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José T. Raga

Farsa elevada a dogma

¿Puede aceptarse que un grupo de farsantes monten el dogma del clima, engañen a toda la nación, la sojuzguen con sus proclamas amenazantes, y todo eso se olvide ante unas elecciones?

José T. Raga
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Tenía que acabar así. Mi natural moderación me ha impedido hasta ahora utilizar términos que podían ser de menosprecio o descalificación hacia quienes tienen encargado, por mor de las circunstancias, el gobierno de la nación. Pero hoy he roto el tiesto de la tolerancia porque, aun siendo españoles, existen límites que no pueden superarse.

Encontrar gobernantes que tengan principios firmes en su acción de gobierno es como buscar una aguja en un pajar. Y no piensen que me refiero a dogmas religiosos, sino a aquellos que la Real Academia Española considera como "fundamento o puntos capitales de todo sistema, ciencia, doctrina...". Es decir, aquellos que no podrían contravenirse sino con detrimento grave del sentido humano, de la responsabilidad pública y privada del infractor. Por eso nos alarma la frecuencia del groucho-marxismo en nuestros políticos nacionales. Estos son mis principios. Si no le gustan… tengo otros.

Ello conduciría a la contradicción interna entre dogma y acción política. ¿No es triste? ¿Por qué deberíamos confiar en alguien que no se respeta a sí mismo? El problema está en que el hábito a carecer de referentes ha hecho que estas prácticas no sean la excepción sino la regla.

Hoy quisiera referirme a una farsa, "acción realizada para fingir o aparentar" (RAE), que, por su continuidad de uso, deriva en insulto a toda la nación española, es decir, a todos cuantos moramos en esta bendita tierra.

Todos recordarán, al menos él querrá que le recuerden así, que el presidente Sánchez se nos presentó como el gobernante comprometido de hoz y coz con la salvaguarda del medio ambiente saludable y sostenible.

En su último Gobierno creó un ministerio y nombró una ministra –Teresa Ribera– de Transición Ecológica. Ministerio y ministra para una transición... ya merece comentario; tanto, que la mayoría de los españoles no creo que la conozcan.

Él y la ministra acuden y se fotografían –que es lo importante– a reuniones en cualquier lugar y, muy prioritariamente en las Naciones Unidas, donde quizá el número de farsantes sea muy superior al de sus lugares alternativos. Allí, al cierre de la Cumbre del Clima –24 de septiembre–, España y otros 66 países se comprometieron firmemente en la lucha contra el cambio climático. No lo aceptaron tres presentes: Estados Unidos, China e India.

Sin salir de Nueva York, la señora ministra decía a un alto representante de una compañía eléctrica en España que, desde luego, es partidaria de eliminar –por contaminantes– las centrales de carbón, pero que debía posponer el anuncio y el cierre de las mismas hasta después de las elecciones. Algo que ya había ocurrido cuando era presidente del Gobierno el paladín del clima, Sr. Rodríguez Zapatero.

¿Puede aceptarse que un grupo de farsantes monten el dogma del clima, engañen a toda la nación, la sojuzguen con sus proclamas amenazantes, y todo eso se olvide ante unas elecciones?

¡Estoy harto de farsa y de clima! ¡Que sea lo que Dios quiera!

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