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Hablemos de futuro

La movilidad urbana, el gran reto de las ciudades del futuro

Mejorar la movilidad urbana es el reto más acuciante de las grandes ciudades. Muchas ya están encontrando soluciones.

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Mejorar la movilidad urbana es el reto más acuciante de las grandes ciudades. Muchas ya están encontrando soluciones.
La movilidad es el gran reto de las grandes ciudades | Maixent Viau

El continuo crecimiento de las grandes ciudades y la preocupación cada vez mayor por nuestro entorno hace que mejorar la movilidad urbana se esté convirtiendo en un objetivo prioritario en cada vez más urbes, que quieren crecer de forma sostenible.

Desde distintas instituciones, se está intentando concienciar de la necesidad de reducir la contaminación de nuestras ciudades: la Comisión Europea no cesa en la imposición de nuevos límites de obligado cumplimiento para todos, lo que ha obligado a muchos alcaldes a prestar atención a este asunto y tomar medidas. Según advirtió Bruselas en un informe, la contaminación del aire no sólo provoca problemas de salud sino que tiene un "alto impacto económico, acortando la vida, incrementando los costes médicos y reduciendo la productividad". Recuerda, además, que la polución también afecta a los ecosistemas y la calidad del agua. Pero, no sólo el medio ambiente es el que está revolucionando la movilidad: los ciudadanos demandan nuevas soluciones para unas carreteras cada vez más colapsadas, algo que causa también graves perjuicios económicos.

En este contexto, muchas grandes ciudades están buscando sus propias soluciones. La inmensa Nueva York está fomentando la bici con nuevos carriles mientras que Ámsterdam sigue siendo referencia en movilidad gracias a este medio de transporte. Otras están poniendo límite al acceso al centro: Madrid acaba de modificar Madrid Central, mientras que Londres impuso una tasa para circular por una amplia zona del centro de la ciudad desde hace décadas.

Pero, quizás, la mayor revolución esté por llegar: el 5G y las múltiples posibilidades que abre para la conectividad entre todo tipo de dispositivos abrirá la puerta a la comunicación entre vehículos e incluso, en unos años, al coche autónomo. Mientras, los nuevos dispositivos eléctricos están ganando terreno, desde bicicletas a patinetes, y continúa creciendo la flota de vehículos eléctricos de alquiler, perfectos para sortear las restricciones de acceso al centro de las grandes urbes que, previsiblemente, se seguirán incrementando en los próximos años. También aplicaciones como Uber y Cabify están cambiando la movilidad de unos ciudadanos cada vez menos interesados en tener vehículo propio por motivos económicos y ambientales.

El transporte público también está cambiando: las líneas de autobuses incorporan cada vez más vehículos eléctricos a su flota y mejoran su accesibilidad, mientras muchas ciudades invierten para modernizar y hacer más rápida y eficiente su red de metro, desde el convencimiento de que, a pesar de las nuevas formas de movilidad, el transporte público sigue siendo esencial para las grandes urbes. En el intento de hacerlo aún más accesible se enmarcan iniciativas como la del Consorcio Regional de Transportes de la Comunidad de Madrid para facilitar el pago de los viajes de forma electrónica, una gestión de la que se encargará Banco Santander a través de Santander España Merchant Services. El acuerdo entre ambos permitirá al consorcio dotarse de una pasarela de pago mediante la cual los usuarios podrán recargar todas las tarjetas de transporte público mediante medios digitales. También podrán pagar con tarjeta en las oficinas de atención al usuario.

Los ciudadanos podrán "prescindir del efectivo y gestionar el pago de sus desplazamientos utilizando las nuevas tecnologías", subraya Rubén Justel, director general de Santander España Merchant Services. Esta nueva tecnología se suma a otras que están ayudando a viajeros y turistas a simplificar el viaje y a prescindir del dinero en efectivo, como el pago con tarjeta en la EMT o las bicis de BiciMad.

En pocos meses las facilidades para viajar en autobús en Madrid, y en otras ciudades, podrían ir más allá: Mastercard ha puesto en marcha un proyecto piloto para pagar no con tarjeta, sino a través del reconocimiento facial. La iniciativa, pionera en toda Europa, consiste en el pago mediante identificación biométrica y en él colaboran EMT, Banco Santander y la startup Saffe.

En los primeros meses, un grupo de usuarios probará la experiencia en una línea de autobús. Para ello, deberán descargarse una aplicación de la EMT en la que incluirán sus datos de pago y se fotografiarán su cara. Dentro del autobús, una cámara de reconocimiento permitirá validar el pago. Si el proyecto tiene éxito y se comprueba su seguridad y fiabilidad podría ampliarse a más líneas, haciendo más sencillo que nunca el acceso de los usuarios al transporte público.

Estas no son las únicas propuestas en las que está involucrado Banco Santander para mejorar la movilidad urbana. Dentro de sus objetivos para conseguir una mayor eficiencia energética, el banco está promoviendo entre sus empleados el carsharing eléctrico, a través de Bansacar, la compañía de renting de automóviles del banco. Los coches no contaminantes permitirán a los empleados ahorrarse los costes asociados a un vehículo propio, como seguro o mantenimiento y podrán acceder a ellos mediante su tarjeta corporativa. En otras ciudades, como Londres, Banco Santander patrocinó el sistema eléctrico de alquiler de bicicletas como prueba de su implicación en la movilidad sostenible y la búsqueda de eficiencia energética.

Además, recientemente, Santander Consumer Finance ha firmado un acuerdo con el BEI que permitirá facilitar 1.000 millones de euros para que las pymes y midcaps españolas puedan renovar sus flotas de transporte con vehículos más eficientes y respetuosos con el medio ambiente, incluyendo su adquisición a través de leasing.

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