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¿Para qué me lo dicen?

Mi pensión no es una función social sino una obligación contractual del Estado para conmigo. Así que, a cumplirla. Y si no sabe cómo hacerlo, abandone su puesto y que venga alguien que sepa.

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Dirán ustedes que el artículo de hoy promete ser sinsorgo, extravagante y carente de interés. Yo, con todos mis respetos, creo que quizá no sea como para despreciarlo desde el inicio.

El título de hoy refleja una preocupación que me embarga gravemente, cuando alguien, sin saber por qué y, sobre todo, sin tener por qué, es reiterativo en advertencias que, por el tono, bien podrían anunciar el fin del mundo.

La gravedad de la preocupación alcanza niveles extremos cuando quien me advierte es quien detenta el poder público, pues sé que mi persona, a los poderes públicos, les importa un bledo.

¿Por qué entonces ese machacón discurso de que las pensiones no son sostenibles, de que el Estado da un crédito para pagar la extra de Navidad a los pensionistas, de que no nacen niños y por eso las pensiones peligran?

Hasta a propósito de los Presupuestos del Estado –que no se los cree ni el Gobierno– se dijo que el incremento de gasto para fines sociales estaba causado por el déficit de las pensiones.

Mi reacción en familia, que es la que más me aguanta, es siempre la misma: ¿para qué me lo cuentan? Y, como soy muy mal pensado –así me han enseñado a ser–, calculo que quien me lo dice está urdiendo una patraña para negarme lo que es mío.

En lo demás, despilfarro, pero las pensiones no son sostenibles. Y eso me lo dice quien contrató conmigo que, cotizando una cantidad durante 35, 40 o 50 años, obtendría una pensión, que más vale no entrar en su determinación.

Yo, ingenuo, confié en Papá Estado –bueno, daba igual, porque aunque no confiase no tenía elección– y coticé durante una eternidad para el día que traspasara la edad de 70 años y me convirtiera en clase pasiva, qué poco favorece la condición de pensionista. ¡Y ahora me cuenta aquel señor que yo no soy sostenible!

Hombre, por educación, no me lo diga. Lo que no quisiera es morirme sin aclararle algunos conceptos que, al parecer, no tiene claros. En primer lugar, que mi pensión, y la de tantos como yo, no es una función social sino una obligación contractual del Estado para conmigo. Así que, a cumplirla. Y si no sabe cómo hacerlo, abandone su puesto y que venga alguien que sepa.

Las pensiones solo entran en el concepto de lo social cuando son asistenciales –por carecer de cotización o por insuficiencia de ésta–, aunque sería mejor llamarlas subsidios en lugar de pensiones. Entrarían en lo social cuando cotizando durante dos legislaturas –ocho años– adquiriesen derecho a la pensión máxima.

Y un consejo antes de terminar. Eliminen del fondo –hucha, que no lo es– para las pensiones todos los pagos que van a quienes no cotizaron, o a los que cotizaron insuficientemente para la pensión que perciben.

Quizá así nos entendamos, sin necesidad de advertencias.

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