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Diez preguntas económicas sobre la próxima década... y para las que da igual que gane Biden o Trump

Repasamos algunas de las megatendencias de las que hablan los expertos. Y la política no debería influir demasiado en ninguna de ellas.

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Repasamos algunas de las megatendencias de las que hablan los expertos. Y la política no debería influir demasiado en ninguna de ellas.
2030 no será cómo creemos, ni para bien, ni para mal. Al fin y al cabo, 2020 no fue como hubiéramos previsto en 2010. | Pixabay/CC/Free-Photos

Cuando terminaron el recuento y los recursos... las megatendencias seguían ahí.

"Megatendencias", como mucho de esos anglicismos que se ponen de moda, es una palabra bastante horrible. Y además, hay que repetirlo, los gurús (sean quienes sean los que se esconden detrás de esa etiqueta, también feucha) no siempre aciertan. De hecho, como apuntábamos este sábado, hablando de la Seguridad Social, si hay algo que el pasado nos ha enseñado es que no tenemos ni idea de cómo será el futuro. Salvo Julio Verne y dos más... somos bastante malos adivinando lo que pasará.

Pero al mismo tiempo es cierto que hay avances (o retrocesos), inventos, desarrollos tecnológicos, cambios sociales, etc. que están ahí desde hace años y que no parece que vayan a detenerse en las próximas décadas. De hecho, en estos días de avalancha informativa, de elecciones, de gritos de angustia porque puede ganar Donald Trump o de alivio porque ha ganado Joe Biden (escribimos el domingo 8 de noviembre, mientras hay todavía unos cuantos recursos pendientes), es interesante leer a aquellos que nos dicen que respiremos, que tanto si nos gusta más el demócrata como el republicano, lo que marcará el futuro a medio plazo está ya en marcha y no se verá especialmente afectado por lo que decidan los tribunales norteamericanos.

Probablemente no es cierta ni una cosa ni la otra. Ni la exageración de los que decían que una victoria de Trump (o de Biden) era el fin del mundo. Ni esa idea de que da igual quién esté a cargo de la primera potencia del planeta. Las personas importan. Y mucho. Imaginen ustedes que una enfermedad infantil hubiese acabado con Washington, Napoleón, Lenin, Hitler o Churchill. ¿Cómo sería el mundo ahora mismo? Ni idea. Pero muy diferente, también en el terreno social, económico o tecnológico.

Nosotros, lo reconocemos, no tenemos ni idea de lo que ocurrirá en la próxima década. Por no saber, ni siquiera sabemos qué pasará la semana que viene. Pero, como todos los demás, nos hacemos preguntas y algunas giran sobre esas megatendencias de las que nos hablan. Porque el ser humano es así y no puede evitarlo. Aquí van diez de esas preguntas. No tenemos respuesta para ninguna. De hecho, las posibilidades que apuntamos son sólo las más obvias y asumimos que el resultado final probablemente no tendrá mucho que ver con ninguna de ellas.

- ¿Locos años 20 o nueva gran depresión?... y el factor deuda.

Creemos que la economía está condenada a crecer porque llevamos casi 250 años de mejoras casi continuas. Pero no tiene por qué ser así.

Aunque ahora, tras ocho meses de epidemia, confinamiento, cierre de negocios, etc... son muchos los que han perdido la esperanza.

Por eso, en estas semanas se imponen dos narrativas. La pesimista nos alerta sobre la montaña de deuda sobre la que estamos sentados; sobre los peligrosísimos experimentos de los bancos centrales (que se remontan a 2008); sobre la falta de productividad de las economías avanzadas, que se remonta a varias décadas, y sobre gobiernos que se vuelven adictos a la inyección de liquidez del banco central para evitar las reformas; sobre empresas zombies que se cronifican y acaparan recursos; sobre el envejecimiento de la población y el estancamiento en las innovaciones. Y sobre el daño que la covid-19 hará en ese mundo que ya se tambaleaba. Aquí, Daniel Lacalle, como siempre muy claro, nos recuerda que "la deuda pública no es un apunte contable".

La optimista nos señala lo que ocurrió en los años 20 del siglo pasado: innovación (muchos de los inventos de finales del siglo XIX llegaron a las clases medias), crecimiento, nuevos mercados, impulso desde los países en desarrollo... Un poco más en esta línea optimista, aunque con muchísimos matices, este artículo de Carlos Sánchez, citando un informe de Arcano y a Ignacio de la Torre: ¿otros felices años 20? Puede ser, pero hay muchos peligros escondidos a la vuelta de cualquier esquina.

