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Javier Jové Sandoval

Asturias se muere

Las políticas socialistas han hecho de Asturias un territorio hostil para la vida humana, no sólo biológicamente hablando, sino también económicamente.

Javier Jové Sandoval
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Las políticas socialistas han hecho de Asturias un territorio hostil para la vida humana, no sólo biológicamente hablando, sino también económicamente.
Pareja de jubilados con mascarillas sentados en un banco de Oviedo | Europa Press

Desde que en 1985 (hace ya treinta y seis años) el diseñador Arcadi Moradell creara el exitoso lema y el logotipo que constituyen la marca turística del Principado, Asturias viene siendo conocida como el "paraíso natural". Sin embargo, en ese mismo lapso de tiempo, Asturias ha visto cómo ese vergel natural se ha vuelto hostil para los humanos, cómo la exuberancia de su geografía, la rotundidad de su gastronomía y la calidez de sus gentes enmascara una sociedad desorientada, desnortada, confusa, pasiva, atrapada en la reivindicación constante e incapaz de articular una respuesta constructiva. Este clima de abulia y aletargamiento social ha sido posible por décadas de gobiernos socialistas, de una economía subsidiada que no ofrece esperanzas de una vida mejor.

Cada año fallecen en Asturias más del doble de personas que nacen. En 2019, últimos datos disponibles, fallecieron 2,5 veces más que personas nacieron: 5.152 nacimientos frente a 12.893 defunciones. Datos que empeorarán sensiblemente en 2020 y 2021, pues los óbitos serán aún mayores y los nacimientos menores. A estas dramáticas cifras hay que añadirles los 2.087 abortos practicados en Asturias y que la sitúan en el tercer puesto entre las regiones más abortistas, empatada con Madrid y sólo por detrás de Cataluña y Baleares. Es decir, uno de cada tres bebés asturianos en gestación es abortado, acaba en el cubo de la basura. Por si estos datos no fueran suficientes para trazar el lúgubre panorama asturiano, la tasa de suicidio es del once por cada cien mil habitantes, un 152 por ciento superior a la media nacional, que es de tan sólo el 7,25 por cada cien mil.

Con los datos anteriores, no es de extrañar que Asturias vaya camino del colapso demográfico. Así, el año pasado perdió 7.224 habitantes, lo que supuso una reducción del 0,7 por ciento su población, quedando en 1.011.560 habitantes. De mantenerse la tendencia, que es lo previsible, la región bajaría del millón de habitantes en dos años. Este descenso del 0,7 por ciento es, una vez más, el más alto de toda España y muy superior a la media nacional, situada en el 0,2 por ciento. Lejos quedan los 1.130.500 habitantes que Asturias llegó a tener en 1981. En cuarenta años Asturias ha perdido casi 120.000 habitantes, el 10,5 por ciento de su población. La sangría demográfica adquiere tintes apocalípticos en las cuencas mineras. Mieres, otrora localidad pujante y dinámica, ha perdido el 46% de su población entre los años 1960 y 2018, pasando de los 70.871 a 38.428 habitantes. Hoy Mieres tiene menos población que en 1920, hace cien años.

Las políticas socialistas han hecho de Asturias un territorio hostil para la vida humana, no sólo biológicamente hablando, sino también económicamente. Según un informe reciente del Instituto de Estudios Económicos, Asturias está entre las regiones europeas con los impuestos más altos, veinticinco puntos superior a la media europea y quince a la nacional. Y tan sólo por detrás de Cataluña. El Principado es, además, una de las regiones que más recaudan por persona en tributos propios.

Cada asturiano paga 96 euros al año por los impuestos de creación autonómica, frente al euro de los madrileños o los 6,4 de Castilla-La Mancha. La imaginación de los políticos socialistas no tiene parangón cuando se trata de sacarles el dinero a sus súbditos, así, los socialistas asturianos se han sacado de la manga siete impuestos: el impuesto sobre las afecciones ambientales del uso del agua, el impuesto sobre fincas o explotaciones agrarias infrautilizadas, el impuesto sobre el juego del bingo, el impuesto sobre grandes establecimientos comerciales, el recargo sobre el Impuesto de Actividades Económicas (IAE), el impuesto sobre el desarrollo de determinadas actividades que inciden en el medio ambiente y el impuesto sobre depósitos en entidades de crédito, si bien este último ha sido declarado inconstitucional.

Décadas de gobiernos socialistas han matado a Asturias. Una región en la que sus habitantes ni tan siquiera quieren traer bebés al mundo. Ya en 2017 había en Asturias 163.600 perros, más que bebés, niños y adolescentes. Asturias se ha convertido en una tierra hostil para los humanos que no ofrece esperanza ni futuro. Una región en la que muchos se han resignado a vivir de la prejubilación del abuelo y en donde los jóvenes que no emigran, ni tan siquiera se toman la molestia de buscar trabajo, resignados ante un 66% de paro juvenil, el más alto de toda España. Una autonomía en la que su presidente, el socialista Adrián Barbón, ha reconocido que tampoco él quiere vivir y que aspira a que su amiga Adriana Lastra le busque un "puestín" en Madrid. Una región en donde se atosiga al empresario y se prodigan los "empresaurios" a la sombra de un sector público creciente e ineficiente.

Asturias languidece, se desertiza demográficamente ante la apatía social y la indiferencia de unas élites políticas, mediáticas y económicas sin amplitud de miras y que buscan únicamente sobrevivir, alargar la agonía. Asturias va camino de convertirse en una reserva natural para turistas buscando tipismo, buena y abundante gastronomía y paisajes grandiosos y vacíos al mismo tiempo. Una región para los visitantes pero sin habitantes. Asturias se muere, por muy paraíso que sea.

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