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Los datos destrozan el discurso anticapitalista de Yolanda Díaz

Las protestas contra el G-20 que se han celebrado este fin de semana en Roma culpan al capitalismo de la pobreza, el hambre y el cambio climático.

Los datos destrozan el discurso anticapitalista de Yolanda Díaz
Yolanda Díaz, fervorosa defensora del comunismo | EFE

En Roma, miles de personas se manifiestan contra la cumbre del G20, culpando al capitalismo de la pobreza, el hambre y el cambio climático. La ministra de Trabajo española, Yolanda Díaz, comparte ese relato en sus loas al marxismo. Pero los enemigos del capitalismo están equivocados. Deberían conocer algunos hechos básicos sobre cuestiones como el desarrollo o la degradación ambiental.

En los albores del capitalismo, hace aproximadamente 200 años, el 90% de la población mundial vivía en una situación de pobreza extrema. Hoy, esa cifra ha caído a apenas un 10%. Es particularmente interesante que la mitad de este declive se haya producido en los últimos 35 años, como demuestra Steven Pinker en su impresionante libro En defensa de la Ilustración. Estos son precisamente los mismos 35 años en los que, según el economista Thomas Piketty, la desigualdad global ha aumentado.

Los manifestantes se quejan de que los ricos son cada vez más ricos y de que cada vez hay más multimillonarios. Y es cierto que el número de multimillonarios ha aumentado considerablemente en las últimas décadas. En el año 2000, solo había 470 multimillonarios en el mundo. En la actualidad, según Forbes, hay 2.153. Pero lo que los críticos del capitalismo no entienden es que el aumento del número de multimillonarios en el mundo y la disminución del número de personas que viven en la pobreza han sido las dos caras de la misma moneda, la de la globalización capitalista.

El impacto del capitalismo es evidente si hacemos una comparación histórica más larga. Hace dos milenios, el PIB per cápita en Europa Occidental equivalía a lo que hoy serían 576 dólares, ligeramente por encima de los 467 dólares que se registraban en el conjunto de los países. Esto significa que, en Europa, el PIB per cápita tomó aproximadamente 1.800 años para duplicar su tamaño. En cambio, de 1820 a 2003, el PIB per cápita de Europa Occidental se catapultó de 1.202 a 19.912 dólares, mientras que en el conjunto de las economías capitalistas desarrolladas, sean europeas o de otras latitudes, el PIB per cápita medio ascendió hasta los 23.710 dólares.

El Índice de Libertad Económica de la Fundación Heritage, divulgado en España por el Instituto de Estudios Económicos, revela que los países más capitalistas del mundo tienen un PIB per cápita promedio de $ 71.576. Eso se compara con 47.706 dólares en los países "en su mayoría libres". En el otro extremo de la escala se encuentran los países "en su mayoría no libres" y "reprimidos", donde el PIB per cápita es de sólo $ 6,834 y $ 7,163, respectivamente.

El progreso de las últimas décadas ha sido particularmente evidente en métricas relevantes como el aumento de la esperanza de vida. La esperanza de vida al nacer ha aumentado más del doble en el último siglo que en los 200.000 años anteriores. La probabilidad de que un niño nacido hoy alcance la edad de jubilación es mayor que la probabilidad de que las generaciones anteriores llegasen a vivir su quinto cumpleaños. En 1900, la esperanza de vida media en todo el mundo era de 31 años, pero hoy este mismo indicador se sitúa en 71 años. De las aproximadamente 8.000 generaciones de homo sapiens que hemos conocido desde que surgió nuestra especie, hace aproximadamente 200.000 años, solo las últimas cuatro han experimentado disminuciones masivas en las tasas de mortalidad.

En los últimos 140 años ha habido 106 hambrunas importantes, cada una de las cuales ha costado, en promedio, más de 100.000 vidas. Pero si revisamos dónde han ocurrido, vemos que la mayoría de estos episodios se han dado en países socialistas como la Unión Soviética, China, Camboya, Etiopía o Corea del Norte, donde han muerto decenas de millones de personas a raíz de la transferencia forzosa de medios de producción privados al Estado.

