merece la pena soportar el frío que hiela piernas y manos en una cola que no avanza. Pero es Navidad y la tradición manda, y, con ello, las supersticiones. "Soy consciente de que estar aquí aguantando tanto tiempo teniendo otras administraciones cerca es una locura. Todos los números están en el bombo, pero tengo fe en Doña Manolita, presiento que estar aquí me traerá suerte", comenta con una sonrisa de oreja a oreja Sagrario Moreno, una señora que por sus nietos "aguanta la cola que haga falta". La mujer alza la vista y no alcanza a ver apenas la entrada de la administración de lotería. "¡Madre mía!", exclama cuando se da cuenta que le quedan dos horas hasta llegar a comprar el ansiado décimo.

Detrás de Sagrario, Álvaro, un estudiante veinteañero, se ha escapado a comprar los cinco décimos que le ha encargado su familia. "Hacer la cola de Doña Manolita se ha convertido en una tradición navideña, algo típico de Madrid", explica el joven ante la mirada atónita de los turistas, que no salen de su asombro al ver la multitudinaria cola de más de dos kilómetros que hace un giro espontáneo en la calle Salud para no cortar el paso.

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Ana Sánchez, Álvaro y Sagrario Moreno en la cola de Doña Manolita

Muchos sacan sus móviles para grabar en vídeo la asombrosa devoción lotera de los españoles, aunque, si bien es cierto, penitentes hay de todas las nacionalidades. Ana Sánchez, dominicana afincada en Madrid, confiesa que el Gordo de la Navidad de nuestro país es seguido con gran entusiasmo en Latinoamérica. "Yo llevo diez décimos de otros loteros, pero sé que en España Doña Manolita es la que trae suerte. ¡Esto se sabe hasta en República Dominicana!", exclama entre carcajadas.

Mientras tanto, varias gitanas se acercan a intentar vender décimos entre los más desesperados: "¡Por dos euros más te puedes ir ya a comer! ¡Vamos, que estos son de Manolita!", grita una de las loteras ambulantes. A lo lejos, un hombre que también vende décimos, saca un fajo de billetes, merodea la cola y para llamar la atención se ha colgado un cartel con la cara de la ya difunta Manolita. Y le funciona. La artesanal técnica de marketing improvisado le está sirviendo de estupendo reclamo: "Llevo toda la mañana sin parar de vender décimos en la cola, algunos no aguantan y me llaman. Este año está siendo una locura", describe el comerciante itinerante mientras se guarda en la riñonera decenas de billetes de veinte y cincuenta euros.

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Ismael, controlador de la cola para despejar acceso a comercios

Ismael, un guardia de seguridad, corrobora lo que dice el vendedor. Este madrileño de 40 años de edad se estrena por primera vez como responsable de despejar la entrada de una tienda de ropa. Con un chaleco amarillo, el empleado se hace notar y para y corta la cola para que el escaparate del comercio y su acceso peatonal no se vean taponados por los compradores de lotería que se acumulan en la céntrica calle. "Aquí ha habido gente que se ha tirado hasta siete horas. Todos los comercios tienen que contratar seguridad privada para que no se vean afectados", desvela mientras dirige el tráfico de personas, quienes respetan sus señales disciplinadamente.

No muy lejos de Ismael se encuentran Raquel y José Miguel, una pareja de recién casados que espera poder comprarse un piso y "tapar agujeros" con lo que les pueda tocar. "Estamos hasta nerviosos. Tanto tiempo aquí esperando te da para pensar mucho y, sobre todo, en qué te lo gastarías. Nosotros haríamos muy buen uso del dinero, lo queremos para quitarnos deudas", revelan estos asiduos a la cola de Doña Manolita.

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Raquel y José Miguel, pareja de madrileños devotos de Manolita

Ya en la entrada, a las puertas de la administración, la impaciencia se refleja en los rostros. Félix, después de casi tres horas haciendo cola, se ha hecho amigo de María Ángeles. Tanto es así que parecen padre e hija. La ilusión y el tiempo los ha unido. "Yo vengo desde mi pueblo todos los años, nunca falto", confirma orgulloso el elegante señor, que ha viajado desde el municipio de El Vellón, situado a 50 km de la gran capital. Su nueva amistad, María Ángeles, está feliz porque ya van a entrar, "¡Ojalá tengamos suerte Félix!", afirma mientras entran juntos.

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Felix y María Ángeles se han hecho amigos en la cola de Doña Manolita tras tres horas de larga espera

Curiosamente, casi nadie está mirando el móvil para matar el tiempo en la cola. Las manos están en los bolsillos, las miradas al infinito… Sí, quizás no le toque a ninguno, pero durante esas horas de dura espera, probablemente, muchos han estado soñando con el premio entre sus manos. Quizás ese sea el secreto por el que miles de españoles vuelven religiosamente cada año. Desde luego, y a juzgar por el ambiente de la calle Carmen, el espíritu de la Navidad tiene su primera cita en la cola de Doña Manolita.

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