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José García Domínguez

El lado oscuro de los 'Next Generation'

Solo en EEUU, se estima que el 46% de los empleos podrán ser sustituidos por novísimas aplicaciones tecnológicas. ¿Dónde están los motivos para tanta euforia?

José García Domínguez
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Esa desbordada euforia ecuménica, universal, tanto a diestra como a siniestra, el inopinado remake contemporáneo de Bienvenido Mister Marshall que se vive aquí desde que se empezó a oler la llegada de los 140.000 kilos de los Next Generation, ese cuento de la lechera tecnológica, a mí me recuerda mucho el ambiente de rendido entusiasmo colectivo que también se apoderó de España cuando el instante de nuestra incorporación formal a la Unión Europea. Tampoco entonces se levantó ni una sola voz crítica, ni una sola. A tal extremo llegó el muy cegato y bobalicón furor europeísta que se desparramó por las élites políticas, económicas y culturales del país. Un lerdo entusiasmo que todavía hoy, 37 años después, impide que tanto la opinión pública como la publicada sean capaces de reconocer el muy evidente nexo causal que existe entre aquel acontecimiento y las estratosféricas tasas de desempleo crónico que caracterizan a la economía española desde la década los noventa. Y lo que se nos viene ahora encima va a ser otro tanto de lo mismo.  

La generalizada digitalización de las economías nacionales, destino último del grueso de esos fondos comunitarios en los países receptores, incluida España, va a conllevar, y en un plazo asombrosamente breve, un salto cualitativo en sus estructuras productivas, mutación que no resulta exagerado comparar con la que supuso la Primera Revolución Industrial cuando el XIX. Una revolución, la industrial, que hoy, un par de siglos después de producirse los hechos, tiene muy buena prensa en tanto que prometeico motor germinal del progreso de Occidente, pero que supuso una verdadera desgracia para la inmensa mayoría de los que sufrieron la condena de tener que vivirla. Baste recordar que las máquinas destruyeron millones de empleos en Europa, empleos que se tardó casi un siglo en recuperar (los luditas no eran ni tan ignorantes ni tan idiotas como siempre se nos quiere hacer creer). El hambre se tornó habitual en las ciudades y países enteros, como Irlanda, tuvieron que emigrar a América para no morir de inanición. Bien, pues la muy celebrada digitalización tendrá efectos no tan distintos. Solo en Estados Unidos, se estima que el 46% de los empleos podrán ser sustituidos en algún momento del futuro inmediato por esas novísimas aplicaciones tecnológicas. ¿Dónde están, pues, los motivos para tanta euforia pueblerina?

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