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José María Rotellar

Sánchez quiere negociar con Bruselas la ruina de generaciones venideras

Más déficit implica un mayor endeudamiento cada año, deuda que hemos de pagar entre todos los españoles y que se desliza, inmoralmente, a las generaciones futuras.

José María Rotellar
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Más déficit implica un mayor endeudamiento cada año, deuda que hemos de pagar entre todos los españoles y que se desliza, inmoralmente, a las generaciones futuras.
Pedro Sánchez | EFE

Pedro Sánchez ha anunciado que va a renegociar con la Comisión Europea la senda de déficit para los próximos ejercicios debido a que la coyuntura económica ha cambiado de unos meses a esta parte. Dicha renegociación de los objetivos de estabilidad no pretende otra cosa que flexibilizar los objetivos de cumplimiento de déficit, es decir, que le permitan a España cerrar sus ejercicios próximos con un desequilibrio mayor negativo entre los ingresos y los gastos.

Eso constituye un tremendo error, nocivo para la economía española y una señal muy mala para los mercados, al dar la sensación de que España no puede reducir su desequilibrio presupuestario o, lo que es peor, el Gobierno no quiere, ya que no hace nada para reducirlo. Es más, si puede, anuncia medidas que lo incrementarán.

Y es un error porque más déficit implica un mayor endeudamiento cada año, deuda que hemos de pagar entre todos los españoles y que se desliza, inmoralmente, a las generaciones futuras, a las que se deja atadas de pies y manos para que asuman los quebrantos de generaciones anteriores, que por no gestionar convenientemente les legaron una losa de endeudamiento de unas dimensiones preocupantes.

Esa obsesión y querencia por el déficit es una práctica habitual e histórica de la izquierda, y no lo iba a ser menos de este Gobierno en el que moran varios comunistas, por mucho que la estética sanchista quiera disfrazar el equipo económico con algunos nombres ortodoxos, pero que, a la hora de la verdad, o no podrán hacer nada frente a los radicales o se plegarán sin más a dichas ideas.

Así, desde que llegó Sánchez ha variado los objetivos de déficit para todos y cada uno de los años del escenario presupuestario. Por comenzar por el año que acaba de concluir, Sánchez subió siete décimas el objetivo de déficit, del 1,3% del PIB al 2% del PIB presentado a Bruselas, lo cual ya daba muestras de su afán por el gasto, pues lo hizo nada más llegar al poder. Pero es más, la Comisión Europea estima que Sánchez incumplirá incluso ese déficit agrandado, pues estima el desequilibrio para España en 2019 en el 2,3% del PIB.

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No contento con esa primera modificación, el Gobierno, en el marco presupuestario 2020 también elevó la previsión de déficit para 2020 y 2021. De esa manera, si el objetivo acordado por el Gobierno del PP fue del 0,5% del PIB como déficit para 2020, Sánchez lo elevó al 1,1% y ahora, pretende negociar con Bruselas un incremento del objetivo de déficit, que seguramente planteará en el 1,7%, pues tal cifra es la que incluyó para 2020 en el marco presupuestario enviado a Bruselas.

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Bruselas desconfía

Del mismo modo, dentro de la senda de estabilidad, el Gobierno de Rajoy preveía cerrar 2021 con un ligero superávit, que permitiese ir amortizando deuda (un 0,1% de superávit), pero Sánchez lo relajó al 0,4% de déficit nada más llegar al Ejecutivo. En este caso, en el marco presupuestario 2020 enviado en octubre no recoge datos para dicho ejercicio, pero a la vista de la flexibilización que incorpora para 2020 es difícil que vaya a querer mantener el 0,4% de déficit sobre el PIB.

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Es más, Bruselas ha deslizado que no le parecen robustas ni las estimaciones de ingresos ni de gastos, puesto que cree que no podrá incrementarse la recaudación tanto como el Gobierno estima, y que el gasto será muy superior al comunicado por el Gobierno como previsión. Por eso, eleva el dato de déficit de 2019 al 2,3% y el de 2020 al 2%. Eso supone un incremento creciente de deuda, ni más ni menos que de 8.415 millones en 2019, de 14.426 millones en 2020 y de 6.011 millones en 2021.

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Y eso en el mejor de los casos, porque si se desvía tanto como prevé la Comisión Europea, la deuda se incrementará entonces en otros 3.607 millones tanto en 2019 como en 2020.

La ruina de generaciones venideras

Por ello, la política de Sánchez de incremento permanente de déficit habrá aumentado la deuda española de manera agregada entre 2019 y 2021 en 28.852 millones de euros más si se cumplen las previsiones del Gobierno, que ascenderá hasta 36.065 millones si son las previsiones de la Comisión Europea las que se confirman.

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Esto supondría añadir entre 2,4 y 3 puntos más de deuda sobre el PIB a la ya abultada cifra de endeudamiento español, que haría imposible que siguiese descendiendo el cociente de deuda sobre el PIB, de manera que empeoraría la capacidad crediticia de España.

Querer seguir gastando más es negativo para la economía española, pero, además, querer hacerlo a costa de incrementar el déficit y la deuda es irresponsable, porque coloca el endeudamiento español en un nivel de tensión que puede resultar tremendamente peligroso. La solución no es incrementar el déficit y la deuda, sino que eso es un gran problema para la sostenibilidad de la economía. Tanto que se repite constantemente que tenemos que legar un planeta sostenible a las generaciones futuras y parece que a nadie le importa que se deje como herencia económica una auténtica ruina a dichas generaciones venideras. El camino no es otro que reducir el déficit, alcanzar el superávit e ir amortizando la deuda para liberar de esa pesada losa que es el endeudamiento a la economía española y a las generaciones futuras.

Tertuliano de En Casa de Herrero.

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