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¿Pagamos pocos impuestos? Cinco claves para el debate sobre la presión fiscal en España

Cierto: los ingresos públicos en España son inferiores a la media de la UE. La pregunta es, ¿debemos hacer esta comparación? ¿Es una buena referencia?

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¿Pagamos pocos impuestos? Cinco claves para el debate sobre la presión fiscal en España
La ministra de Hacienda en funciones, María Jesús Montero, ejerce su derecho al voto este domingo en un colegio de Sevilla. | EFE

Los y las socialistas apostamos por una reforma fiscal profunda, ya incorporada parcialmente a los PGE para 2019 y definida en la Agenda del Cambio, en la que:

Se refuerce la progresividad del sistema fiscal en línea con los países de nuestro entorno, convergiendo paulatinamente hacia el promedio de recaudación de la Unión Europea, incrementando la aportación de las grandes empresas, de los contribuyentes de ingresos más altos y con mayores patrimonios, y mejorando la equidad entre la fiscalidad de las rentas del capital y las rentas del trabajo, al tiempo que se reduce la carga fiscal soportada por las pymes.

Programa Electoral del PSOE – 28 de abril de 2019

El programa electoral con el que Pedro Sánchez se presentó a las últimas elecciones generales era muy claro. El objetivo del PSOE es lograr la "convergencia" con el promedio de recaudación de los países de la UE. No lo logrará en los próximos cuatro años pero, según lo declarado por el propio Gobierno en el Programa de Estabilidad 2019-2022 que envió a Bruselas unos días después de la cita con las urnas, el objetivo es aumentar la presión fiscal en España en algo menos de dos puntos del PIB (o unos 26.000 millones de euros) en esta legislatura.

A nadie debería extrañarle este planteamiento. Para empezar, porque es lo que se espera de un partido socialdemócrata: más impuestos, más gasto público, más intervencionismo y un Estado más grande que (eso esperan) redistribuya una porción más alta de la tarta. Pero también porque el argumento que emplean los autores del programa es uno de los más utilizados en la política y en los medios españoles en los últimos años. La tesis podría resumirse más o menos así: España recauda menos (mucho menos) que los países de su entorno; cierto, tiene un déficit público que debemos cerrar; viendo ingresos y gastos y comparando con lo que hay por ahí fuera, la lógica nos dice que debemos centrarnos en los ingresos, muchos más bajos que la media de la UE.

Los que así razonan plantean una realidad: los ingresos públicos en España (aquí últimos datos de Eurostat), del 39%, están muy por debajo de la media de la UE (45%) y de la Eurozona (46,3%). Por eso, es lógico que se agarren al argumento. Parece muy sólido… aunque no lo es tanto como podría intuirse a primera vista.

El problema es que junto a ese dato se cuelan otras tesis mucho más discutibles. Que van más allá del debate sobre si subir o no impuestos. Así, un buen porcentaje de políticos y una abrumadora mayoría de medios de comunicación dan por sentado (por desconocimiento, inercia o simple manipulación) varias cuestiones que no tienen por qué aceptarse. Digamos que muchas veces se intenta iniciar la conversación con un apriorismo que no tiene por qué estar ahí. Claro, si se acepta ese punto de partida, estás perdido. Entonces parece inevitable aceptar que hay que subir los impuestos en España. Lo que hay que preguntarse es si está justificado jugar en ese terreno de juego.

Cinco claves

Las siguientes son cinco preguntas para iniciar la discusión desde una perspectiva un poco diferente.

1. ¿Por qué la UE? Esto es importante. Es lo más básico y precisamente por eso hay que cuestionárselo antes de empezar. Puede parecer lo lógico. La UE es nuestro ámbito de referencia. Pero no es, ni mucho menos, el único baremo para medir los impuestos o el gasto público. De hecho, compararse con la UE tiene un problema de partida, hablamos de la región con más presencia del Estado en la economía del mundo (quitando los países comunistas, por supuesto).

Los dos siguientes gráficos muestran los ingresos y gastos públicos en la OCDE (el club de los países más ricos del mundo, aquí, datos de Government at a Glance 2017).

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Como vemos, la cosa ya no está tan clara. España está en la media de la OCDE en los dos indicadores; un poco por encima en gasto y un poco por debajo en ingresos (Ay, ese déficit).

Sí, en la media. Tras tantos años escuchando que España tenía un problema de ingresos públicos, uno ve este gráfico y ya parece que la cosa se relativiza un poco. No es que no pueda defenderse ese aumento de impuestos y gastos. Pero la inevitabilidad con la que a veces nos lo venden no está tan clara.