- El futuro de los jóvenes, ¿condenados a la precariedad?

También aquí hay dos relatos que se contraponen. El primero nos dice que en el pasado las recesiones siempre han golpeado con dureza a las generaciones que se incorporaban al mercado laboral justo en ese momento. No sólo durante esos primeros años (eso sería obvio), sino también infligiendo un daño que se arrastra durante toda la vida laboral.

Si esto se cumple... los nacidos en España (y, en realidad, en buena parte de Occidente) a partir de los años 88-90 lo tienen en chino. Llegaron al mercado laboral a comienzos de la década de 2010, justo cuando se desataba el huracán. Y cuando empezaba a salir otra vez el sol... pues eso, el virus. (aquí, por ejemplo, El Blog Salmón sobre "El triple golpe para los millenials").

¿Y la otra cara de la moneda? Pues un mercado laboral en el que, por primera vez en la historia moderna, habrá más salidas por jubilación que entradas desde el colegio-universidad. Es decir, menos competencia y más margen para que la oferta de empleo (el trabajador) pueda hacerse valer ante el demandante (el empresario). Y todo ello en un entorno más flexible en el que las habilidades y el domino de las nuevas tecnologías importan más que la experiencia y los contactos. Sobre esto no hemos encontrado a demasiados economistas optimistas... así que lo apuntaremos nosotros: cuidado con anticipar un futuro negro para los adolescentes o veinteañeros actuales. Sí, su llegada al mercado laboral ha sido un desastre, pero algunas tendencias les favorecen a medio plazo.

- ¿Familia o Estado?

Quizás la pregunta más filosófica. Qué pasará tras siete meses encerrados (o casi). Separados de muchos de nuestros seres queridos. Limitando los contactos cercanos, no sólo familiares, sino con amigos, organizaciones comunitarias, compañeros de trabajo, asociaciones deportivas o de ocio...

Hay quien teme (y nosotros coincidimos en que sería horrible) que muchos de esos lazos se deshagan. Y que gane presencia el Estado como solución para todo: al fin y al cabo, durante esos meses, hemos dejado libertades que nunca imaginamos en manos de nuestros políticos.

Y al final se intuye una solución un poco a la nórdica y esa "Teoría sueca del amor", tan moderna, aséptica, progresista... y antihumana, que asusta. Eso sí, una nueva paradoja, durante esta crisis justo ha sido Suecia el campeón del menos Estado y más confiar en individuos y familias para luchar contra la pandemia.

Enfrente, los que piensan que pasará justo lo contrario. Que precisamente por haber visto las consecuencias de la soledad, sabremos apreciar el valor de la comunidad, de la familia, de aquello que a veces despreciamos porque lo damos por sentado. Que vamos a un mundo en el que el Estado, que nos ha fallado de forma tan clamorosa en los últimos meses, pierde su legitimidad y que ganan espacio las instituciones libres (familia, mercado, pequeñas comunidades...).

Una lucha social, pero también ideológica. Las guerras mundiales impactaron de forma decisiva en la manera de pensar de nuestros abuelos. ¿Cómo lo hará la covid-19?

- ¿Más progresistas o más conservadores?

Otra megatendencia política, pero que impactará en la economía. El Pew Research Center, un de los principales institutos de encuestas de EEUU, asegura que los jóvenes actuales son la generación más izquierdista de la historia. Es cierto que son datos de aquel país (aquí, en inglés, en detalle), pero en muchas de las preguntas y respuestas se intuyen resultados que nos encajarían para España (nos guste o no, ése es otro tema).

Parece claro que esta tendencia favorece a los partidos autodenominados como "progresistas"... Bueno, no tan claro. Avanzamos hacia sociedades mucho más envejecidas. Y las sociedades envejecidas son casi siempre más conservadoras. Además, hay otra clave: una cosa es lo que piensas con 15-20-25 años, cuando estás estudiando o entrando al mercado laboral. Y otra será lo que defiendas con 45, dos hijos y una hipoteca. También es cierto que muchos de los actuales veinteañeros nunca se casarán (y la familia es una fuente de conservadurismo político de manual). En resumen, que no tenemos una respuesta: ¿votarán a la izquierda o a la derecha los españoles de 2030-40? ¿Y qué propondrán sus partidos? Porque si hace 30 años nos dicen que el tema de fricción en la izquierda es la definición de mujer, no nos lo habríamos creído. Y en eso están...

