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La necesaria desescalada en verde

La recuperación tras la crisis y las medidas a desarrollar para la reactivación económica no deben renunciar a perseguir un mundo sostenible.

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La recuperación tras la crisis y las medidas a desarrollar para la reactivación económica no deben renunciar a perseguir un mundo sostenible.
Parque eólico de Iberdrola | Iberdrola

Uniendo energías se consigue llegar más lejos, abordar proyectos más ambiciosos y construir un futuro más sostenible y competitivo. Por eso, la recuperación tras la crisis sanitaria y la estrategia y medidas a desarrollar para la reactivación económica no deberían renunciar a seguir avanzando en un mundo más sostenible. O lo que es lo mismo, que la salida de esta crisis sea verde.

La expansión de la covid-19 ha alcanzado una dimensión global que sigue requiriendo actuaciones y recursos para paliar sus efectos en la salud de las personas. En paralelo, y para cuando todo esto pase, son muchas las voces que reclaman trabajar ya en el mundo post coronavirus y en activar mecanismos y decisiones para avanzar hacia una recuperación construida en torno a principios verdes. Un ejemplo lo encontramos en Iberdrola y en su intención de llevar a cabo inversiones sin precedentes, de hasta 10.000 millones este año, para reactivar la economía y el empleo en base a proyectos renovables y redes inteligentes.

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Operario de Iberdrola en una subestación eléctrica

La compañía está convencida de que la electrificación de muchos sectores estratégicos actuará de palanca de cambio y que, en este contexto, España tendrá la oportunidad de aprovechar sus fortalezas. Por eso, y para cuando esto pase, se prepara para acelerar sus inversiones y contribuir a reactivar la actividad económica y el empleo.

Iberdrola contempla realizar inversiones sin precedentes que, este año, ascenderán a una cifra récord de 10.000 millones de euros. Un volumen de recursos que movilizará proyectos, la actividad industrial de la cadena de valor y la innovación en ámbitos como la energía renovable, el despliegue de redes inteligentes y los sistemas de almacenamiento a gran escala.

El esfuerzo inversor de la compañía —que se ha materializado en el primer trimestre en pedidos por valor de casi 4.000 millones a 10.000 proveedores y que incluye compras de equipos, materiales, obras y servicios— le permitirá poner en funcionamiento al menos la mitad de los 9.000 MW que construye en todo el mundo.

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En España, Iberdrola va a seguir apostando por liderar la descarbonización de la economía, con un plan en energías renovables que le llevará a instalar 3.000 MW eólicos y fotovoltaicos a 2022. Hasta 2030, las previsiones de la compañía apuntan a la instalación de 10.000 nuevos MW. Estas actuaciones permitirán la creación de empleo para 20.000 personas.

Iberdrola es el primer promotor de energía renovable en España, con una capacidad renovable total instalada que supera los 16.500 MW. En el mundo, esta se eleva a más de 32.300 MW que convierte a su parque de generación en uno de los más limpios del sector energético.

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Innovación, tejido industrial y empleo

Detrás de cada proyecto renovable hay una realidad socio-económica innovadora y exportadora que, desde hace años, contribuye a la protección del entorno, pero también a dinamizar la investigación, el tejido industrial y el empleo.

Sólo el sector eólico en España aporta 25.000 empleos y más de 9.200 millones de cifra de negocio. Cuenta además con 227 fábricas y con el 100% de la cadena de valor en nuestro territorio, posicionando a nuestro país en 2019 como el mercado europeo con mayor inversión en eólica.

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La fotovoltaica es otra energía que también tendrá un papel protagonista en la recuperación, no solo por los beneficios que aporta al sector eléctrico, al ser renovable, competitiva y fácil de implementar, sino por su aportación al conjunto de la economía y la sociedad. En España, el sector cuenta con una fuerte base industrial y con empresas que disponen de tecnología propia que aporta trabajos y componentes con mayor valor añadido de la cadena de valor de un proyecto fotovoltaico.

Esta crisis ha puesto de relevancia la importancia de disponer de una cadena de valor nacional fuerte en los suministros de servicios esenciales, entre los que se encuentra la energía eléctrica. La apuesta por una reactivación de la economía en ‘verde’ está asociada, precisamente, a lo que mejor sabe hacer la cadena de valor del sector: desarrollar proyectos, tecnología e I+D, fabricar y construir parques eólicos y fotovoltaicos, operarlos de la forma más óptima para aprovechar toda la energía limpia e inyectarla en la red para que llegue a toda la sociedad.

Desde Europa también llegan voces, respaldadas por líderes empresariales, políticos, ONG, expertos y sindicatos –unidos en una Alianza Europea para una Recuperación Verde– que reclaman repensar el modelo económico y de prosperidad post covid-19, construidos en torno a unos principios verdes. Y así defienden que la transición hacia una economía climáticamente neutra, la protección de la biodiversidad y la transformación de los sistemas agroalimentarios podrán impulsar la creación de empleo y acelerar el crecimiento, creando sociedades más resilentes a nuevos desafíos. Así también se ha expresado la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA) en su informe principal sobre el futuro de la energía, en el que explica que si nos centramos en la energía limpia, el mundo obtendrá beneficios económicos, medioambientales y sociales.

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