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Por qué está tan enfadado Escrivá: Podemos le gana la "narrativa" de los recortes de las pensiones

En este tema, tan importante es el factor presupuestario como el político. Esto no consiste sólo en las reformas, sino en cómo se venden.

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En este tema, tan importante es el factor presupuestario como el político. Esto no consiste sólo en las reformas, sino en cómo se venden.
La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, y el ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá, este martes en Madrid, durante una rueda de prensa conjunta. | EFE

La manta corta es una metáfora que nos encanta a los periodistas. Muy gráfica, fácil de comprender, corta para un titular y con muchas aplicaciones. A los economistas y politólogos también les gusta, aunque en los últimos años se ha puesto de moda otra expresión que más o menos significa lo mismo, pero suena más técnica: el trilema. Éste último término hace referencia a esa idea de que, en algunos ámbitos, tres objetivos positivos son incompatibles entre sí: puedes conseguir dos, pero nunca los tres a la vez. Quizás el más famoso sea el trilema de Rodrik, por el último Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales (Dani Rodrik), que asegura que no se puede tener al mismo tiempo Globalización-Democracia-Soberanía Nacional: siempre hay que renunciar a uno de ellos.

Normalmente, cuando usamos esta imagen, pensamos en el objeto: en ese pequeño cobertor que no llega a cubrir la cabeza y los pies al mismo tiempo. Hoy, sin embargo, nos centraremos en su usuario: porque hay pocas cosas más incómodas que intentar dormir con una de esas pequeñas mantas. Lo intentas, si no te queda otro remedio, pero es una sensación horrible, que te obliga a dar vueltas una y otra vez. De hecho, puestos a elegir, quizás muchos preferiríamos directamente no tener nada. Con una de esas absurdas tiras de poco más de un metro de tela, lo normal es que te levantes del intento de siesta más enfadado de lo que estabas al comienzo.

No sabemos si fue esto (lo de dormir mal) lo que le pasaba al ministro de Seguridad Social, José Luis Escrivá. Pero el pasado miércoles por la mañana se le notaba irascible. De hecho, lo que iba a ser una entrevista radiofónica más se convirtió en uno de los momentos más comentados de la semana, tras su enganchada con Carlos Alsina a costa de la ampliación del período de cálculo, de los titulares en los medios, de las filtraciones desde su Gobierno y de una prensa que no informa de lo que, en su opinión, debería informar.

Porque sí, para las pensiones, lo de la manta corta funciona. Nosotros también, hemos de reconocerlo, hemos tirado de la metáfora en alguna ocasión. De hecho, en este caso, podríamos ir más allá y pasar de trilema a "tetralema" o "pentalema" (y sí, sabemos que nos arriesgamos a llevar estos juego de palabras demasiado lejos). Porque aquí los objetivos se multiplican y cada uno de ellos tira en una dirección. Como mínimo, podemos identificar estos cinco:

  • Suficiencia (prestaciones lo más elevadas posibles)
  • Solidaridad-progresividad (un mínimo para todas las prestaciones, incluso las más bajas o las no contributivas)
  • Solidaridad intergeneracional (reparto de cargas y ajustes entre diferentes cohortes)
  • Sostenibilidad del sistema (que se puedan pagar con los impuestos recaudados y que mantenga las promesas hechas a los actuales trabajadores sobre su futuro)
  • Contributividad (premiar al que más ha aportado durante su carrera)

Vayan ustedes a los principales documentos que nuestros políticos escriben sobre la materia (por ejemplo, las recomendaciones del Pacto de Toledo) y allí encontrarán estos conceptos, que siempre quieren explicar un poco y ocultar otro poco. Eso sí, nada de mantas cortas: nuestros partidos aseguran que conseguirán llegar a todo. Si les hacemos caso, las pensiones serán más solidarias y también más contributivas (algo metafísicamente imposible), se garantiza la suficiencia, pero también la sostenibilidad. Y, por supuesto, la solidaridad entre jóvenes-trabajadores y ancianos-jubilados.