En cambio, el número anual de muertes debido a grandes hambrunas se redujo a 1,4 millones en la década de 1990, como resultado del colapso de los sistemas socialistas en todo el mundo y también a raíz del giro China hacia una cierta apertura al mercado. En 1947, la Organización de las Naciones Unidas declaró que aproximadamente la mitad de la población mundial padecía desnutrición crónica. Pues bien, en 1971 este porcentaje había caído al 29% y diez años después era de apenas un 19%. En 2016, la proporción de personas que padecían desnutrición en todo el mundo se había reducido al 11%. Actualmente, el número de personas hambrientas ha vuelto a aumentar, pero esto no tiene nada que ver con el capitalismo, sino que es un efecto de la crisis de Covid-19.

Siempre que alguien pregunta qué desencadenó estos avances tan significativos en el marco de la lucha contra la pobreza global, respondo que nada ha sido tan importante como la muerte de Mao Zedong, el 9 de septiembre de 1976. A finales de la década de 1950, 45 millones de personas murieron como resultado de su "Gran salto adelante" y de su modelo comunista. Sin embargo, en mis conferencias por todo el mundo encuentro que, cada vez que pregunto sobre el coste de la revolución socialista china en términos de vidas humanas, la mayoría ni siquiera ha oído hablar de estos temas en la escuela. Los jóvenes han escuchado mucho sobre "los males del capitalismo", pero no se les ha contado nada sobre "los males del socialismo".

Tras la muerte de Mao, China comenzó a adoptar reformas de libre mercado e introdujo el reconocimiento de ciertos derechos de propiedad privada. Surgió el espíritu empresarial privado y hubo empresarios chinos que se hicieron extremadamente ricos. Hoy en día hay más multimillonarios en China que en cualquier otro país del mundo, con la excepción de Estados Unidos. Pero, al mismo tiempo que aumentaba el número de multimillonarios, más de ochocientos millones de chinos (sí, ¡ochocientos millones de chinos!) salieron de la pobreza extrema.

Todos los anticapitalistas suscriben el mismo credo. Son creyentes de suma cero y están convencidos de que los pobres son pobres porque los ricos les quitan algo. Si esta teoría de suma cero fuera correcta, los desarrollos recientes serían imposibles. Pero son las creencias de suma cero las que están equivocadas: la fuerte disminución de la pobreza y el dramático aumento simultáneo del número de multimillonarios son procesos que van de la mano.

Los manifestantes que se reúnen este fin de semana en Roma culpan al capitalismo del hambre y la pobreza, pero también de la destrucción del medio ambiente. Lo mismo hace Yolanda Díaz y buena parte de la izquierda española y europea. Pero en esto también están equivocados. Si estudiamos el Índice de Libertad Económica y lo cruzamos con el Índice Medioambiental de la Universidad de Yale, vemos que los países más abiertos al capitalismo obtienen 76,1 puntos, frente a los 50,3 de las naciones con sistemas más socialistas.

Los investigadores de la Universidad de Yale descubrieron que no solo existe una correlación entre el índice de la Fundación Heritage y su estudio, sino que también observan una correlación similar con el estudio Doing Business, en el que el Banco Mundial venía midiendo la facilidad para hacer negocios. De igual modo, los autores del estudio de la Universidad de Yale también han tomado en cuenta el Índice de Apertura de Mercado que elabora la Cámara de Comercio Internacional y mide el grado de facilitación del comercio internacional en cada país. En este caso vemos que los 19 países con mejor nota en dicho informe figuran entre los 27 países líderes del estudio de la Universidad de Yale. En palabras de los autores del estudio, "los países con una economía abierta obtienen una puntuación más alta en lo referido a su desempeño ambiental".

En pocas palabras, todos estudios apuntan en la misma dirección: el capitalismo no es el problema. Es la solución, tanto económica como medioambientalmente.

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Rainer Zitelmann es el autor de "El capitalismo no es el problema, es la solución" (Unión Editorial, 2021). Considerado uno de los liberales más influyentes de Alemania, es doctor en Sociología e Historia, empresario de éxito y columnista habitual en medios como City AM, Frankfurter Allgemeine Zeitung, Le Point o Forbes.

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