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Escriva vs el INE: cómo será la población española en 2050 y cómo impactará en las pensiones

La proyección del organismo apunta a un millón más de habitantes en 2035... Y eso no sería suficiente para cuadrar las cuentas de la Seguridad Social.

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La proyección del organismo apunta a un millón más de habitantes en 2035... Y eso no sería suficiente para cuadrar las cuentas de la Seguridad Social.
Dos personas pasan delante del centro de salud García Noblejas, en el distrito madrileño de Ciudad Lineal, este viernes. | EFE

El pasado martes, el Instituto Nacional de Estadística (INE) publicaba su informe Proyecciones de Población 2020-2070 y lo encabezaba con el siguiente titular "España ganaría casi un millón de habitantes en los 15 próximos años y más de tres millones hasta 2070 si se mantuvieran las tendencias demográficas actuales".

¿Mucho o poco? ¿Qué nos indican esas cifras? En primer lugar, y teniendo en cuenta que las cifras del organismo apuntan a una caída constante del número de residentes nacidos en España, ese millón de habitantes extra de los próximos quince años tendrá que llegar del extranjero. No sólo eso, tendrán que llegar un millón y algo más, para compensar la caída en el número de los españoles de origen.

En esto último, además, tenemos bastante certeza: los flujos desde el exterior están sujetos a una enorme incertidumbre (los extranjeros pueden llegar o no), pero las tendencias demográficas de la población autóctona son más fáciles de predecir (porque es más complicado que cambien de la noche a la mañana el número de nacimientos, la esperanza de vida o los fallecimientos: ni siquiera la pandemia de la covid-19 parece que tendrá un gran impacto en las grandes cifras a medio plazo).

Como siempre que se dan datos sobre población y sobre las tendencias a futuro, casi todos miramos a las pensiones. Es un error, porque la demografía tiene muchas más derivadas. Pero quizás por la importancia del asunto o por los millones de afectados (en realidad, toda la población española: porque todos somos pensionistas actuales o proyectos de pensionistas del futuro), a veces parece que lo único importante de los cambios en la pirámide poblacional es su impacto en las cuentas de la Seguridad Social.

En este caso, además, se da una circunstancia añadida: ahora mismo estamos en mitad del proceso negociador para afrontar una nueva reforma de las pensiones en el Pacto de Toledo. Y el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, siempre ha defendido que la principal línea de defensa del sistema es la demográfica, sobre todo en lo que tiene que ver con la llegada de millones de inmigrantes que rejuvenezcan el mercado laboral español y la pirámide poblacional.

Tanto durante su etapa como presidente de la AIReF como desde que llegó al Gobierno, Escrivá ha sido muy optimista a este respecto (ver aquí y aquí, por ejemplo). Así, en octubre de 2018, la AIReF presentó sus propias previsiones demográficas, en las que calculaba que la población española crecería "entre 4 y 13 millones" desde ese momento y hasta mediados de siglo, para alcanzar en el año 2050 una cifra de entre 50 y 60 millones de habitantes, con un escenario central de unos 55 millones de habitantes dentro de 30 años.

Por eso, quizás esta semana la noticia no estaba sólo en las cifras del INE tomadas de forma aislada, sino en la diferencia que existe entre lo que nos decía este organismo y las predicciones del ministro. De acuerdo a las proyecciones del INE, la población en España no llegará a los 50 millones hasta más allá del 2050 (es decir, su escenario central replica, por abajo, al escenario más pesimista de Escrivá) y los flujos de población en la próxima década serán muy inferiores a los previstos antes del coronavirus. [Los tres gráficos de este artículo están sacados directamente del informe del INE Proyecciones de población 2020-2070]

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A partir de aquí, las conclusiones son obvias. Esto no lo dice el INE, pero cae por su propio peso: si se cumplen estas proyecciones, el sistema de pensiones estaría en un peligro incluso mayor al que preveíamos, porque parte de la solución (la llegada de inmigración) se ralentizaría o detendría en los próximos años.

Proyecciones vs predicciones

No es la primera vez que Escrivá y el INE presentan cifras muy dispares sobre la posible evolución de la población en las próximas décadas. De hecho, la publicación del estudio demográfico de la AIReF ya causó sorpresa en su momento (no parecía un tema que entrase en su ámbito de competencia), pero el ahora ministro lo defendió precisamente por la falta de precisión que, en su opinión, mostraban los modelos publicados.

Podríamos resumir sus matices en dos apartados:

  • Por un lado, las cifras que se suelen publicar por parte del INE o Eurostat son "proyecciones", no "previsiones". Es decir, lo que hacen es anticipar el escenario futuro teniendo en cuenta lo ocurrido en los últimos años. El problema de esto es que un mal dato puntual o una situación transitoria (por ejemplo, una crisis económica) puede tener un reflejo excesivo en las tendencias a largo plazo, en las que esos cambios coyunturales pierden importancia.
  • Por otro lado, el largo plazo también puede ser muy traicionero porque un pequeño cambio en los supuestos acaba teniendo un efecto acumulado enorme. O lo que es lo mismo: un informe que maneje como supuesto un incremento anual del flujo de inmigrantes del 1,5% frente a otro que plantee el 2% pueden terminar con cifras totales a 30-40 años vista muy diferentes, aunque a primera vista ese medio punto parezca poca cosa. Por una parte, porque a 30 años esa diferencia menor se va agrandando (algo parecido a lo que ocurre con el interés compuesto en las inversiones), pero además porque el efecto sobre la población no sólo tiene que ver con el nuevo recién llegado, sino con su impacto en otras cifras (la población inmigrante es más joven y tiene más hijos que la autóctona, por lo que también influye en las tasas de natalidad).