El enfado de Escrivá

También este Gobierno se apunta a las reformas sin dolor. Según lo publicado esta semana, esto es lo que ha mandado, en los últimos días, a la UE como propuestas para las pensiones:

  1. Separación de fuentes de financiación para que la Seguridad Social deje de pagar los que se han dado en denominar como "gastos impropios"
  2. Mantener el poder adquisitivo de las actuales pensiones: consolidando el IPC para todos los años o, lo más probable, con un nuevo indicador que incluya mínimos ajustes (por ejemplo, años de inflación negativa, como admitía el propio ministro en una entrevista)
  3. Subir la edad de jubilación: no tanto la legal como la real
  4. Incrementar la contributividad: aquí estaba la famosa ficha fantasma con los 35 años para el cómputo de la base. Los 35 años, por ahora, parece que se han caído del documento enviado a Bruselas, pero no nos engañemos, cuando se dice "más contributividad" la dirección es ésa.
  5. Impulso a sistemas complementarios: súper fondo público de gestión privada, implantación de un segundo pilar (planes de empresa a la británica)... Hay varias opciones en este punto.
  6. Nuevo factor de "equidad intergeneracional": o lo que es lo mismo, un nuevo factor de sostenibilidad como el de la reforma de 2013 con otro nombre más atractivo y un envoltorio que lo haga más vendible
  7. Elevar los ingresos del sistema de autónomos obligándoles a cotizar por sus ingresos reales
  8. Cambios en el complemento de maternidad
  9. Destope de las cotizaciones máximas (sin un aumento equivalente en las pensiones máximas, por supuesto)

Como vemos, un poco de todo: propuestas de recorte de gasto (3, 4, 6) pero también otras que lo incrementan bastante (sobre todo la 2, pero también la 8). Y unas cuantas que implican subir los impuestos o los costes que soportan los actuales trabajadores, aunque sin decirlo claramente (1, 5, 7, 9).

Además, hay un aspecto que no puede olvidarse: en las pensiones, tan importante es el factor presupuestario como el político. Esto no consiste sólo en recortar, sino en cómo vender el recorte. Y en este punto, Escrivá se encuentra ante otro trilema complicado:

  • Contentar a la UE y a nuestros socios, que quieren recortes-reformas de verdad. O al menos quieren decir que los habrá. Los gobiernos holandés o alemán necesitan titulares con los que contentar a un electorado con la mosca detrás de la oreja tras el último plan de la UE, en el que ellos vuelven a pagar y los países del sur a recibir. Y ninguna otra medida es más impactante que una reforma de las pensiones.
  • Cuadrar las cuentas. No sólo presiona Bruselas. Presiona la contabilidad. A veces parece que reformar las pensiones es una especie de concesión desagradable que tenemos que hacer a nuestros socios. Pues no. Es una realidad imperiosa. Y, cada vez más, es una realidad de corto plazo. Porque, además, esto no va sólo de la Seguridad Social: como hemos explicado otras veces, esto va del Reino de España y de su capacidad de financiar su déficit anual y de refinanciar su deuda (en máximos en los dos casos, por cierto).
  • Ganar el relato. En el Gobierno y fuera del Gobierno. Porque presiona la oposición. Y porque pocos temas son más sensibles a la demagogia que las pensiones. El PP lo hizo en 2011; el PSOE en 2013; y ahora lo harán todos, de VOX a... Podemos. Sí, aquí Escrivá tiene el enemigo en casa. Pablo Iglesias sabe que hay que diferenciarse del que es su socio de coalición, pero también su rival electoral. Y ningún tema para hacer daño mejor que las pensiones. Iglesias o Yolanda Díaz pagarían parte de sus sueldos por una reforma que implique recortes impulsada por el PSOE y apoyada por PP, Ciudadanos y PNV. Y rechazada por ellos y el resto de los grupos de izquierda.

