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Emilio Campmany

Trump, triunfador del G-7

Qué mal está Europa, cuando la propaganda prevalece sobre la verdad.

Emilio Campmany
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Qué mal está Europa, cuando la propaganda prevalece sobre la verdad.
EFE

Destaca la prensa el triunfo de Macron en la cumbre del G-7 por él organizada. Se supone que con su habilidad y mano izquierda el mandatario francés ha sabido aplacar a la fiera rubicunda venida del otro lado del Atlántico. Sólo las cualificadas habilidades diplomáticas de Macron podían conseguir que Trump reaccionara bien a la presencia por sorpresa en Biarritz del ministro de Exteriores iraní. Es exclusiva cualidad del francés saber cómo arrancar a Trump la disposición a reunirse con el presidente de Irán con el fin de aminorar tensiones. No sólo, sino que el competente enarca ha logrado sacar al intratable Trump el compromiso de negociar con China lo que haga falta para poner fin a la guerra comercial. No puede extrañar que la prensa califique al presidente galo de domador de fieras.

Nada de esto es verdad. Naturalmente, la prensa está poco dispuesta a calificar de irrelevante una reunión a la que han dedicado tantas páginas y minutos. Y, por supuesto, tampoco lo está a reconocer a Trump un éxito frente al sofisticado Macron, ducho en las viejas artes europeas de la seducción diplomática de agrestes líderes de naciones bárbaras. Y, sin embargo, la cumbre no ha servido para nada, y si alguien ha seducido a alguien ha sido Trump a Macron y no al revés. El galo no podía permitirse ante su pueblo que una cumbre organizada por Francia fuera un fracaso. De manera que tenía que lograr algo de Trump, cualquier cosa, aunque no fueran más que vagas promesas de reuniones vacías, o sea, humo, que es algo que por otra parte Trump vende muy bien. A cambio, el presidente norteamericano ha exigido la obligación concreta de que Francia, la única que la aplica en Europa, suspenda la tasa Google, que tanto perjudica a las grandes tecnológicas estadounidenses. Para vender mejor la burra, el presidente norteamericano ha retirado su amenaza de poner aranceles al vino francés. O sea, Macron ha comprado humo a Trump a cambio de contante y sonante.

El magnate se vuelve a Washington contento de haber librado a empresas muy importantes de su país de la vendetta corsa que es la tasa Google y a cambio no ha tenido que dar prácticamente nada, promesas sin contenido, algo que encima le ayudará a tranquilizar a los mercados, facilitándole así la reelección. No es un mal negocio. Y Macron haciendo el primo entre pulgares en alto y abrazos forzados. Pero el acuerdo permite al mandatario francés presentarse como un gran apaciguador, un hábil mediador destinado a ser el árbitro del mundo. La escenografía y el tinglado son tan burdos que no deberían engañar a nadie. Sin embargo, algunos medios colaboran en la difusión de la patraña por no reconocer el triunfo del populista sobre el enemigo de los populismos en Europa, que además tendrá que enfrentarse a la más peligrosa populista del continente, Marine Le Pen. Qué mal está Europa, cuando la propaganda prevalece sobre la verdad.

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