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José Cavero

La pensión complementaria

Mucho escucharemos hablar, en los meses que vienen, de la revisión del pacto de Toledo sobre pensiones. No parece que de momento haya riesgos severos sobre el sistema, pero prevalecen las opiniones de quienes insisten en la conveniencia de prevenir antes que curar lo incurable.

El veterano sindicalista Julián Ariza ha salido “como una fiera” a las especulaciones que insisten en un futuro más o menos negro o incierto para el sistema de pensiones. No sólo no ve riesgo alguno, sino que considera que está, probablemente, más sólido y estabilizado de lo que nunca estuvo. A Julián Ariza incluso le molesta el reciente consejo del director general del Banco de España, Malo de Molina, que auspicia que la pensión complementaria empiece a ser algo poco menos que obligatorio para los asalariados.

Posiblemente en Malo de Molina y el Banco de España predomine la teoría de que más vale salario en especie –en pensiones, en ahorro para el futuro– que salario disponible para el gasto y para insuflar el fuego de una inflación ya de por sí desmadrada y “a su aire”.

Será cuestión profusa para el año que llega. Y ninguna idea será superflua.

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