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Rubén Manso

Adquirir sin entregar nada a cambio: la fábrica de dinero y la tentación del BCE

Un banco central sólo puede decir que tiene un pasivo si ha establecido una tasa de cambio inalterable de sus billetes por algo que no puede fabricar.

Adquirir sin entregar nada a cambio: la fábrica de dinero y la tentación del BCE - Rubén Manso
Ceremonia de traspaso de poderes al frente del BCE entre Mario Draghi y Christine Lagarde, en octubre de 2019. | Cordon Press

El presente artículo es la continuación de la columna "El dinero no es un pasivo del banco central, es patrimonio neto", que el propio Rubén Manso publicó en Libre Mercado hace unas semanas.

Una columna que nace de la participación de Manso en dos episodios de nuestro podcast Economía para quedarte sin amigos: "Qué es el dinero y cuál es el papel del BCE" y "El dinero moderno y la distancia de Fráncfort a Caracas".

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El proceso de creación de dinero bancario siempre implica una adquisición de un activo por parte del banco correspondiente, sea este un banco central o no lo sea. Lo mismo da que se emitan billetes de banco o que se abone en una cuenta (creación de saldos acreedores a la vista) en favor de un agente económico.

Comencemos por lo más sencillo: la emisión de billetes bancarios. La emisión de billetes ahora mismo es un monopolio del que gozan los bancos centrales dentro de un territorio delimitado, pero en otros tiempos no fue así y los bancos privados también emitían billetes. Para nuestro caso es lo mismo: el billete es entregado por el banco emisor a un tercero a cambio de algo. En el principio, a cambio de la entrega de una cantidad de metal precioso (oro o plata). El billete era un título transmisible que permitía mediante su entrega hacer pagos, en tanto el tenedor del mismo siempre podría solicitar del emisor la entrega del metal representado por el billete. Por tanto, el banco, tradicionalmente, adquiría metales preciosos mediante la entrega de billetes.

La discusión sobre si el banco adquiría o era un mero depositario de un depósito irregular es de carácter jurídico y excede el contenido de este artículo. En cualquier caso, y de manera muy simplificada, un metal no deja de ser un bien fungible y, por tanto, es objeto de deposito irregular por lo que el depositario adquiere la propiedad del bien depositado. Justo lo contrario de lo que ocurre en el caso del depósito regular, el de un bien singular, un abrigo por ejemplo, en el que el depositario no adquiere la propiedad de lo depositado y debe devolver exactamente lo que se le entrega (mi abrigo y no otro).

La aparición de los registros contables, y de la confianza en los mismos, no exige que el adquirente del bien fungible entregue billetes, tanto como que anote en su pasivo a quién debe la cantidad resultante de la adquisición o saldo acreedor y acepte las órdenes de pago que su acreedor le ordene hasta el límite de dicha cantidad y en cualquier momento, a la vista. En términos sencillos, que le abra una cuenta corriente a su acreedor.

Todo esto está bien hasta aquí: los billetes o los saldos acreedores en cuentas a la vista reflejan el depósito de metal precioso, el medio original generalmente aceptado como de pago, que ha recibido el banco y que constituyen su activo puesto que lo ha adquirido a través de un depósito irregular. En el fondo no estoy describiendo más que lo que sería un sistema bancario de reserva completa, en la que los bancos tienen que tener la totalidad del medio original generalmente aceptado como de pago. Los billetes y los saldos acreedores a la vista anotados, ambos, serían medios de pago derivados generalmente aceptados.

La cosa se complica cuando permitimos que un banco emita billetes o saldos a la vista para adquirir no metales preciosos sino obligaciones de pago a plazo de terceros. Así, un banco puede emitir billetes o anotar saldos acreedores a la vista a cambio de adquirir un crédito o un bono sobre el receptor de dichos billetes o beneficiario del saldo acreedor a la vista. Es lo que hacemos cuando pedimos un crédito en nuestra sucursal bancaria: el banco adquiere un crédito sobre nosotros y anota un saldo acreedor a la vista. Crear dinero bancario es tan fácil como realizar un apunte en el activo de un banco por un préstamo a largo plazo que tiene como contrapartida un saldo acreedor a la vista en su pasivo.

En la actualidad, los bancos privados pueden realizar este segundo tipo de actuación como modo de crear dinero bancario: crédito a largo contra pasivo a la vista. No pueden emitir billetes, aunque hasta muy recientemente tenían figuras muy similares (certificados de depósito al portador) que han desaparecido por motivos fiscales y de persecución del blanqueo de capitales.

Los bancos centrales, sin embargo, disponen de las dos posibilidades para financiar sus adquisiciones: anotar en cuenta a la vista o entregar billetes, pero no siempre adquieren metal precioso. Lo más frecuente es que adquieran una obligación de pago de un tercero: un bono o un crédito, público o privado.

