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Santiago Navajas

Youtubers e impuestos

Si hay algo hay en abundancia en España son izquierdistas deseosos de pagar impuestos, como el Gran Wyoming, Pedro Almódovar y Javier Bardem (dicho sea en modo irónico).

Santiago Navajas
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Si hay algo hay en abundancia en España son izquierdistas deseosos de pagar impuestos, como el Gran Wyoming, Pedro Almódovar y Javier Bardem (dicho sea en modo irónico).
Atresmedia

Gracias a unos youtubers famosos, muchos adolescentes no sólo saben dónde está Andorra, sino la diferencia entre un paraíso y un infierno fiscal. También, que los más ricos siempre pagan más impuestos, a veces de forma confiscatoria. Y que el Estado gasta lo que ganan otros supuestamente para producir bienes públicos pero también para satisfacer intereses espurios y a grupos particulares, todo ello en un entorno de incompetencia y despilfarro. Esto podría suscitar un debate sobre la justicia fiscal, lo máximo que se puede arrebatar a un ciudadano lo legítimamente ganado y el deber del Estado para justificar tanto cada euro arrebatado como cada euro gastado. Una Educación para la Ciudadanía Fiscal, no la actual servidumbre tributaria, debería empezar por una cita de Immanuel Kant en ¿Qué es la Ilustración?

El ciudadano no se puede negar a pagar los impuestos que le son asignados. [Pero] no actuará en contra del deber de un ciudadano si, como docto, manifiesta públicamente su pensamiento contra la inconveniencia o injusticia de tales impuestos.

Una manera de expresar públicamente el desacuerdo es mudarte a un país donde el Estado trate a los contribuyentes como ciudadanos y no como siervos de la gleba. Desde el punto de vista filosófico, por tanto, cabe la resistencia civil, aunque sea opinativa o de exilio, contra el fisco. Como la que propugna otro filósofo alemán, Peter Sloterdijk: la solidaridad no puede ser producto de la coacción, por lo que los impuestos deben reducirse a su mínima expresión, para sostener los bienes públicos estrictos, y las contribuciones de los ciudadanos al funcionamiento de los servicios estatales no imprescindibles (de las televisiones públicas a las mil y una empresas estatales) se debería realizar únicamente mediante donaciones voluntarias. O, lo que es lo mismo, menos socialdemocracia y más liberalismo.

Desde la extrema izquierda, Gabriel Rufián ha aplaudido a un célebre youtuber, Ibai Llanos, porque ha anunciado que, a diferencia de otros youtubers como el Rubius, él no se va a exiliar fiscalmente a Andorra, dado que después de impuestos gana lo suficiente y disfruta ayudando al bien común (aclaremos que nos movemos en cifras entre el millón y los cinco millones de euros anuales). Hay que tener en cuenta que los que ganan mucho en España pagan sobre el 50% en el IRPF y que los socialistas han propuesto que se llegue al 60%. En Andorra, por el contrario, hay un tipo único del 10% (del 5% por debajo de los 40.000 euros).

La cuestión de fondo es qué legitimidad tiene el Estado para quitar dinero a los ciudadanos, dado su monopolio de la violencia, los grupos de interés que lo parasitan, su manifiesta incompetencia y el cinismo con el que los políticos denominan “chocolate del loro” a su incontinencia presupuestaria. Un régimen fiscal menos agresivo hacia los que más ganan es complementario con que aquellos que son más solidarios, como Llanos, tributen más voluntariamente. De esta forma, ganaríamos tanto con lo que tributase el Rubius como con el plus fiscal que quisiese dar Llanos henchido de generosidad. Si hay algo hay en abundancia en España son izquierdistas deseosos de pagar impuestos, como el Gran Wyoming, Pedro Almódovar y Javier Bardem (dicho sea en modo irónico).

Una bajada de impuestos (incluso Zapatero defendió que bajar impuestos es de izquierdas) no sólo es justa, sino que también puede ser más eficiente, siempre y cuando el Estado ajuste sus gastos favoreciendo a los de verdad necesitados y no a parásitos y capturadores de rentas como los que dirigen televisiones públicas y ministerios de relleno.

Los bienes colectivos han de financiarse con la menor carga fiscal posible. El resto es confiscación. Es obligación del Estado optimizar sus recursos, no aprovecharse de su monopolio de la violencia para imponer unas cargas abusivas que debilitan a la sociedad civil e incrementan la voracidad recaudatoria del Leviatán .

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