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Los feudos izquierdistas de California y Nueva York se acercan a un precipicio fiscal

Texas se ha convertido en uno de los mercados más vibrantes del país norteamericano.

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Texas se ha convertido en uno de los mercados más vibrantes del país norteamericano.
Ciudad de Nueva York | Alamy

Entre los años 2000 y 2019, el gobierno estatal de Texas aumentó un 5% su presupuesto por habitante. Este tímido aumento, que quedaría anulado si se considerase la inflación, no vino aumentado de ningún problema socioeconómico. Al revés, Texas se ha convertido en uno de los mercados más vibrantes del país norteamericano, encabezando las listas de crecimiento y de creación de empleo durante buena parte de los veinte últimos años.

Si analizamos el caso de Florida, podemos encontrarnos con una tendencia aún más sorprendente. El gasto por habitante del gobierno estatal de la península no solo no aumentó, sino que experimentó una rebaja del 16% a lo largo del mismo periodo de estudio. Esto tampoco ha impedido que Florida se consolide como un mercado cada vez más apetecible y diversificado.

Pero, mientras que el predominio de la derecha en ambos territorios ha favorecido un repliegue en el tamaño de sus respectivos gobiernos estatales, ocurre todo lo contrario en California y Nueva York, donde la subida del gasto público por habitante ha sido del 52% y del 49% para el periodo 2000-2019. Y, aunque el poderío económico de ambos Estados es innegable, la crisis fiscal también es irreversible.

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El caso de Nueva York es muy llamativo porque el gasto estatal asciende a 230.000 dólares, más que la suma de los presupuestos de Arizona, Florida y Georgia (220.000 millones). Eso sí: Nueva York sirve a 19,6 millones, la mayoría concentrados en torno a la ciudad que da nombre al Estado, mientras que Arizona, Florida y Georgia tienen 37,9 millones de habitantes y presentan mucha más dispersión territorial, así como un mapa urbano más complejo. Si analizamos las cifras de gasto en relación con la población, vemos que Arizona, Florida y Georgia se mueven en torno a los 5.800 dólares por persona, pero Nueva York alcanza los 11.730 dólares per cápita.

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La crisis de la covid-19 ha sacado a relucir estas ineficiencias y ha puesto en entredicho la viabilidad de los modelos fiscales de ambos territorios, pero la tendencia viene de lejos. Entre los años 2010 y 2019, las cifras de migraciones internas entre los distintos territorios del país norteamericano muestran que 3,5 millones de personas dejaron de vivir en los Estados de mayor presión fiscal y pasaron a instalarse en los de menor imposición tributaria. En Texas y Florida, la producción ha aumentado en 50.000 millones de dólares como resultado de este proceso, mientras que en California y Nueva York se ha reducido en 23.000 millones.

Libre Mercado ya explicó que esta dinámica se ha sumado al éxodo de los contribuyentes más ricos provocada por el covid-19 para terminar dejando a Nueva York al borde de la quiebra. Algo parecido ocurre con California, que lidia con un déficit del 37% y enfrenta un desastroso cuadro macroeconómico, puesto que su gobierno proyecta una caída del PIB del 24,5% y un desplome de la renta media del 9%. Ante semejante panorama, el éxodo de quienes más ganan es especialmente preocupante, porque el 1% de los contribuyentes aporta el 50% de los ingresos fiscales.

El escenario del Estado más codiciado de la Costa Oeste es sombrío. La población está estancada (apenas subió un 0,2% en 2019, el dato más bajo desde 1900) y una encuesta revela que hasta el 53% de sus habitantes han considerado la posibilidad de mudarse hacia otros territorios de la Unión, en busca de mejores oportunidades.

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