- ¿Ciudades, campo o todo lo contrario? El impacto del coche autónomo

Ésta es la más fácil. No de las respuestas, sino de las preguntas. Aunque está costando... porque llevamos unos cuantos años hablando del tema y no termina de arrancar. Pero lo hará.

Como explicábamos hace unos años, pocos inventos cambiaron la vida de la humanidad como el coche. El normal. El que tenemos en nuestro garaje. Toda nuestra vida gira en torno a nuestra capacidad para movernos a la velocidad que nos permite un automóvil. Incluso los que no tienen coche viven de las furgonetas de reparto, de los autobuses, de los taxis, de las ambulancias... Nuestras ciudades se diseñaron (y es lógico que así sea) alrededor de esta forma de movilidad. El siglo XX fue el siglo del automóvil.

¿Y el XXI? Ni idea. ¿Fuga al campo? Puede, porque el traslado diario al trabajo ya no será el equivalente a interminables atascos. ¿Más demanda del centro? También puede, porque ya no hay que tirarse 45 minutos para aparcar. ¿Al final la cosa no cambiará tanto porque no querremos estar 30 minutos en el coche, aunque no tengamos que conducir?

Aquí uno de los columnistas más perspicaces del mundo, Rory Sutherland, para The Spectator, nos dice que le resulta complicado encontrar ventajas a las grandes ciudades en este mundo de pandemias y teletrabajo: "Sin sus muchedumbres, Londres es la alternativa incómoda a Amazon". Y hace una advertencia interesante: cuidado con el impacto que una tendencia como ésta, que hundiría los precios del inmobiliario, tendría en rentistas y en los bancos. También Tyler Cowen habla de ciudades más pobres (porque los ricos buscarán otra cosa), con más jóvenes y viviendas más baratas.

Pero no es la única predicción. La otra opción es que la economía del conocimiento y la información, y la importancia de una formación continua adecuada, impulsen todavía más el atractivo de las ciudades como redes de intercambio, colaboración y cooperación. Como apunte aquí The Economist, las grandes ciudades no han triunfado por decreto, sino porque atraen a los más capaces, que se juntan y suman sus esfuerzos y talentos. Es cierto que con el trabajo online pueden haber perdido algo de su imprescindibilidad, pero seguirá siendo complicado hacerse rico en una comarca con 2.000 habitantes.

- Electrificación: sí, pero cuánto

Intuimos que no hay otra dirección. La pregunta es más sobre porcentajes: seremos más eléctricos, ¿pero cuánto? Y más renovables ¿hasta qué límite?

McKinsey apuesta a que en 2050 la electricidad habrá pasado del 18 al 25% de la demanda de energía mundial. No parece un gran cambio a 30 años vista. Y sí, las renovables multiplicarían por cuatro su peso en el mix, pero la suma de Petróleo+Gas+Carbón seguiría siendo muy superior al 50% de la demanda total de energía (es cierto que impulsadas por el gas, con el petróleo y el carbón perdiendo peso).

Son cifras que parecen alejadísimas de lo que nos prometen nuestros políticos y de lo que nos dicen que es necesario para luchar contra el cambio climático.

Aquí Deloitte prevé poco más del 25% de cuota de mercado para el coche eléctrico en 2030.

También es verdad que un par de navidades antes de que todos tuviéramos móviles.... casi nadie tenía uno. Un cambio tecnológico (en las baterías, en el coste de los paneles o en los materiales) puede cambiar estas predicciones de un día para otro. En 10 años, hablamos.

- ¿Amazon o el renacimiento del barrio?

Pueden ser los dos. Uno no excluye por completo al otro. Pero en cualquier caso son tendencias interesantes y con implicaciones no siempre a la vista.

Ahora mismo, el gigante creado por Jeff Bezos no tiene pinta de que vaya a desaparecer. La pregunta más bien es si arrasará con todo o no.

Y el caso es que la covid-19 ha impulsado las ventas online, pero también se habla mucho de un nuevo sentimiento de vida de barrio en el que la pandemia ha influido. ¿Malos tiempos para los grandes almacenes y las cadenas de ropa, que no son ni una cosa ni otra? Puede. Aquí Martin Vander Weyer, para The Spectator, se pregunta si las grandes marcas acercarán sus cadenas de suministro y cómo afectaría eso a los países del tercer mundo.

