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¿Cuánto y por qué cobran los diputados?: la extraña lógica de los sueldos del Congreso

La "asignación constitucional" asciende a casi 3.000 euros al mes; pero a esa cifra hay que sumarle numerosos complementos y ayudas.

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¿Cuánto y por qué cobran los diputados?: la extraña lógica de los sueldos del Congreso
Vista general del hemiciclo del Congreso de los Diputados. | EFE

En estos días en los que se constituyen y comienzan a funcionar las Cámaras de las Cortes Generales, uno de los temas de conversación habituales, en los medios, en la política y en los bares, gira entorno a los salarios de los políticos. Por un lado, los diputados y senadores electos tienen que presentar su declaración de bienes, lo que les expone a un detallado escrutinio de la opinión pública. De los más ricos a los que apenas tienen unos euros en la cuenta corriente: todos ellos tienen que pasar por el trago de ver sus finanzas fiscalizadas (algo que, por otro lado, saben que ocurrirá cuando deciden apuntar su nombre en una lista).

Pero, además, está la cuestión de los sueldos de los diputados. Si cobran lo justo, demasiado o se quedan cortos. Si deberían cobrar más. Cómo cobran su salario. Y si merece la pena dedicarse a la política en España. En este artículo, analizamos las cantidades que ingresan cada mes sus señorías y el resto de beneficios que van asociados al cargo. ¿Mucho o poco? Para eso cada español tendrá una opinión.

Sueldo y complementos

Los ingresos de los diputados se pueden dividir en tres grandes grupos.

1. Asignación constitucional idéntica para todos los Diputados: 2.981,86€ al mes (se abona en catorce pagas, como los complementos en función del cargo)

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2. A esta asignación se añaden, "los complementos en función del cargo que desempeñe el Diputado por ser miembro de la Mesa o de la Junta de Portavoces (bien de la Cámara o bien de alguna Comisión)". Este tipo de complementos no son acumulables (salvo en el caso, poco frecuente, de un portavoz de grupo parlamentario que también tenga cargo en una Comisión). Por ejemplo, el portavoz de un grupo parlamentario en Comisión cobra 1.108,95€ de "gastos de representación" (el listado completo de complementos puede verse en la imagen de la derecha, click para ampliar).

3. Según el reglamento del Congreso, los diputados también tienen derecho a "las ayudas, franquicias e indemnizaciones por gastos que sean indispensables para el cumplimiento de su función".

3.1 Indemnización por los gastos asociados a su actividad: 1.921,20 € al mes para los diputados de circunscripciones distintas a Madrid y de 917,03 € para los electos por Madrid. Es una cantidad dedicada, "a cubrir gastos y por ello exenta de tributación".

3.2 Ayudas e indemnizaciones de transporte

  • El Congreso de los Diputados "cubre los gastos de transporte en medio público (avión, tren, automóvil o barco)" de los diputados. En este caso, "se trata de un reembolso de gasto, es decir, no se facilita una cantidad al parlamentario, sino que se le abona directamente el billete a la empresa transportista".
  • A los diputados que no tienen vehículo oficial se les entrega "una tarjeta personalizada que permite abonar el servicio de taxi en la ciudad de Madrid. La disponibilidad de dicha tarjeta tiene un límite anual de 3.000 €".

3.3 Dispositivos electrónicos: la web del Congreso aclara que, dado que las convocatorias se realizan por SMS y correo electrónico, se facilita a los diputados "un iPad, así como un teléfono móvil que les permitan ejercer su función".

Justificación e incentivos

Cuando hablan sobre el tema, la mayoría de los diputados repite, más o menos, el mismo discurso: dado el nivel de exigencia, la presión de la opinión pública o la preparación de la mayoría de los miembros de la Cámara, el sueldo que cobran no es demasiado elevado. De hecho, si se compara con los salarios de otros Parlamentos europeos, son tirando a bajos.

Ésta es una discusión interesante, pero también cabría preguntarse si tiene algún sentido la forma en la que se paga a los diputados españoles.

En primer lugar, es cierto que la asignación constitucional, la única cantidad que cobran mes a mes todos los diputados, sean cuáles sean sus circunstancias, no es demasiado elevada. Habrá quien piense que, en un país en el que, según el INE con datos de 2016, el sueldo mediano es de 19.432,62 euros al año (o 1.388 euros al mes en catorce pagas) y el salario medio es de 23.156,34 euros al año (1.654 euros al mes en catorce pagas), esos casi 3.000 euros mensuales que se llevan los diputados no están nada mal. Y es cierto que, en comparación con otros sueldos de la economía española, es una buena cifra, pero para un empleo de nivel alto en Madrid, ni mucho menos parece exagerada.

