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Ninis a los 30: tres imágenes muy tristes sobre el mercado laboral y los jóvenes españoles

No existe una transición normal del sistema educativo al empleo. Y adquirimos una formación clave una década más tarde que holandeses o alemanes.

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No existe una transición normal del sistema educativo al empleo. Y adquirimos una formación clave una década más tarde que holandeses o alemanes.
Muchos jóvenes españoles llegan a los 30 sin haber encontrado su primer empleo estable. | Pixabay/CC/voltamax

Muchas veces se dice que el mercado laboral español es una trampa para jóvenes. Y es cierto. Aunque para caer en una trampa, primero hay que entrar en el lugar en el que esté. Algo que no está claro que logren un buen porcentaje de los veinteañeros españoles. Más que una trampa, para muchos de ellos el mercado laboral es una puerta cerrada o un muro tras el que se supone que se oculta el paraíso del contrato fijo, pero que son incapaces de saltar.

En esto podemos señalar muchos culpables. Y sí, seguro que hay jóvenes más y menos dispuestos; los hay más preparados y otros que desaprovecharon todas sus oportunidades de formación; nos encontraremos a algunos que son muy trabajadores y con iniciativa. Pero la comparación con otros países es dramática. Uno puede pensar que los veinteañeros españoles son unos vagos mientras que los holandeses o los suecos tienen en sus genes el espíritu emprendedor... pero viendo las cifras parece bastante más probable que nos encontremos ante un problema normativo.

Los países con los mercados laborales más rígidos (Grecia, Italia, Francia, España) presentan todos los mismos problemas: ultra-protección para determinados trabajadores que se convierte en barrera para jóvenes, dualidad y elevado porcentaje de empleo temporal, formación alejada de lo que requieren las empresas (tanto en el sistema educativo como en los cursos y programas que siguen los trabajadores en activo y los parados), baja productividad que se arrastra a lo largo de toda la carrera laboral, bajos salarios acordes a esa baja productividad… Curiosamente, los partidos españoles proponen en sus programas contrarreformas laborales que nos acercarían más al pelotón de cola (Francia, Grecia, Italia) que a los modelos, muy flexibles y dinámicos, que predominan en el norte de Europa.

Hace unos días, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el club de los países ricos, publicaba su tradicional informe Education at a glance 2019. La mayoría de sus tablas y gráficos están dedicados a la educación, pero hay un capítulo para la transición de las aulas al mercado laboral. En este apartado se analiza cómo comienzan sus carreras profesionales los jóvenes de los países ricos. Y la imagen que transmite España es dramática. El caso más llamativo es el de los ninis: jóvenes que ni estudian ni trabajan (y en ocasiones, ni lo intentan). Aunque el problema va más allá. Los siguientes tres gráficos son muy interesantes, aunque terribles en lo que respecta a nuestro país. Muestran la realidad del problema de forma algo diferente a la habitual, porque van más allá de reflejar el número total de ninis o la tasa de paro. Y sí, casi todo lo que insinúan sus datos es muy preocupante.

Las cifras

Antes de ir a los tres gráficos con la comparación entre países, un resumen de la situación de los jóvenes en España. En nuestro país (y en cualquier otro), un chico de 18-20 años tiene ante sí dos grandes opciones: seguir estudiando o incorporarse al mercado laboral. Y en cada caso, dos posibilidades más: compaginar estudios y un empleo o sólo estudiar; encontrar un trabajo o no.

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Como vemos, el 59% de los jóvenes españoles de 18 a 24 años sigue estudiando. Éste no es un dato ni bueno ni malo en sí mismo. Hay países muy ricos, como Suecia, EEUU o Reino Unido, en los que esta cifra es bastante más baja, aunque en casi todos los países de la OCDE hablamos de entre un 50% y un 65% de jóvenes de esa edad que continúan en las aulas. En este punto nos mantenemos más o menos en la media de los países ricos. Eso sí, dentro de ese 59%, apenas un 8% compatibiliza estudios y un empleo: como veremos con el siguiente gráfico, ahí sí hay una enorme diferencia respecto a otros países.

Del resto (el 41% que ya no estudia), un 21% tiene un empleo y un 20% no. Estos últimos son los que denominamos ninis. Y sí, tanto esta cifra como la evolución de los mismos suponen una anomalía de nuestro mercado laboral.

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Este gráfico es muy significativo. Muestra los países en función del empleo de sus jóvenes (en este caso, tomamos el grupo de 18 a 24 años, pero saldría una foto muy parecida si ampliamos los grupos de edad). Como vemos, España es el tercer país en el que menos jóvenes tienen un empleo: sólo el 8% trabaja y estudia y un 20% adicional tiene un trabajo tras haber finalizado sus estudios. Mientras, en Holanda, Suiza o Islandia, entre el 70 y el 80% de sus jóvenes ya está trabajando a esa edad. Cuidado, esto no quiere decir, ni mucho menos, que abandonen sus estudios. De hecho, en estos países es muy común que desde una edad muy temprana se compaginen las dos actividades (empleo y estudios). Incluso en varios países del norte de Europa, como Dinamarca, Finlandia o Islandia, hasta un 25% de los jóvenes de 25 a 29 años sigue en la universidad. La clave es que eso no les aparta o aísla del mercado laboral.

