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Los graves errores de Marta Flich para solucionar el problema de las pensiones

El aumento de la productividad no va a solucionar el problema de las pensiones.

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Los graves errores de Marta Flich para solucionar el problema de las pensiones
Marta Flich durante la entrevista | HuffPost

La economista y actriz Marta Flich, en una entrevista para el Huffpost, ha señalado que el que se paguen las pensiones depende de "a quien votemos". Por tanto, da a entender que la viabilidad del sistema de pensiones no está en entredicho, sino que depende de la voluntariedad política. Según ella, en un contexto donde aumenta la productividad –y los salarios se incrementaran acorde a ésta– no habría problema para pagar las pensiones. "Ahora mismo con las productividades y con todo el avance tecnológico, con el sueldo de una persona se deberían pagar cuatro pensiones, por ejemplo. ¿Por qué no sucede? Porque se han bajado los salarios". Y termina con un: "Por eso la derecha no ve viables las pensiones, porque quieren bajar los salarios".

En poco más de un minuto, la gurú económica de la izquierda ha sido capaz de banalizar un tema tan serio como la viabilidad del sistema de pensiones en España en aras de promover su ideología política. Y es que el argumento de que incrementos en los salarios –vía aumentos de la productividad– es la panacea al problema de las pensiones no es nuevo y ha sido rebatido en múltiples ocasiones por los investigadores económicos serios.

En este sentido, el razonamiento de la Flich adolece de tres problemas. Por un lado, creer que en España la productividad está creciendo más de lo que realmente lo hace. De hecho, desde 1988 a 2004 la productividad en España creció en un 0,6% y entre 2001 y 2007 creció en un 0,7%. Y, lo que es más importante, no se espera un incremento sustancial de ésta en los próximos años.

Una pregunta pertinente sería saber cuál es la tasa de crecimiento de la productividad a la que sería viable el sistema público de pensiones tal y como está configurado. Un estudio que toma en consideración las proyecciones más optimistas en cuanto a demografía, que supone incrementos en la edad de jubilación y que considera que la pensión máxima se mantiene constante en términos reales, a la vez que se incrementa la base máxima de cotización –yendo a lo que se ha llamado como un sistema asistencial–, señala que necesitaríamos un crecimiento de la productividad cercano al 4,5% para alcanzar el equilibrio presupuestario del sistema de pensiones vigente en 2010 durante las próximas décadas, muy lejos de los niveles actuales, de modo que sería poco realista plantearlo como un escenario factible.

Además, Flich parece no tener en cuenta que los estudios realizados sobre la viabilidad a largo plazo del sistema de pensiones ya tienen presente la evolución estimada de la productividad, así como de la inmigración y de otras variables demográficas. Por tanto, no resulta lógico afirmar que los incrementos de la productividad –por mucho que no existiera desacople entre ésta y los salarios– nos va a salvar el sistema de pensiones cuando los análisis hechos indican lo contrario.

Además, incluso si se alcanzara la situación que plantea Flich –incrementos mucho más grandes de la productividad de lo que realmente se están dando hoy en día–, la única manera de que un incremento salarial mejore la financiación del sistema es mediante una reducción del ratio entre pensión media y salario medio.

O, dicho en palabras de uno de los mayores expertos en pensiones, Conde Ruiz, "el argumento de que más productividad ayuda a solucionar la sostenibilidad de las pensiones solo es cierto cuando los aumentos salariales no se trasladan de forma instantánea y permanente a todas las pensiones, las que ya están en alta y las futuras. […] Resulta curioso que para defender la viabilidad del sistema actual sin reformar se confíe en una medida que solo tendría un efecto sustancial si se redujera la tasa de sustitución [pensión media respecto al salario medio] de las pensiones que se pretende conservar".

En resumen, la solución al problema a largo plazo de la financiación de las pensiones va mucho más allá de incrementos –cuantitativamente poco realistas– de la productividad y de los salarios.

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