En esto tiene razón Escrivá. Las tendencias de población a largo plazo tienen numerosas derivadas y hacer simples proyecciones estadísticas extrapolando lo ocurrido en los últimos años puede llevar a cometer errores muy graves si miramos a varias décadas. De hecho, el propio INE lo recoge así en su nota de prensa y advierte sobre lo erróneo que puede ser que pensemos en estas "proyecciones" como "previsiones":

Las proyecciones de población muestran la evolución que seguiría la población de España en el caso de mantenerse las tendencias demográficas actuales. No constituyen una predicción, en el sentido de que no tienen como objetivo determinar cuál es la evolución más probable.

En esta nueva edición de las proyecciones se dirigió una consulta en forma de encuesta a demógrafos de toda España con el fin de establecer las hipótesis de comportamiento futuro de los parámetros demográficos. El hecho más destacado de esta encuesta consiste en la proyección del saldo migratorio de España con el exterior que, según los expertos consultados, aumentaría de forma sostenida, lo que daría lugar a un crecimiento de la población durante todo el periodo proyectado (salvo quizá coyunturalmente en 2020).

Coronavirus y demografía

El problema del razonamiento de Escrivá es que olvida la otra cara de la moneda. Es cierto que las proyecciones pueden errar y quedarse cortas; también lo es que el flujo de inmigrantes ser normalice tras lo ocurrido en este 2020; y es lógico asumir que las tendencias en inmigración pueden volver a las cifras de los años de crecimiento económico 1995-2007, cuando la población extranjera en nuestro país creció en casi 5 millones de personas.

Todo esto es cierto... pero también lo es que no tiene por qué producirse. Y no sólo eso: cuando decimos que diferencias pequeñas en los supuestos de origen pueden dar lugar a situaciones muy diferentes a 3-4 décadas vista, tenemos que tener en cuenta que eso vale para bien y para mal. Es decir, si la AIReF o Escrivá se equivocan en sus "predicciones", incluso aunque sea por pocos puntos porcentuales, el efecto acumulado en 2050 puede ser muy importante.

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Por ejemplo, en lo que tiene que ver con la natalidad, hace años que muchos expertos (también la AIReF y Escrivá) pronostican que España irá remontando sus bajísimas tasas de hijos por mujer para acercarse a las cifras de los países de nuestro entorno, pasando del 1,3-1,4 de la última década al 1,7-1,9 que tienen algunas sociedades del centro y norte de Europa. Era una previsión razonable... pero que no se está cumpliendo: de hecho, la tendencia parece más bien la contraria, porque lo que está ocurriendo es que nosotros estamos estancados o incluso bajando, y esos países que rondaban los dos hijos por mujer cada vez se alejan más de esa frontera. Así, en 2019, en España, volvimos a un mínimo en la serie histórica con 1,23 hijos por mujer en edad fértil. ¿Se puede plantear un modelo que refleje un cambio total de esta tendencia? Sí, pero habría que explicar muy bien por qué se va a producir ese movimiento, porque no hay nada ahora mismo que apunte en dicha dirección.

Por otro lado, la crisis del coronavirus tiene una serie de implicaciones económicas muy relevantes y no está nada claro cuál será su impacto en la demografía una vez que se terminen las medidas de control de la epidemia. O lo que es lo mismo: todos damos por hecho que 2020 será un año excepcional desde el punto de vista demográfico-inmigratorio. Pero ¿qué pasará a partir del año 2021? Eso es mucho más complicado de anticipar. A bote pronto, hay muchos factores que podrían influir en uno y otro sentido:

* Crisis económica en España y Europa: el primero, el más evidente de esos factores, es el impacto y la duración que tenga la crisis económica en España. Como hemos visto en la última década, los flujos migratorios son muy sensibles a la coyuntura. Si España sufre una recesión más profunda y duradera que sus vecinos, podríamos volver a la situación de comienzos de la década de 2010, cuando sufrimos salidas netas de inmigrantes que buscaban en otros países las oportunidades que aquí no encontraban.

Por ahí se intuye un problema grave a corto plazo: el mercado laboral español y las tendencias demográficas entre 2021 y 2025 no tienen buena pinta. Cuesta imaginar un escenario positivo para los próximos 2-3 años. Y el problema de las pensiones, que ya estaba sobre la mesa, podría agravarse antes de lo previsto. Durante los años del crecimiento económico, los expertos señalaban a 2027-2030 como el momento en el que las tensiones financieras de la Seguridad Social comenzarían a ser más agudas. Pero viendo lo que está ocurriendo este año, este calendario podría adelantase, salvo que se produzca una recuperación rápida y significativa entre 2021 y 2023.

