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EDITORIAL

La 'robusta' zapaterización de Pedro Sánchez

Zapatero II debe sufrir un rotundo rechazo en las urnas.

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Pedro Sánchez ya menciona la palabra "crisis". Lo ha hecho esta semana, después de más de un año haciendo oídos sordos a las previsiones de los analistas, y tras pasarse meses quitando importancia a todos los indicadores económicos que le avisaban de la desaceleración. Para el líder socialista, el crecimiento de nuestra economía era "robusto", adjetivo que repetían hasta la saciedad las ministras Calviño (Economía) y Montero (Hacienda).

Pero de la euforia ha pasado a la aprensión y el encubrimiento. Eufemismos como "enfriamiento" han sido hasta hace bien poco sus favoritos para referirse al estado de la economía nacional, que ya languidece con un muy preocupante principio de pulmonía. En pleno verano, Sánchez, que tan seguro quería mostrarse sobre la hercúlea salud de las finanzas del Estado, llegaba incluso a pretender aumentar la previsión del crecimiento del PIB para 2019 al 2,3%. "Y como mínimo", le apuntaba una festiva María Jesús Montero. La farsa era tal que ni el Banco de España, ni el Instituto Nacional de Estadística (INE), ni la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), ni el Consejo General de Economistas ni la larga lista de expertos que examinan día a día las cuentas españolas se tragaron la machada del socialista.

También se le atragantó la patraña a Nadia Calviño. El mes pasado, la que se erigía como el ministro más preparado del Gobierno daba un brusco giro de timón advirtiendo de que nos esperaba un otoño "muy incierto y complicado". Lejos de entonar el mea culpa, la gallega tuvo el cuajo de echar balones fuera culpando al Brexit y a la inestabilidad comercial de los males que se nos vienen encima. Idéntica estrategia ha seguido un Sánchez que ha declarado: "Yo diría que hay riesgo de crisis económica en el mundo, en Europa y, en consecuencia, en España". Pobre Sánchez, víctima de circunstancias sobre las que no tiene el menor control.

Este modus operandi no es privativo del inconcebible doctor en Economía que pretende seguir al frente del Gobierno. Ante los tambores de crisis que resuenan por todas partes, Sánchez está dando los mismos pasos que su gran referente, José Luis Rodríguez Zapatero; su actitud está signada por la ocultación, la negación, el disimulo y, cuando no queda más remedio, la confesión victimista. Zapatero no pronunció la palabra "crisis" hasta julio de 2008; y lo hizo a regañadientes, en el curso de una entrevista: "En esta crisis, como ustedes quieren que diga, hay gente que no va a pasar ninguna dificultad", aseguraba el socialista en plena sangría del paro, con la deuda pública en máximos y el gasto público desbocado. ¿Se acuerdan de cuando Solbes tachó de "catastrofista" a Pizarro en aquel célebre debate televisivo? Hace menos de un mes, Calviño asestaba el mismo calificativo a todos los que ponían en duda sus cuentas, y hasta este viernes lo ha vuelto a repetir.

La desconfianza ha empezado a cundir, sin duda reforzada por el irresponsable e incompetente Gabinete Sánchez. Ahí están la paralización del crecimiento, de la inversión y del número de afiliados a la Seguridad Social. Buena parte de la ciudadanía se ha dado cuenta de que Pedro Sánchez es tan indigno de confianza como Zapatero y está intentado poner a salvo sus finanzas, lo que explica que el consumo privado se haya frenado y el ahorro privado se haya disparado hasta alcanzar su mayor nivel en 10 años.

Los españoles, en efecto, han empezado a prevenir. Pero la cura pasa indefectiblemente por un rotundo rechazo de Zapatero II en las urnas el próximo 10 de noviembre.

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