Con todos estos condicionantes, y son muchos, la táctica de Escrivá durante los últimos meses parecía clara. La receta tenía medio kilo de IPC, otro medio de paramétricas, y un poco de ajustes menores (separación de fuentes, destope, autónomos...). Con lo primero, se ganaba a los pensionistas y el titular benévolo para el corto plazo. Con lo segundo, planteaba un recorte muy contundente, pero que hace una década coló sorprendentemente bien: si comparamos las reformas de 2011 (PSOE) y 213 (PP), la primera suponía una rebaja de las pensiones de los nuevos jubilados muy superior a la segunda. La proporción era más o menos de 70-30. Sin embargo, las protestas en la calle se las comieron los populares y el sambenito lo cargó el Factor de Sostenibilidad.

Las llamadas "reformas paramétricas" (retraso en la edad de jubilación, ampliación del período de cálculo, años cotizados para cobrar el 100% de la pensión, condiciones de la jubilación anticipada, etc...) parecía que se aceptaban mejor. Pero al ministro se le olvidaba un factor: al final, la contestación a las reformas no depende tanto de las medidas aprobadas como de lo que el público perciba. Y lo que el público perciba dependerá de los medios de comunicación y de la oposición. También la oposición que tiene dentro del Gobierno y también la de los sindicatos: en 2011, unos y otros (medios de comunicación, partidos a la izquierda del PSOE, sindicatos) quizás era más sumisos o estaban a otras cosas hace una década. Ahora los tiene dentro de casa y haciendo labor de desgaste.

Por aquí quizás se entienda también el enfado de Escrivá. ¿Planteó su Ministerio la subida del período de cálculo de 25 a 35? Quizás nunca se sabrá quién lo hizo, pero la famosa ficha estaba ahí, se discutió, se publicó y, lo más importante, se dio por buena en el Gobierno: tanto Nadia Calviño (a favor) como Iglesias y Díaz (en contra) respondieron a los periodistas cuando les preguntaron sobre el tema asumiendo que era una propuesta que no estaba cerrada pero que sí estaba encima de la mesa y se debatía. Al ministro del ramo no le ha gustado que esto se sepa. Aunque ha tardado un mes y medio en decírselo, a sus compañeros de gabinete y a la opinión pública. ¿No le gusta la propuesta o no le gusta que haya salido a la luz? ¿O no le gusta que en 2021 no haya colado como lo hizo en 2011? ¿Era uno de esos globos sonda que se lanzan en parte para ver cómo respira el público y en parte para que la idea vaya calando? Cuidado, porque no es el único punto polémico: en cualquier momento se le puede abrir otro frente con las jubilaciones anticipadas, que a los sindicatos les encantan pero el ministro quiere cambiar por completo.

Mucha tensión. Muchos problemas. Muchos enemigos. Y pocas soluciones sencillas. Hablando en términos propios del sistema de pensiones, no sabemos si el ministro está estructuralmente enfadado o lo del otro día fue algo puntual, como cuando se te descuadran las cuentas del ejercicio por la covid-19. Pero sí parecía mucho más disgustado que en cualquier otro momento desde que llegó al Gobierno desde la AIReF (por cierto, un órgano que en teoría controlaba al Ejecutivo y que muchas veces emitía opiniones muy molestas para algunos ministros; los periodistas ya sabemos, y Escrivá está aprendiendo, que es más fácil vivir en este lado de la trinchera). Quizás sea cierto, como le dijo a Alsina, que la "narrativa" que se ha impuesto no es cierta. O quizás sea cierta pero no es la que le interesa. O quizás el problema ha sido de manejo de los tiempos: no quería que saliera ahora a la luz. O quizás, simplemente, es que eran las 9.00 de la mañana y había dormido mal. Hay pocas circunstancias que le saquen a uno de sus casillas como una mala noche. Las mantas cortas no sólo afectan a la Seguridad Social.

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