Del mismo modo, en lo que ocurra con la inmigración también tiene importancia la evolución económica de nuestros vecinos y de otros países ricos como EEUU, Canadá o Australia. Al final, los inmigrantes optan por aquellos lugares que les ofrecen mejores perspectivas. Si España crece menos que Alemania, Holanda o Irlanda, su capacidad de atracción relativa también se verá dañada.

* Crisis económica y sanitaria en los países de origen: sobre esto no tenemos ningún control, pero sus efectos son muy reales.

No hay más que hablar con alguno de los miles de inmigrantes venezolanos que han llegado a nuestro país en los últimos 5-6 años. Probablemente la mayoría ni se lo planteaba, pero la devastación causada por el régimen bolivariano les ha empujado a abandonar su país. ¿Cómo afectará el coronavirus a los flujos migratorios en la próxima década? ¿Será un acicate, por la crisis económica, o las restricciones a la movilidad por razones sanitarias reducirán también las migraciones que podríamos denominar "laborales"?

* Efecto acumulado del crecimiento económico en los países más pobres: de esto apenas se habla pero será muy importante. Casi nadie deja su país si no lo ve muy negro.

Suiza o Alemania eran mucho más ricas que España en los años 70... pero incluso así la emigración española hacia allí se detuvo. Por qué: pues porque las condiciones en nuestro país eran ya mucho mejores que en los años 50 y preferíamos quedarnos aquí, incluso por sueldos más bajos de los que se cobraban en el norte de Europa.

Ahora mismo, la distancia entre Europa y Sudamérica o entre Europa y África parece enorme. Pero si los países en vías de desarrollo siguen las pautas actuales, quizás en 10-15 años comiencen a secarse los flujos migratorios. También puede ocurrir lo contrario, que países un poco más ricos (pero todavía a mucha distancia de los desarrollados) tengan más población potencial (con más estudios y formación) para enviar a las envejecidas sociedades europeas. De nuevo, el saldo neto de estas dos tendencias es una incógnita.

* La economía post-covid: por último, queda la gran duda de cómo será la economía mundial tras la pandemia. ¿Volverá el turismo a ser lo que era en 2019? ¿Se dispararán los empleos remotos? En India, por ejemplo, llevan décadas desarrollando el sector de los servicios informáticos para las grandes empresas estadounidenses. Esto es muy importante desde un punto de vista económico, pero también social: un tipo trabajando para un empresa tecnológica desde Bombay es también un inmigrante que no se mueve de su país y que paga las cotizaciones en India, no en Reino Unido o EEUU.

En estos momentos, es muy complicado anticipar cuál será el efecto neto, cuándo volverá la economía a recuperar la normalidad pre-pandemia, qué sectores se verán más y menos beneficiados a medio plazo. Eso sí, incluso con lo difícil que es hacer predicciones, en el caso español debemos ser muy cautos (o incluso pesimistas) porque los sectores y tendencias ganadoras no están precisamente, entre aquellos en los que somos más fuertes.

Todo a una carta

En realidad, si uno mira las grandes cifras podría parecer que no hay tanta distancia. La AIReF de Escrivá planteaba un saldo migratorio positivo de 250.000 - 270.000 personas entre 2018 y 2050. El INE, en las proyecciones conocidas esta semana, también se maneja en esas cifras, pero a partir de 2030: la principal diferencia reside en esta próxima década, en la que rebaja el dato a unas 150.000 entradas netas al año con un crecimiento vegetativo (saldo nacimientos - defunciones) que ya es negativo y lo seguirá siendo de aquí a mediados de siglo.

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Pues bien, incluso con esas pequeñas diferencias, el acumulado a mitad de siglo para la AIReF y el INE no tiene nada que ver. De 50 a 60 millones, hay un trecho muy largo: demográfico y financiero.

El problema en lo que respecta a las pensiones es que nos lo jugamos todo a la carta de que se cumplan las mejores predicciones. Porque los ajustes automáticos que introducía la reforma de 2013 se han derogado y Escrivá siempre ha sido muy crítico con aquella reforma, así que no se intuye que puedan recuperarse a corto plazo.

Esto nos deja con sólo una opción sobre la mesa: que la población española crezca hasta esos 55-57 millones que anticipa la AIReF para 2050. ¿Y si nos quedamos en los 50 millones que predice el INE y que eran estaban en el margen inferior de la banda considerada plausible por la AIReF?

Porque además, hay una pregunta clave: ¿y si en la próxima década, debido a la covid-19, empezamos a no cumplir con las cifras? Esto es muy importante por lo que puedan pensar los inversores y nuestros socios de la UE. Porque España mantiene un déficit público disparado y un nivel de deuda complicado de sostener si existen dudas sobre su solvencia a medio plazo. En este sentido, 3-4 años malos desde un punto de vista demográfico pueden disparar los miedos y complicar las opciones del Tesoro del Reino de España de colocar su deuda en los mercados. En ese caso, uno puede tener todos los gráficos sobre las "predicciones" a medio plazo que quiera, pero contener la marea no será tan sencilla como trazar una línea de puntos.

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