Por todo esto es por lo que en Libre Mercado apuntamos desde hace años que éste es un gráfico que lo explica casi todo: salarios bajos, productividad, nivel de la formación, rigideces del mercado laboral... Y diez años después de la crisis apenas ha cambiado. Los españoles llegamos a los 30 años con 5-6 años menos de experiencia en el mercado laboral que los jóvenes de los países más ricos de Europa.

Entrar cuanto antes al mercado laboral tiene muchas ventajas. Sobre todo el aprendizaje. Y no sólo el técnico. Imaginemos a un chaval de 20 años que, mientras estudia, entra en una compañía de su sector con un contrato en prácticas realmente destinado a este fin. Por un lado le enseñarán a manejar las máquinas o programas informáticos de la empresa en la que recale. Esto es importante, pero quizás lo sea más el aprendizaje informal, esos conocimientos que sólo la experiencia te puede dar: desde cómo manejarse en una estructura corporativa, a quiénes son los clientes-proveedores de un sector, la importancia de hábitos como el horario o el cumplimiento de tareas, conocer cómo es la relación con compañeros y jefes… Todo eso es clave en el éxito de una futura carrera laboral y los jóvenes españoles lo aprenden en muchas ocasiones con 25-27-30 años, cuando sus pares holandeses o alemanes llevan trabajando desde los 18-20. Por ahí sí hay una enorme diferencia que explica también muchas otras cosas. Y es una diferencia que se arrastrará a lo largo de toda la vida laboral y que les complicará las cosas para competir en un mercado que cada vez es más global.

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Porque, además, no es sólo un problema de que alarguemos los estudios o nos incorporemos más tarde al mercado laboral. Es que luego, una vez que dan ese paso, a los jóvenes españoles les cuesta mucho más encontrar la puerta de entrada. A este respecto, éste segundo gráfico es muy revelador.

En esta imagen se muestra el porcentaje de jóvenes de cada grupo de edad que está en paro y buscando un empleo. Todos los que aparecen son ninis, pero no son todos los ninis (porque entonces habría que incluir a los inactivos, que no tienen un empleo y tampoco lo buscan). Podríamos decir que son aquellos que quieren dejar de ser ninis y están intentando conseguir un trabajo.

Como vemos, en el grupo de 15 a 19 años las cifras son muy bajas en todos los países. Esto es más o menos lógico, porque a esa edad los jóvenes que no quieren trabajar suelen tener la opción de seguir estudiando (con más o menos éxito o algo más o menos útil, pero ésa es otra historia).

En todos los países, a partir de los 20 años, crece el porcentaje de jóvenes que se encuentra en esta situación. Esto es lógico y es casi inevitable. Hablamos de miles de jóvenes que dejan la escuela y se incorporan al mercado laboral. Es normal que, mientras se produce el ajuste y van encontrando su hueco, muchos de ellos estén en paro. Eso es lo que indican los puntos naranjas: qué porcentaje de jóvenes de 20 a 24 años está parado.

Pero hay dos cuestiones que llaman la atención en el caso español. En primer lugar, es que en todos los grupos de edad, estamos entre los dos países con más parados (junto a Grecia). Pero hay algo más: es ese cuadrado azul que está bastante por encima del punto naranja. ¿Qué quiere decir esto? Pues que el porcentaje de jóvenes de 25-29 años que está en paro es superior al de jóvenes de 20-24. Esto tampoco es tan normal. Lo que quiere decir es que ese ajuste del que hablábamos, y que es habitual en todos los mercados laborales y en la transición sistema educativo-empleo, en España se alarga hasta la entrada en la treintena. No sólo es que nos cueste integrar a los jóvenes en una carrera profesional convencional; es que cuando lo logramos ya casi ni siquiera podemos considerarlos jóvenes.

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Todo esto se traduce en este último gráfico. Aquí tenemos otro grupo de edad, los casi treintañeros (de 25 a 29 años). Y estos sí son ninis: porcentaje de jóvenes que ni estudian ni trabajan en función del nivel de formación alcanzado.

Eso sí, hay que hacer dos apuntes. En primer lugar, para muchos países el gráfico puede ser engañoso en el sentido de que los cuadrados azules parecen disparados: son los jóvenes que no alcanzaron un nivel de secundaria y ahora son ninis. Decimos que puede ser engañoso porque un país puede tener un número muy pequeño de jóvenes sin esa formación; pero, al mismo tiempo que dentro de ese grupo reducido haya una gran proporción de ninis. Esto no sería muy grave en términos generales (es lo que ocurre en países como Suiza, Canadá, Finlandia, Irlanda…).

Pues bien, a España no le sucede eso. De hecho, más bien al contrario. Nuestro problema es doble: por un lado, tenemos muchos chicos que no alcanzan ni siquiera un título de educación secundaria o sólo tienen la educación secundaria obligatoria (un nivel que se considera insuficiente para acceder con garantías al mercado laboral). Podríamos decir que nuestro cuadrado azul es mucho más grande que los de otros países. Por eso, que esté algo por debajo de algunos de ellos es en cierto sentido engañoso.

Porque, además, como vemos en el gráfico, es sólo el cuadrado azul el que está por debajo. En las otras dos categorías, España está en el top 3, junto a Grecia e Italia. Hablamos de jóvenes cercanos a la treintena (grupo de 25 a 29 años) que sí consiguieron un título (bien de educación secundaria superior o universitario) pero a los que esta formación no les ha permitido conseguir un empleo. Pocas imágenes más gráficas para describir un mercado laboral disfuncional.

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