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EDITORIAL

Contra el virus del endeudamiento

Vamos a un Estado y a un endeudamiento público aún más sobredimensionados sin que haya un solo partido que plantee una salida liberal a la crisis.

EDITORIAL
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Aunque la mayoría de medios de comunicación no han denunciado tanto como deberían la imprevisión y la posterior falta de reacción del Gobierno ante la pandemia de covid-19, aún menos atención y crítica están dirigiendo a las desastrosas medidas económicas con las que el socialista Pedro Sánchez y el comunista Pablo Iglesias tratan, presumiblemente, de poner fin a la pandemia y de abordar la recuperación del tejido productivo una vez haya concluido la debacle sanitaria.

Resulta alarmante la escasa crítica que están recibiendo las medidas de control de precios, cuando no de expropiación, que está planeando el Ejecutivo social-comunista para garantizar las existencias de guantes, geles y mascarillas. Es la competencia, no la ciega y coactiva intervención del Estado, lo que debe fijar los precios de esos bienes escasos, si no se quiere aniquilar los incentivos para su producción. Si sus precios son artificial y coactivamente bajos, el Gobierno desalentará su producción cuando más necesarios son. Si esta forma de ignorar la realidad se extendiese a todo el proceso productivo, se condenaría a la sociedad, tal y como denuncia Daniel Lacalle, al desabastecimiento y al hambre.

Igual de alarmante es la vía del estatismo y del endeudamiento masivo por la que la práctica totalidad de la clase política pretende que transite la economía después del empobrecedor y draconiano confinamiento del tejido productivo, consecuencia a su vez de la falta de previsión del Ejecutivo a la hora de abordar una pandemia que ya había causado estragos en otros países. El hecho de que no haya un solo partido con representación parlamentaria que se atreva a plantear un drástico programa de austeridad pública que compense el mayor gasto sanitario y permita una reducción de la brutal carga fiscal que va a tener que soportar el mermado sector privado que sobreviva al confinamiento revela hasta qué punto las elites político-mediáticas se han hecho fuertes en el consenso socialdemócrata.

A este respecto, conviene advertir que las Administraciones Públicas, cuyos trabajadores no soportan reducciones de salario ni corren el riesgo de perder el empleo, ya consumían antes de las crisis del covid-19 más del 40% del PIB. Para colmo, seguirá vigente un salario mínimo sobredimensionado que ya estaba provocando desempleo antes de la crisis y que constituirá una barrea de entrada al mundo laboral especialmente insoportable en plena hetacombe económica. No hace falta más que echar un vistazo a la receta kirchnerista y bolivariana del supuestamente moderado Josep Borrell para darse cuenta de la catastrófe que se dibuja en el panorama, sin que ningún partido plantee una alternativa liberal a la salida de la crisis. De hecho, lo que va a impedir una rápida recuperación en forma de V, y a condenarnos a un largo y deprimente estancamiento en forma de L, no es tanto el covid-19 como esa keynesiana e irresponsable forma de abordar el problema que consiste en apostarlo todo al gasto y al endeudamiento público masivos.

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