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María Blanco: "La izquierda dice que defiende a mujeres o pobres, pero busca rentas a base de colectivizar"

La economista publica "Votasteis gestos, tenéis gestos", un ensayo sobre el deterioro de la democracia y las instituciones en España.

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La economista publica "Votasteis gestos, tenéis gestos", un ensayo sobre el deterioro de la democracia y las instituciones en España.
María Blanco presenta nuevo libro | FPP
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María Blanco vuelve a la carga. Tras la buena acogida que tuvo "Hacienda somos todos, cariño", escrito junto con Carlos Rodríguez Braun y Daniel Ávila, llega el lanzamiento de "Votasteis gestos, tenéis gestos" (Deusto, 2021), un ensayo en el que la profesora de Historia e Instituciones Económicas de la Universidad San Pablo CEU reflexiona sobre la decadencia de la democracia española.

"El libro es un intento de dar una explicación a la deriva política que tiene nuestra democracia y que la pandemia ha puesto de manifiesto. Ese deterioro viene de mucho más atrás, pero vivir una situación tan terrible ha hecho que emerja la evidencia de que la evolución a peor. Y es algo que no solo aplica a España, la decadencia es evidente en muchos países de Occidente, en democracias de Hispanoamérica que están involucionando…", apunta en declaraciones a este diario.

Blanco considera que "el Estado de Derecho es la institución que mejor puede prevenir el giro de la democracia hacia sistemas totalitarios, pero no es una condición suficiente para garantizar la libertad. Hay una larga tradición de pensadores liberales que ya nos avisaron de ello. Friedrich Hayek, Bruno Leoni, Anthony de Jasay… insistieron en que no basta con consolidar un Estado de Derecho, porque siempre puede degenerar. Por eso, la sociedad civil tiene que jugar un papel central. Y ahí es donde tenemos mucho trabajo por hacer".

"He intentado remontarme en el tiempo y evaluar en qué hemos fallado. Creo que no hemos vigilado bien la calidad de la democracia, hemos permitido ataques reiterados a la independencia judicial, hemos aceptado que no haya rendición de cuentas ante escándalos políticos de primer orden, etc. Al final, se ha consolidado un sistema político francamente mejorable. La ciudadanía tiene la obligación moral de vigilar y controlar lo que sucede en las instituciones, de lo contrario somos esclavos de nuestros representantes políticos", alerta Blanco.

La economista aborda la situación catalana partiendo de que "una cosa es reconocer el derecho a la secesión, que puede articularse mediante distintas fórmulas, y otra muy distinta los medios mediante los cuales se canaliza y desarrolla un proceso secesionista. En el caso catalán, incluso si uno es partidario de la separación de Cataluña, el cómo es fundamental. Y la cruda realidad es que, hoy por hoy, los partidos independentistas se dedican a la extorsión, la censura, la discriminación y el totalitarismo. Emplear esos medios es a todas luces inaceptable. Por tanto, los liberales o libertarios que entran en este debate tienen que ser conscientes de eso. Además, creo que durante los últimos años ha quedado de manifiesto que, más que la independencia, lo que les preocupa a las élites catalanas es su "chiringuito", buscan por encima de todo mantener el poder. Y, en relación con el tipo de secesión que plantean, es gravísimo que, por ejemplo, la ley de transitoriedad que llegó a impulsar el independentismo codificase de forma explícita el sometimiento del poder judicial por parte del ejecutivo".

Reflexionando sobre la deriva identitaria de la izquierda, nuestra entrevistada advierte de que, "aunque digan que defienden a las mujeres, a los pobres o a los inmigrantes, en realidad, lo único que hacen es buscar rentas a base de colectivizar y utilizar a las personas. Esa manipulación de los procesos de representación nos hace mucho daño y, peor aún, complica enormemente los debates, porque los contamina de tal manera que cualquier crítica a la línea oficialista es tildada de machista, despiadada, racista, etc.".

Pensando en clave económica, Blanco constata que, "históricamente, la identidad obrera ha sido "monopolizada" por la izquierda. Sin embargo, hoy en día vemos que muchos barrios obreros ya no es que sean "territorio PP", sino que incluso son "territorio Vox". ¿Por qué? Porque la identidad obrera otorga relevancia a aspectos como el empleo y el bienestar, mientras que el discurso de la izquierda ahora se centra en otras banderas identitarias que poco o nada le dicen al trabajador humilde cuyo principal problema es llegar a fin de mes".

¿Y qué hay de la economía? La autora considera que "desde el gobierno nos están vendiendo la idea de que hacemos reformas de calado, de que nos estamos convirtiendo en una economía "verde" y "digitalizada"… pero eso son solamente gestos, la realidad es otra. Poco a poco, resulta cada vez más evidente que no hay nada detrás de esa retórica. Me preocupa mucho que el aumento del paro ya no parece ser coyuntural, sino estructural. También me preocupa la precarización del sistema productivo, que sobrevive con tantas dificultades que no puede ofrecer salarios competitivos y nos condena, me temo, a convertirnos en una economía de segunda, lejos de los países con los que deberíamos estar comparándonos. Y, en definitiva, me temo que estamos ante un proceso de deterioro lento pero progresivo de nuestros niveles de bienestar. Lo mismo que con la calidad de la democracia y las instituciones, vamos".

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