Según la última encuesta de "Decil de salarios del empleo principal" del INE, para entrar en el top 10 de España por salario hay que cobrar 3.367 euros al mes (en este caso, prorrateado a 12 meses).

En el caso de los diputados: 2.981,56*14/12 = 3.478 euros al mes

Como vemos, por poco, pero nuestros congresistas ya entran en ese decil más elevado sólo con la asignación constitucional.

Pero cuidado, como hemos visto en el listado anterior, esto es sólo una parte de lo que cobran sus señorías. A eso hay que sumarle los complementos y las ayudas.

En lo que respecta a los complementos, es cierto que no todos los diputados los cobran… pero sí la mayoría. Siempre ha sido así, porque hay muchos cargos que repartir y los partidos buscan que todos los diputados tengan, de una u otra manera, su hueco (entre otras cosas, porque todos saben que es un extra salarial que viene muy bien). Pero en estas últimas legislaturas, con la explosión de comisiones que se produjo y la reducción en tamaño de los grandes grupos parlamentarios, todavía fue más sencillo conseguirlo. Así, salvo enfado del diputado con su grupo, podríamos decir que los 739 euros al mes como "portavoz adjunto de comisión" la mayoría de ellos tiene algún tipo de complemento (por ejemplo, se comentó mucho en su momento que los diputados críticos de Podemos, de Íñigo Errejón a Tania Sánchez, fueron apartados de sus cargos tras Vistalegre II y fueron de los pocos que se quedaron con su sueldo de diputado raso el resto de la legislatura).

La justificación sobre estos complementos parece clara: recompensar a los diputados que trabajan en las comisiones o la Mesa del Congreso por esta labor "extra". Pero quizás podríamos preguntarnos si tiene sentido hacerlo así. Para empezar, porque estos complementos no son acumulables: es decir, cobra lo mismo un diputado que sea portavoz en cinco comisiones que otro diputado que sólo lo sea en una. Una posible solución sería reducir el complemento (a ¿400-500? Euros) y permitir, hasta un límite que se acumulasen. Cuidado, esto también tendría sus contraindicaciones, con los diputados peleando con su grupo por acumular cargos y salarios.

Pero, además, hay otro factor interesante: como apuntamos con el caso de Errejón o Sánchez, estos complementos dependen de que el diputado sea miembro de la Comisión correspondiente, algo que decide el grupo parlamentario. Es decir, una parte importante de la retribución del diputado está en manos del partido. Bueno para evitar el transfuguismo, pensarán algunos; pésimo para el espíritu crítico y la disidencia, dirán otros.

Las ayudas

La tercera parte de la remuneración de los diputados, la que tiene que ver con las indemnizaciones y ayudas "por gastos indispensables para el ejercicio de su función" es la más cuestionable (y la más polémica). En este punto, la cantidad más importante es la de esos 1.921 euros al mes que se paga a aquellos que han sido elegidos por una circunscripción que no sea Madrid y los 917 para los madrileños.

Esto no es sueldo (y por eso no pagan IRPF). Se considera una dieta a tanto alzado. No es algo excepcional. Muchas empresas lo hacen. La justificación podría ser la siguiente: una empresa de Madrid manda destinado a su trabajador un mes a Barcelona; una opción es que el empleado guarde cada factura y cada ticket de los gastos en los que incurra y la empresa se los abone a la vuelta; esto es complicado, costoso y un engorro administrativo; así, se puede llegar a un pacto del tipo "Te pago 2.000 euros y tú te las apañas; si gastas menos, el resto te lo quedas, pero no me tienes que justificar cada gasto".

No muy diferente es la idea que hay detrás de esta indemnización (o la de la tarjeta taxi). ¿El problema? Es un tipo de gasto que no es tan fácil de explicar a la opinión pública. Si lo que se busca es, de verdad, cubrir los gastos de los diputados, nada más sencillo que pagarles el alojamiento hasta una determinada cantidad. La burocracia que se generaría no sería tan elevada (hablamos de 350 diputados y un gasto al mes, el alquiler, que además sería casi siempre el mismo) y supondría un ahorro para el Congreso. E incluso se podría complementar con cheques restaurante o un mecanismo similar para cubrir esos gastos.

