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EDITORIAL

El capitalismo 'salvará' al planeta; Greta, no

Lo que no le han dictado a Greta sus mentores es que es precisamente el progreso capitalista lo que está resultando más adecuado para la protección del medioambiente.

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Las lágrimas de Greta Thunberg volvieron a emocionar a medio mundo. El otro medio escuchó con incredulidad el rapapolvo de una chica que ya ejerce como la marioneta oficial del lobby ecologista. Greta responsabiliza a los países desarrollados de todas las supuestas calamidades que estaría padeciendo el planeta. Y también al "dinero" (sic).

"Estamos al inicio de una extinción masiva, y de lo único que podéis hablar es de dinero y de cuentos de hadas sobre un crecimiento económico eterno", lamentaba enfurecida la adolescente sueca en una sonada intervención en la Cumbre del Clima de la ONU. "¡Cómo os atrevéis!", espetaba llorosa, mirando a la cámara. Que la perturbada activista disparase sus balas contra el desarrollo y el capital no es de extrañar, porque el ecologismo y el anticapitalismo han sido dos movimientos que han caminado estrechamente unidos desde los albores del socialismo.

Pero lo que no le han dictado a Greta sus mentores es que es precisamente el progreso capitalista lo que está resultando más adecuado para la protección del medioambiente. Cuando Thunberg suplica por reducir drásticamente las emisiones de CO2 para que no se extinga la Humanidad –su alarmismo no conoce límites–, no sabe que la UE emite un 30% menos de CO2 que hace medio siglo. Tampoco le deben de haber contado que los países con mayor libertad económica, como Nueva Zelanda o Suiza, son los que tienen las mejores calidades ambientales del mundo, y que los peores desastres ecológicos han tenido por escenario lugares sometidos férreamente al socialismo, como la felizmente extinta URSS y sus lacayos del Pacto de Varsovia. En los primeros, las empresas generan unos beneficios suficientes para poder dedicar parte de su rentabilidad a políticas de responsabilidad medioambiental. Es la riqueza lo que permite a los habitantes del Primer Mundo vivir en comunidades con hasta cinco contenedores distintos de basura. En los países devastados por el socialismo, no. Además, ¿sabrá la adolescente abonada al absentismo escolar que en la mayoría de los países europeos se ha duplicado la superficie cubierta por bosques desde comienzos del siglo XX? Es poco probable que haya llegado a sus oídos.

Mientras el discurso de Greta da la vuelta al mundo, los países que se dan por aludidos ante sus infantiles acusaciones empiezan a preparar la billetera. En la misma Cumbre del Clima, Pedro Sánchez no dudó en anunciar que España aportará 150 millones de euros al Fondo Verde del Clima, justificando tan descomunal desembolso con un argumento tan apocalípticamente infantiloide como los que cacarea la Thunberg: "Porque estamos ante una emergencia climática sin precedentes". De hecho, Sánchez y Thunberg tienen más objetivos en común de lo que algunos pudieran imaginar. Así, ambos quieren descarbonizar cuanto antes la economía, y Sánchez ya se ha puesto manos a la obra: su insensato afán por poner fecha límite a la circulación de vehículos de gasolina y diésel ha empezado a pasar factura al crucial sector de la automoción, que ya ha entrado en recesión, y las demás medidas climáticas que tiene en mente causarán también estragos. Preparen sus carteras.

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