2. ¿Dinamarca… o Grecia? Cuando se habla de impuestos más altos que los actuales, los defensores de la medida recuerdan (y es normal que lo hagan) países como Dinamarca, Suecia o Finlandia, sociedades prósperas y que mantienen un buen desempeño económico a pesar de sus elevados tributos. Pero cuidado, como vemos en los gráficos, no es ni mucho menos el único ejemplo a mano. En la UE también hay países que crecen mucho menos, como Francia, Italia o Grecia, y que también tienen impuestos y gasto público mucho más elevado que el español. Ahora la pregunta que habría que hacerse es si la legislación económica española, en todo lo demás que no tiene que ver con impuestos (mercado laboral, apertura, flexibilidad, formación…) es más parecida a la danesa o a la italiana. Una pregunta interesante.

3. ¿Comparación? Sí, pero con los mejores: esto es muy curioso. Cuando se buscan comparaciones internacionales, normalmente se hace para reflejar la diferencia entre un país y los que mejor lo hacen en un determinado campo. Por ejemplo, cuando se habla del pobre desempeño del sistema educativo español, se ponen como contraejemplos los casos de Finlandia, Estonia, Holanda o Polonia, los países europeos que sacan mejores notas. O si nos vamos fuera del continente, se habla de los casos de Singapur, Corea, Japón o Canadá, otros sistemas educativos de éxito.

Pues bien, si hablamos de impuestos y de cómo estos sirven para alentar o no el crecimiento económico, podríamos preguntarnos si la comparación con la UE es la más acertada. En el siguiente gráfico, vemos el crecimiento económico en las últimas cuatro décadas en las principales regiones del mundo (fuente FMI).

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Como puede comprobarse, Europa Occidental tiene poco de lo que presumir. Hablamos de la región con una presión fiscal más elevada y también de la más esclerotizada del planeta, con poco crecimiento, poca innovación, sociedades envejecidas, poco dinamismo económico y sensación de estancamiento crónico. No decimos que los impuestos sean el único factor en este comportamiento. Pero cabe preguntarse si queremos parecernos más a nuestros vecinos, los que peor lo están haciendo en los últimos tiempos (y hemos cogido una secuencia temporal muy larga para evitar posibles problemas derivados de los efectos de la crisis o de uno o dos datos negativos).

4. ¿Por qué no Irlanda? En este sentido, cabe preguntarse si todos los países de la UE se han comportado igual. Y la respuesta es muy clara: no. Ha habido uno que ha destacado sobremanera. Una economía periférica, tradicionalmente encuadrada en el pelotón de cola de la UE y muy dependiente de su vecino rico. En este país, hace unos años apostaron por un modelo basado en impuestos muy bajos (entre los más bajos no sólo de la UE, sino de toda la OCDE) y mucha apertura, flexibilidad y libertad económica. En cuatro décadas, han pasado de ser una de las economías más pobres del continente a luchar con Noruega y Suiza (dos países no UE) por ser los más ricos (tras Luxemburgo, un caso un poco especial). Quizás, sólo quizás, alguien podría preguntarse si el ejemplo que tendría que seguir España no sería éste, el del alumno más aventajado de entre todas las economías occidentales (antes que en Francia o Italia).

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5. Los mitos: por último, en este debate sobre los impuestos se cuelan siempre una serie de mitos de los que es muy difícil desprenderse. Uno es el que achaca la baja calidad de los servicios públicos en España a la falta de gasto. Aquí hay un problema y es que el gasto público en España no está tan lejos (en términos de PIB) de la media europea. Sí los ingresos, por eso tenemos déficit, pero no tanto el gasto (el último dato era del 41,3% del PIB frente al 45,6% de la UE). Como veíamos antes, respecto a la media de la OCDE, estamos por encima en esta métrica.

Y sí, hay que cerrar ese déficit, pero mientras tanto estamos gastando bastante. Es debatible si sería necesario todavía más. Pero cuidado, en muchas métricas países con un gasto inferior lo hacen mejor que nosotros (por ejemplo, en PISA).

No es el único mito. También está el de los impuestos bajos, cuando los tipos en nuestro país no están muy lejos de los más altos de la UE salvo en los impuestos al consumo (justo los que ningún partido quiere tocar). O aquel que olvida que la recaudación en España está muy ligada al ciclo económico, lo que apunta a un mal diseño del sistema tributario y al paro (y la economía sumergida) como gran problema del agujero presupuestario. Sí, se podría recaudar más, también en términos del PIB, sin subir impuestos, sólo generando más actividad.

En conjunto, todos estos datos nos ofrecen una nueva perspectiva para el debate. Hay muchos argumentos para defender que se podrían subir los impuestos. Igual que los hay para defender lo contrario. Eso sí, quedarse con la recurrente comparación con la UE parece muy flojito. Como razón de peso para subir los impuestos es tirando a mala. Si de algo tiene la UE que presumir en estos últimos treinta años no es precisamente de su economía, ni de la estabilidad política y social que el crecimiento económico haya generado.

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