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Jaime Gómez-Obregón, el informático que ha destapado el despilfarro y la "charlatanería" tecnológica de los políticos

La digitalización se ha convertido en un pozo sin fondo en el que los políticos dilapidan los recursos de los que pagan impuestos.

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La digitalización se ha convertido en un pozo sin fondo en el que los políticos dilapidan los recursos de los que pagan impuestos.
Jaime Gómez-Obregón | Wikipedia

Gastar el dinero de los contribuyentes en proyectos inútiles para el ciudadano se ha convertido en deporte nacional entre la clase política. Obras mastodónticas, infraestructuras absurdas, cargos a dedo, estudios de dudoso rigor… Cualquier área es susceptible de convertirse en un pozo sin fondo en el que dilapidar los recursos que provienen de los que pagan impuestos.

Eso sí, en los últimos tiempos hay un campo que ha ganado fuerza y está haciendo las delicias de las Administraciones más irresponsables: la "digitalización". Es en esta especialidad donde Gobierno, CCAA y ayuntamientos están aumentando el despilfarro de buena parte del dinero de los contribuyentes en proyectos sin sentido. Por eso, el ingeniero Jaime Gómez-Obregón lleva desde 2020 rastreando a fondo los planes públicos relacionados con las nuevas tecnologías. Así, los escandalosos hechos que ha ido descubriendo este hacker cántabro gracias al big data están corriendo como la pólvora en internet.

Gómez-Obregón comparte a diario en sus redes sociales todos los "chanchullos" que destapa. Lo cuenta con una mezcla de humor e ironía que ya se ha convertido en su seña de identidad. No le ciegan los colores políticos. "Nunca busco de qué partido es el alcalde o el consejero que ha promovido el proyecto de turno. No me interesa", asegura en una conversación con Libre Mercado. También ha aprovechado en la charla para denunciar "charlatanerismo político" que ha surgido alrededor de las nuevas tecnologías para que no nos tomen el pelo. A continuación, algunos de los proyectos más rocambolescos y que se financian con el dinero de todos.

Smart Turismo en Lepe por 200.000 euros

Corría el año 2017. El alcalde de Lepe anunciaba a bombo y platillo el proyecto "Lepe Smart Turismo y Gobernanza" que costaría la friolera de 200.000 euros y que estaría financiado al 80% por Red.es, dependiente del Ministerio de Economía. El proyecto de Lepe estaba dentro de los 13,1 millones de euros que el anterior gobierno del PP decidió destinar a desarrollar "ciudades inteligentes" en los municipios españoles.

"El proyecto arranca con toda la charlatanería en tecnolengua propia de los vendedores de crecepelo digital: "smart turismo", "ciudad inteligente", "geovisor smart", "agenda digital", "plataforma tecnológica" y una digna de los libros de Stephen King: "administración electrónica", cuenta Gómez-Obregón. ¿Los objetivos? No podían ser más genéricos: "Mejorar el bienestar social y económico de los ciudadanos de Lepe, ofrecerles mejores servicios públicos, una ciudad más eficiente y sostenible y mejorar la participación y comunicación entre ciudadanos y el ayuntamiento".

Cuatro años después de que, en teoría, hubieran convertido a Lepe en una "ciudad inteligente", cuál es la sorpresa que se encuentra el ingeniero, cuando comprueba que "la web no se ha actualizado desde entonces y que su app suma sólo en torno a 100 descargas en cuatro años. Hasta el pueblo de Churriana de la Vega tiene más de mil y no es municipio inteligente", ironiza. Pero hay más: el buscador de su web no funciona y tampoco el mapa, "porque no están pagando la licencia para usar Google Maps", explica. Y esta es la foto cuatro años después de la transformación digital de Lepe: "Un gigantesco fraude orquestado por organismos públicos con fondos europeos para mayor gloria del cacique local y ante la impotencia de los vecinos por cuyo bienestar se dice perpetrar", denuncia. El hilo no tiene desperdicio.

Alcantarilla Smart City... fantasma

"Neolengua tecnológica, dinero público y políticos". La mezcla perfecta para crear "Alcantarilla Smart City", un proyecto elaborado por el ayuntamiento murciano de Alcantarilla para "comunicarse con sus ciudadanos". Tres años después de su puesta de largo, "solo quedan enlaces rotos fosilizados en el portal municipal, la app ha desaparecido de la tienda de Google y solo tiene dos comentarios en descargas". En la web más de lo mismo: "La página de participación ciudadana es un páramo yermo. No hay nada en que participar". Tampoco funciona la sección sobre calidad del agua y el botón con las farmacias de guardia es "un mero enlace a un PDF externo datado en abril. No sabemos de qué año".

A pesar de este fiasco, el afán tecnológico del alcalde de Alcantarilla no cesa y vuelve a la carga en 2021 con una app especializada en inteligencia artificial. Gómez-Obregón no da crédito: "¡Esta ignominia podrá divisarse desde el espacio!" exclama.

El Amazon extremeño, el canario, el asturiano...

Una de las cosas que más indigna a Gómez-Obregón es que "los políticos intenten hacer creer a los ciudadanos que con la tecnología se puede arreglar cualquiera de sus problemas". Por eso, gastan millones de euros de dinero público en crear un Amazon extremeño o uno canario, cuando Amazon es precisamente rentable porque se trata de una empresa privada. "De la cultura de la subvención raramente florece algo de valor", declara.

Como el comercio minorista es "uno de los colectivos más afectados por la fiebre tecnosolucionista que ha infectado a nuestros gobernantes", ingentes cantidades de dinero se destinan a proyectos como DTiendas, una app móvil para la promoción del comercio en Linares (Jaén, 57.000 habitantes) que tiene unas 10 paupérrimas descargas en año y medio, casi la misma cantidad de organismos públicos que la patrocinaron.

"Ni en Linares ni en Toledo ni en Benicarló ni en ninguna otra plaza se dice a los comerciantes la simple realidad: una parte significativa de las tiendas está desapareciendo y ninguna iniciativa de digitalización las salvará. El ciclo de vida de muchos comercios se ha cumplido", admite Gómez-Obregón. El trabajo de este ingeniero es muy extenso y tiene a Cantabria como campo de pruebas. A partir de ahora, los políticos tienen una razón más para pensarse dos veces si les merece la pena malgastar el dinero de sus vecinos en ideas absurdas.

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