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Ganaderos en pie de guerra por el lobo: "A Teresa Ribera le contaron el cuento de Caperucita al revés"

Dos ganaderos denuncian el maltrato de la ministra Ribera al sector primario: "No vamos a trabajar para dar de comer a los lobos".

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Dos ganaderos denuncian el maltrato de la ministra Ribera al sector primario: "No vamos a trabajar para dar de comer a los lobos".
Ejemplar de lobo ibérico. | Pixabay

A la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, le debieron de contar mal el cuento de Caperucita Roja. Es la sensación que tienen muchos ganaderos españoles después de que el Gobierno haya incluido al lobo ibérico en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial (LESPRE). Esto implica que la caza del lobo está prohibida y que las familias que viven de la ganadería extensiva van a sufrir un nuevo golpe económico, pero también moral.

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Mari Ángeles en su explotación ganadera.

Mari Ángeles es propietaria de una explotación familiar de unas 113 cabezas de ganado de vacuno extensivo en la Sierra de Gredos. En los últimos cuatro años, ha perdido medio centenar de terneros por ataques de lobo. "Nosotros hemos visto lobos metidos entre las vacas en pleno día y ahora no podemos hacer nada. No puede ser que nuestra ganancia esté abocada a la ruina por culpa de un depredador. Y ningún ganadero está a favor de la extinción de una especie, pero tiene que haber un control poblacional".

Antonio también tiene una explotación ganadera de 80 cabezas en la parte abulense de la Sierra de Gredos. El año pasado perdió diez terneros. Los lobos llegaron a atacar dos o tres veces en apenas quince días. Las pérdidas de Antonio superaron los 15.000 euros y las indemnizaciones públicas apenas alcanzaron los 3.000 euros. "Si sigue aumentado la población de lobos, va a ser difícil compatibilizar la ganadería extensiva si no se acompaña de ayudas adecuadas. Porque no sale a cuenta criar ganado para alimentar a los lobos", denuncia Antonio.

Paso 1: buscar el cadáver

Las indemnizaciones ahora mismo se sitúan alrededor de los 400 euros por ternero muerto, cuando en el mercado cada ejemplar podría venderse por unos 800 euros. Los pagos "no son justos" y "pueden tardar hasta cinco meses en llegar" denuncia Antonio. Además, hay que cumplir un montón de condiciones para poder cobrar, señala Mari Ángeles: "Lo primero, cuando desaparece el ternero, tienes que encontrar el cadáver. A veces pierdes días de trabajo buscando y no siempre aparece. En segundo lugar, un guarda forestal debe verificar que la muerte es por ataque de lobo. Pero si los buitres ya se han alimentado, no siempre se puede certificar, así que lo mismo no ves un euro".

Y la indemnización no cubre todos los daños, explica Antonio. "No son solo diez terneros muertos. Es que he tenido que sacrificar tres vacas porque ya no dan leche por el estrés de los ataques. Esos daños colaterales no los cuantifica nadie". Mari Ángeles opina lo mismo: "Nos tienen que indemnizar por el lucro cesante porque, además de la dispersión del ganado, las vacas a veces no se preñan o incluso abortan".

"No han visto una vaca en su vida"

"No se va a extinguir el lobo. Nos vamos a extinguir los ganaderos", denuncia Mari Ángeles. "Tiene que haber un control poblacional, igual que lo hay con todas las especies depredadoras. Y si no, que lo metan en una reserva, porque nos están quitando nuestro modo de vida". Los ganaderos también denuncian el desconocimiento que ministros como Alberto Garzón o Teresa Ribera tienen del medio rural: "Quieren proteger la España vaciada, pero en realidad son ellos quienes la están vaciando y nos vamos a tener que contentar con vivir con una paguita de 600 euros del estado", critica Antonio.

Mari Ángeles está convencida de que "la mayoría de políticos no ha visto una vaca en su vida ni tampoco sabe el trabajo que da". Aseguran que se sienten incomprendidos y maltratados. "Hay mucha gente que cree que la carne aparece por arte de magia en los estantes de los supermercados y a la señora Ribera le contaron el cuento de Caperucita del revés. No se da cuenta de que detrás de cada ternero que mata el lobo hay una familia, unos hijos, un trabajo que no entiende de vacaciones, ni festivos, ni Navidades, desde que amanece hasta que anochece, los 365 días del año".

"A uno se le quitan las ganas", lamenta Antonio. "No le recomiendo a nadie dedicarse a esto". Mari Ángeles también ha convencido a sus hijos para que busquen otra salida profesional. "No vamos a trabajar para dar de comer a los lobos. Y los políticos, antes de proponer cualquier ley, deberían venir al campo y ponerse en nuestras botas. Somos los de la España vaciada con la que se les llena tanto la boca. Si no van a hacer nada por nosotros, de acuerdo. Pero al menos, que dejen de ponernos palos en las ruedas", reclama la ganadera.

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