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¿Quién gana y quién pierde tras la ruptura de BBVA y Sabadell?

El fallido intento de los reguladores de que BBVA absorba a Sabadell abre posibilidades para ambos grupos

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El fallido intento de los reguladores de que BBVA absorba a Sabadell abre posibilidades para ambos grupos
Josep Oliu, presidente de Banco Sabadell | Wikimedia

¿Quién gana y quién pierde con la ruptura de negociaciones entre BBVA y Banco Sabadell para fusionarse? Podríamos buscar la respuesta en la reacción de los inversores en la sesión de este viernes en bolsa. El BBVA subía un 5% (4,99) mientras que Sabadell se desplomaba un 12,94%. Una primera lectura de esta reacción bursátil de estos dos negocios, es sencillo: ambas compañías se dispararon en Bolsa tras confesar ambas que se encontraban en pleno due diligence para estudiar su posibilidad de fusión.

El músculo del BBVA

Tras comunicar el fracaso de esas negociaciones, BBVA ha vuelto a subir mientras que Sabadell se ha desplomado. Los inversores consideran que BBVA sigue teniendo potencial de crecimiento mientras que parece que dan como perdedor a Sabadell y han decidido imponer las ventas para convertir en sus carteras el beneficio obtenido con el rally alcista al calor de la posible fusión.

Dicho esto, parece que hay un claro ganador, BBVA. Y no es para menos. La entidad que preside Carlos Torres sigue teniendo fondos para abordar una gran operación corporativa después de la venta de su filial norteamericana muy por encima de su precio en lo que, fuentes del sector califican a Libre Mercado, como "una jugada maestra" ya que consiguió la venta veinte veces por encima de los beneficios de la filial.

Proceso de concentración

Además, la tendencia a la que las autoridades europeas están empujando al sector financiero comunitario es el de entidades cada vez mayores, que obtengan tamaño sistémico y que les permita soportar un largo periodo de tipos de interés bajos que limitan y mucho su capacidad de obtener beneficios. En este caso, BBVA, por sí mismo ya es un gigante multinacional que, además tiene fondos contantes y sonantes para abordar cualquier otra operación corporativa que le permita ganar más tamaño aún sin demasiado problema.

Por su parte, Sabadell es una entidad mediana o pequeña que, sin embargo, goza de unos razonables datos de solvencia, lo que también le permite abordar operaciones corporativas, de otra magnitud, sí, pero operaciones que le permitan ganar tamaño.

Dicho esto parece que si hay un claro perdedor en la ruptura de esta operación han sido los reguladores que apremian a las compañías españolas a que sigan concentrando el sector y componiendo compañías cada vez más sistémicas.

El motivo de la ruptura

La buena situación que atravesaban las dos compañías, BBVA y Sabadell, han hecho que ninguna tenga que asumir el papel de víctima. Es decir, si Sabadell estuviera atravesando unas tensiones de caja insoportables, o unos ratios de solvencia que le sacaran los colores frente a los reguladores españoles y europeos, su posición a la hora de negociar hubiera sido mucho peor y hubiera tenido que aceptar las condiciones que propusiera BBVA. A su vez, la empresa que preside Carlos Torres, venía de un exitazo internacional con la venta de su filial y con tamaño suficiente como para abordar esa o cualquier otra operación corporativa.

Así, si hacemos caso a las fuentes del mercado, el acercamiento entre ambas compañías se ha producido auspiciado por los reguladores españoles, en concreto por el Banco de España, que apremia a las entidades financieras a completar el proceso de concentración necesario frente a posibles eventualidades financieras en un horizonte cada vez más cercano.

Si atendemos a los comunicados oficiales de ambas compañías, el problema ha sido la ecuación de canje de acciones entre ambas entidades. Es decir, que Sabadell quería que BBVA pagara más de lo que estaba dispuesto por absorber la compañía. En concreto, según algunas fuentes Sabadell pedía 2.500 millones de euros en efectivo, lo que suponía pagar un 30% más que la capitalización bursátil que tenía Sabadell el viernes antes de la filtración (que hizo que se disparara el precio).

Este motivo, por sí sólo y dadas las circunstancias anteriormente expuestas parece un motivo más que fundado para la ruptura de las negociaciones pero según publican algunos medios y reconocen algunas fuentes financieras, el reparto de poder en la entidad resultante y los procesos judiciales que mantienen investigado al excomisario Villarejo y su relación con Francisco González, expresidente de BBVA, también habrían influido.

En esencia, Oliú quería una copresidencia con Carlos Torres, entre otras cosas, por si las pesquisas judiciales afectaban a Torres, pudiera ser él quien ocupara la presidencia del nuevo conglomerado. Sin embargo el BBVA le ofrecía una vicepresidencia no ejecutiva, cosa con la que no ha tragado Oliú.

¿Y ahora qué?

Aunque las fuentes financieras consultadas no descartan que se produzca un segundo asalto y ambas compañías vuelvan a intentar la fusión, es de esperar que barajen otras alternativas, por el buen estado de forma que tienen ambas.

Por ejemplo, desde algunos actores del mercado se estima que BBVA podría abordar la compra de la parte que todavía no controla de Garanti Bank (51,5%) o el estudio de absorción de algún otro banco pequeño en esa área geográfica (Turquía).

En cuanto a Sabadell, los expertos también creen que podría explorar la compra de alguna entidad pequeña, pese a que ya van quedando pocos candidatos. Lo que el mercado da por descontado es que Si BBVA todavía puede permanecer en solitario una buena temporada, a Sabadell se le agota el tiempo para buscar un socio que le dote de músculo, solvencia y capacidad de ajuste de costes para hacer creíble su próximo plan estratégico.

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