Por otro lado, la moda ahora son las ciudades de 15 minutos: es decir, barrios autosuficientes, en los que todo lo que necesitamos está a, como máximo, un pequeño paseo o una viaje corto de coche. Aquí el Ayuntamiento de Londres esboza sus planes. Suena un poco a dirigismo y a ingeniería social light, pero quién sabe.

Por cierto, otra duda: ¿qué pasará con los locales de esas tiendas que no pueden competir con Amazon? ¿Cerrados? ¿Reconvertidos en viviendas? ¿Negocios que ahora no imaginamos? ¿Almacenes de último kilómetro?

¿Y los drones? ¿Y los servicios de reparto sin repartidor? ¿Otro sector que está a 10 minutos de cambiar para siempre? ¿Es posible que nos lo entreguen todo por control remoto y sin que intervenga un humano? Recordemos que hablamos de uno de los sectores de más crecimiento en el empleo en los últimos años.

- De los duros al bitcoin

Los españoles apenas recuerdan ya cómo eran aquellas monedas de peseta o duro que tanto usaron. En unos años, quizás no recuerden los euros.

El efectivo está desapareciendo de nuestras vidas. En parte por comodidad: para el cliente es más cómodo pagar con tarjeta; para el comerciante, es menos arriesgado y costoso que el manejo de cash. Y en parte porque los gobiernos nos quieren controlados.

Lo que ocurre es que precisamente una de las razones de ser (y del éxito) del Bitcoin es que facilita el anonimato y la seguridad. La historia de la humanidad es la historia de los gobiernos queriendo controlar al ciudadano (y sus pagos) y de cómo éste lo ha evitado. Eso no cambiará con el dinero digital. Tres excelentes columnas en castellano al respecto: de Juan Manuel López Zafra, Juan María Nin y Juan Ramón Rallo.

- Más viejos, pero ¿más sanos?

Ya estamos en medio de un cambio demográfico brutal. Y esas cosas no se alteran de un día para otros. Incluso aunque mañana nos pusiéramos a tener niños como locos (y no hay ninguna razón para pensar que eso ocurrirá), 2040 tendrá la población más envejecida de la historia.

La megatendencia de la que hablan los expertos no es tanto el envejecimiento, algo demasiado obvio para ellos, como los cuidados: necesitaremos más de todo, desde enfermeras a fisios, de sillas de ruedas a audífonos. Y esto suena a muy caro.

En este epígrafe, la discusión es si veremos un gasto disparado en todo aquello relacionado con la salud que llevará al límite a los estados del bienestar occidentales (presionados también, no lo olvidemos, por las pensiones). Las cuentas que hacíamos hasta ahora no eran nada tranquilizadoras: entre los 10 y los 50 años (más o menos) el gasto en salud permanece relativamente estable. Creciente pero poco a poco. A partir de ahí, comienza a dispararse: es mucho más caro cuidar a un paciente de 60 años que a uno de 50... pero también a uno de 70 que a uno de 60... y a uno de 80 que a uno de 70. Viendo las perspectivas demográficas de Europa, es para echarse a temblar.

En el lado optimista están aquellos que creen que la revolución médica está a la vuelta de la esquina y que todos iremos con nuestro chip incorporado, lo que ayudará al diagnóstico y, más importante, a la prevención. Si así ocurre, sería una revolución que ayudaría no sólo a mejorar nuestra calidad de vida, sino también nuestras finanzas públicas.

- ¿Hasta el infinito y más allá?

La última pregunta es la más abierta. ¿Qué inventará el ser humano en las próximas décadas? ¿Habrá cambios revolucionarios o serán decepcionantes? ¿Cumpliremos los sueños de los escritores de ciencia ficción? Robotización, inteligencia artificial, internet de las cosas, realidad aumentada, 5G-6G-...

Y un recordatorio de vuelta al inicio del artículo. Sobre todo esto, parece que Trump o Biden no tienen mucho que decir. En parte es cierto y en parte no. En Venezuela, por poner el ejemplo extremo, este año nadie está inventando nada. Y las tendencias de las que hablamos suenan a serie de televisión. Por no hablar de lo que ocurriría a nivel mundial en caso de conflicto bélico o de una escalada de la tensión geopolítica. La política no importa hasta que comienza a importar y el progreso no está garantizado. Eso, el nuevo presidente de EEUU, sea el que sea, debería tenerlo claro.

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