¿Por qué no se hace así? Pues tanto en este caso como en el de los complementos, la sensación es que, fuera ésta la idea o no en sus inicios, ahora mismo es una manera de subir el sueldo a los diputados sin decirlo claramente. Aquí entramos en el resbaladizo terreno de la opinión pública y la demagogia que se hace con estos temas. ¿Estarían dispuestos los votantes a aceptar que el sueldo base de un diputado sea de 4.500 – 5.000 euros al mes? Quizás no. Y serían cifras al alcance de la retórica del primer populista que pasase por allí. Parece menos polémico hablar de un sueldo de 2.900… que luego, en la realidad, se convierte en 5.000 – 6.000 euros sin que nadie se entere.

El problema es que esta forma de hacer las cosas también tiene derivadas no tan positivas. En primer lugar, la sensación de opacidad que se transmite. Sí, es cierto que en la web del Congreso hay un listado con el "régimen económico de los diputados" que hemos explicado en este artículo. Pero no es menos cierto que no es fácil saber cuánto cobró cada diputado el pasado año. Parece un contrasentido, pero en la declaración de bienes y actividades que presenta cada diputado no aparece la cantidad cobrada del Congreso (por ejemplo, en ésta de José Luis Ábalos, lo escogemos porque es el primero por orden alfabético, se indica lo que cobró como ministro, pero no sus meses previos como diputado; y lo mismo ocurre con el resto de miembros de la Cámara).

Se puede saber a cuánto asciende, aproximadamente, esa retribución yendo al listado general y sumando conceptos: si uno sabe que tal diputado fue presidente de Comisión y fue elegido en Teruel, pues va sumando las cantidades correspondientes. ¿Transparencia? Pues no demasiada.

Pero hay otro aspecto importante por el que este tipo de indemnizaciones son tan polémicas. Las dietas a tanto alzado (y eso son las ayudas a la vivienda o la tarjeta del taxi) en teoría tienen una finalidad… pero en la práctica no dejan de ser un sobresueldo. De hecho, Hacienda cada día pone más trabas a esta operativa precisamente para evitar las trampas. Hay casos en los que puede estar justificado, como ese ejemplo que describíamos del trabajador desplazado un mes. Pero si se generalizan, es más complicado.

Hace unos años, Toni Cantó anunció que renunciaba a la cantidad que le tocaba porque ya tenía casa en Madrid. Y aquí surge la polémica de esta indemnización: ¿deberían hacer lo mismo el resto de los diputados con casa en la capital de España? Porque hay muchos. ¿O aquellos que se alojen en la vivienda de un familiar? ¿O los que comparten piso y pagan mucho menos de los casi 2.000 euros que les da el Congreso?

En resumen, ¿qué pasaría si un día se publica un listado de diputados con vivienda en Madrid que siguen cobrando esta ayuda? Pues es fácil imaginarlo: se montaría un pequeño escándalo, porque mucha gente interpretaría que se les paga una cantidad que no deberían cobrar. Es un terreno resbaladizo, porque en realidad una dieta de este tipo no hay que justificarla. Y lo mismo con la tarjeta taxi: ¿es para gastos del diputado? En teoría sí. ¿Llevar a su madre al médico en un taxi lo es? Terreno abierto a la interpretación.

En su momento, en Libre Mercado explicamos que en el juicio sobre las tarjetas black de Caja Madrid, hubo varios de los acusados que sacaron este tema en su defensa: su argumentación es que el sistema de las famosas tarjetas era muy parecido al de los gastos de vivienda del Congreso (con la diferencia de que uno deja un rastro de cada partida y el otro no, porque va directamente a la cuenta del diputado). Y no era una interpretación, ni mucho menos, descabellada. De nuevo, entramos de lleno en el terreno de la hipocresía: diputados que creen que su trabajo merece una compensación (ya sea por su dificultad, por los costes asociados o por la presión) pero temen decirle al electorado que van a cobrar 5.000 euros al mes… aunque al final, de una forma u otra, superen con creces esa cantidad. En el Reino Unido, en 2009-2010, se montó un pequeño gran escándalo con el tema de los gastos de los parlamentarios, que usaban unas reglas ambiguas (que permitían pasar gastos necesarios para el desarrollo de sus funciones) para cubrir gastos que eran claramente personales con cargo al erario público (lo que ocurrió es que, poco a poco, se fue ampliando ese concepto un tanto abierto de). Y por cierto, uno de los trucos más extendidos era cambiar la primera y segunda residencia para maximizar lo que podían cobrar por este concepto.

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