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Cómo salvó Suecia su sistema de pensiones y qué lecciones le podría dar a España

Su pilar de capitalización, inspirado en el sistema chileno, permite elegir entre 483 distintos fondos.

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Su pilar de capitalización, inspirado en el sistema chileno, permite elegir entre 483 distintos fondos.
La reforma de las pensiones sueca | Flickr/ Mariano Mantel

La Seguridad Social de España presenta el mayor agujero de toda la Unión Europea en términos de caja. Uno de cada doce euros de gasto en pensiones se financia vía deuda, en vez de con ingresos obtenidos a través de las cotizaciones. Y lo peor de todo es que la reforma anunciada por el gobierno de PSOE y Podemos no modificará ninguna de las circunstancias subyacentes que generan semejante déficit, limitando los cambios previstos a cuestiones menores que no atajan el problema de fondo.

Fedea ha dedicado su último estudio a considerar el proceso de reforma de las pensiones desarrollado en Suecia durante la década de los 90, precisamente con el objetivo de "crear un sistema de pensiones financieramente estable en el largo plazo" que buscaba una mayor vinculación entre lo aportado y lo recibido, pero también una serie de condiciones que asegurasen la solvencia del modelo. La reforma salió adelante "como fruto de una colaboración poco habitual entre los dos grandes partidos (socialdemócrata y centroderecha) y su desarrollo fue lo bastante sólido y exitoso como para dar lugar a una reforma radical que permite un sistema financieramente sostenible, transparente a nivel individual y macroeconómico y que maximiza la equidad generacional".

María del Carmen Boado-Penas, profesora de la Universidad de Liverpool, firma este informe en el que se detalla el proceso de reforma, que arranca en 1991 con la constitución de una comisión, continúa en 1992 con la propuesta formal del nuevo modelo, continúa en 1994 con la aprobación parlamentaria que activa el proceso de cambio y culmina en 1998 con la aprobación del texto definitivo. En 2001 entra en vigor el mecanismo de estabilización financiera y en 2003 empiezan a pagarse las pensiones según el nuevo modelo.

En líneas generales, la reforma sueca "se basó en la sustitución de su sistema tradicional de pensiones de reparto de prestación definida para el sistema público de pensiones por un sistema mixto que incluía dos características principales: una parte de la cotización se destinaría a un sistema basado en cuentas nocionales mientras que la otra parte se asignaría a cuentas financieras individuales". A esto se le suman dos mecanismos de transparencia: el famoso sobre naranja (una carta enviada a cierre de año que informa sobre la pensión futura) y el balance del sistema (un estudio que estima la cuenta de resultados y el balance de la Seguridad Social, para explicar su salud financiera y explica por qué, en ocasiones, se deben tomar medidas de contención a corto plazo que permitan evitar desequilibrios a largo plazo).

La cotización vinculada a las cuentas nocionales suma un 16%, mientras que al sistema de capitalización de las cuentas financieras individuales se le asigna una cotización del 2,5%. Se ofrece una pensión mínima, financiada con ingresos tributarios generales, así como pensiones de supervivencia y de invalidez, que formaban parte del antiguo modelo y ahora cuentan con otras vías de financiación.

Las pensiones que beben del pilar de reparto se calculan midiendo el balance de solvencia financiera de la Seguridad Social, la evolución de la esperanza de vida, las aportaciones realizadas por cada trabajador, etc. El pilar de capitalización, inspirado en el sistema chileno, permite elegir entre 483 distintos fondos, gestionados por 70 sociedades, así como en un fondo administrado por la propia Seguridad Social.

Existe, además, un fondo de reserva que, a modo de "hucha", absorbe las diferencias entre ingresos y gastos y que, de hecho, resulta vital para mantener un equilibrio positivo en el cálculo de activos y pasivos.

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