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Hace 80 años, Hitler atacó a la URSS: la razón económica de aquella operación

El líder nacional-socialista actuó en el Este tras asumir el diagnóstico de teóricos marxistas como Rosa Luxemburgo y Nichholai Bukharin.

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El líder nacional-socialista actuó en el Este tras asumir el diagnóstico de teóricos marxistas como Rosa Luxemburgo y Nichholai Bukharin.
El dictador nacional-socialista, Adolf Hitler | Cordon Press

El 22 de junio de 2021 se cumple el 80 aniversario de la invasión de la Alemania Nazi a la Unión Soviética. Aquel asalto estuvo influido en gran medida por consideraciones económicas. Como expliqué en mi libro Hitler: la política de la seducción, la meta del Führer era "conquistar un nuevo espacio vital ("lebensraum") en el Este", es decir, en Rusia. Aquel objetivo no era nuevo: ya aparecía descrito con claridad en su obra Mein Kampf, al igual que en numerosos discursos.

Hitler se sumó a una teoría que también era defendida por teóricos marxistas, como Rosa Luxemburgo y Nicholai Bukharin: la de los "mercados en contracción". Según esta tesis, el camino de la internacionalización era un error del empresariado teutón, puesto que esto aumentaba su dependencia del extranjero. En opinión de Hitler, las ventas foráneas iban a describir una tendencia a la baja como resultado de la industrialización de los antiguos países agrarios. Por tanto, centrarse en las exportaciones conducía a Alemania a un callejón sin salida. Solo ampliando el mercado interno, y consolidando el lebensraum en el Este, sería posible resolver los problemas de Alemania.

¿Es esto una prueba de que la II Guerra Mundial se libró por intereses asociados al capitalismo? Al contrario. Hitler, después de todo, rechazaba firmemente lo que describió como la estrategia de "conquista económicamente pacífica del mundo". En su opinión, la fuerte dependencia que tenía el país teutón de las ventas en mercados foráneos era un error de juicio muy peligroso. Hitler quería convertir a Alemania en un país autónomo e independiente de la economía mundial, para lo cual se lanzó a la conquista del lebensraum, hace ahora ocho décadas.

Al Führer no le preocupaba en modo alguno la idea de abrir nuevos mercados, puesto que lo tenía en mente para la posguerra era una economía planificada. Poco después de lanzar el ataque a la Unión Soviética, el 28 de julio de 1941, Hitler declaró que "solo con una economía planificada desde arriba se puede emplear de manera sensata el poder de una nación". Unas dos semanas después declaró que, "en lo que respecta a la planificación de la economía, todavía estamos empezando…". Un año más tarde se volvió a manifestar en este sentido: "Incluso después de la guerra, no podríamos renunciar al control estatal de la economía (...) porque, de lo contrario, cada grupo de interés pensará exclusivamente en la realización de sus propios deseos".

La admiración de Hitler por el sistema económico soviético creció y, de hecho, el líder nacional-socialista confesó que consideraba que dicha estructura era muy superior al modelo capitalista. Dirigiéndose a un pequeño círculo de confianza, en agosto de 1942, observó lo siguiente: "Si Stalin continúa su proyecto durante otros diez o quince años, la Rusia soviética se habrá convertido en la nación más poderosa de la tierra, situación que puede llegar a prolongar por 150, 200 o 300 años. ¡Un fenómeno único! No cabe duda de que el modelo soviético ha elevado el nivel de vida de la población. La gente no pasa hambre. Tomando en conjunto todo lo que han hecho, podemos ver que construyeron fábricas donde antes solo había pueblos olvidados, fábricas tan grandes como la de Hermann Göring". En otra ocasión, también en una reunión con un pequeño grupo de personas cercanas, Hitler dijo que Stalin era "todo un genio", hacia quien era debido "tener un respeto incondicional", especialmente dada su estrategia de planificación económica "que lo abarca todo". Hitler añadió que no tenía ninguna duda de que no había habido desempleo en la URSS, a diferencia de lo que ocurría en países capitalistas como Estados Unidos.

En numerosas ocasiones, el dictador mencionó en aquellas conversaciones informales que sería necesario nacionalizar las grandes sociedades alemanas, la industria energética y los subsectores que gestionaban "materias primas esenciales", como por ejemplo las empresas dedicadas al hierro. En plena guerra, consideraba que no era el momento adecuado para implementar medidas tan radicales y orientadas a la nacionalización.

Hitler y los nacionalsocialistas eran conscientes de que el momento histórico requería de cierto gradualismo y, de hecho, se esforzaban en hacer todo lo posible para disipar los temores de nacionalización que habían calado desde años atrás entre los principales industriales del país. Un memorando de Heinrich Himmler, emitido el 21 de octubre de 1942, afirma por ejemplo que, "durante la guerra, introducir un cambio fundamental de nuestra economía capitalista no es posible". De igual manera, en un informe elaborado en julio de 1944, un capitán del Ejército se pregunta "por qué las SS no se dedican también a actividades comerciales".

"Desde círculos que piensan puramente en términos capitalistas, se critica que se desarrollen empresas públicas. La era del sistema liberal de negocios exigía la primacía del sector privado. Dicho con otras palabras, los negocios son lo primero y luego, solo luego, se considera al Estado. En contraposición a esta forma de pensar, el nacionalsocialismo toma una posición muy distinta: el Estado dirige la economía, el Estado no está ahí para los negocios, los negocios están ahí para el Estado".

Durante una conversación con Mussolini, el 22 de abril de 1944, Hitler dijo que se había convencido de que el capitalismo había llegado al fin de ciclo y afirmaba que las naciones de Occidente ya no estaban dispuestas a defenderlo. "Solo el fascismo y el nacionalsocialismo sobrevivirán a la guerra", dijo, "y tal vez el bolchevismo en el Este".

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Rainer Zitelmann es empresario y doctor en historia y sociología. Su último libro, El capitalismo no es el problema, es la solución, acaba de ser traducido al español (Unión Editorial, 2021).

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