Esta introducción tan larga sólo tiene una finalidad: explicar que la creación de dinero bancario, por el banco central o por los bancos privados, se enmarca dentro de un proceso de adquisición de activos por parte del correspondiente banco emisor. Hay algunas excepciones, como por ejemplo cuando un banco paga gastos corrientes abonando en un saldo a la vista a su proveedor. En tal caso, emite dinero pero no adquiere un activo sino que incurre en un gasto. En principio, la creación de dinero para afrontar gastos por parte de la banca debe ser de menor cuantía y, en último término, debe ser soportada, como mínimo, por las aportaciones de sus socios.

Tres formas de adquirir un activo

Pero volvamos al tema. Lo relevante, una vez hecha la salvaguarda del tema de los gastos bancarios, es que la creación de dinero por parte de la banca se enmarca dentro de un proceso en el que adquiere un activo y un activo sólo puede ser adquirido mediante tres formas:

  1. A cambio de otro activo: compro un coche con dinero o lo cambio por una casa. O cambio oro por plata.
  2. A cambio de un pasivo: compro un coche y lo pago a plazos o asumo una deuda del anterior propietario del coche. O recibo oro a cambio de billetes o saldos acreedores a la vista.
  3. A cambio de nada: es un incremento de mi patrimonio neto porque tengo un nuevo activo, no he entregado otro a cambio y no se incrementa mi pasivo. Esto es lo que hacen las compañías en las ampliaciones de capital, si bien es verdad que a cambio de reconocer derechos políticos y económicos sobre dicha compañía emisora de los títulos correspondientes. También es lo que ocurre cuando recibimos una donación. En ambos casos, ampliación y donación, la contabilidad es la misma: incremento de patrimonio neto del adquirente.

Los bancos privados adquieren obligaciones de terceros (bonos, créditos, préstamos…), con los que incrementan su activo, anotando saldos acreedores a la vista, con los que incrementan su pasivo. Su patrimonio neto no se ve alterado por estas operaciones. A cambio asumen un riesgo con dos formas:

  1. que los particulares quieran retirar en forma billetes de banco central dichos saldos, para lo que necesitan billetes suficientes,
  2. que quieran retirarlos en forma de transferencia a otros bancos, para lo que necesitan saldos deudores a la vista depositados en otros bancos o en el central.

Los bancos centrales adquieren obligaciones de terceros (bonos, créditos, préstamos…) con los que incrementan su activo, anotando saldos acreedores a la vista o billetes.

Los billetes, en tanto no obliguen a entregar un patrón metálico o billetes de otro banco central, en ambos casos a una tasa de cambio fija inalterable, no son un pasivo. El oro o el dólar, para el caso de monedas dolarizadas, no pueden ser fabricados por dicho banco central. Así que un banco central sólo puede decir que tiene un pasivo si ha establecido una tasa de cambio fija inalterable de sus billetes por algo que no puede fabricar (oro, los billetes emitidos por otro banco central).

Además, la obligación de entregar oro o dólares a cambio de los billetes emitidos sólo puede constituir un pasivo si no puede ser eludida cambiando la tasa fija de intercambio. Así, un banco central que anuncia que cambiará sus billetes de 1 unidad por un dólar o un 1 gramo de oro pero puede modificar dicha obligación en cualquier momento, anunciado, por ejemplo, que a partir de ahora entregará 0,001 dólares o 0,000001 gramos de oro a cambio, no tiene un pasivo.

Los saldos acreedores a la vista, con los que un banco central ha pagado sus adquisiciones, tampoco son un pasivo si en último término sólo pueden ser canjeados por billetes emitidos por él mismo que no le obligan a entregar un patrón metálico o billetes de otro banco central, como en el caso anterior, a una tasa de cambio fija inalterable.

El BCE, por tomar el ejemplo más cercano, adquiere activos financieros (bonos, créditos, préstamos…) emitiendo billetes o anotando en favor de los que le venden los activos anteriores saldos acreedores a la vista. A cambio de estas anotaciones sólo asume una obligación: reponerles billetes nuevos de euro a ambos. Billetes que él mismo fabrica. Así que, cada vez que realiza una adquisición de activos aumenta su patrimonio, sin que le reconozca a los tenedores de los títulos que emite (billetes o saldos acreedores a la vista canjeables por billetes) derechos políticos (voto, oponerse a nuevas emisiones...) ni económicos (participación en beneficios, participación en el reparto en caso de liquidación de activos) como sí ocurre con los títulos de capital que tienen sus accionistas (los estados miembros de la Zona Euro)

Cualquier ente que pueda adquirir sin entregar nada a cambio (un activo) o endeudarse (un pasivo) y no reconozca derechos políticos ni económicos a los que financian sus adquisiciones, adquirirá sin límite. Es más, puede llegar a tener la tentación de sufragar también sus gastos sin límite con el recurso a sus financiadores privados de derechos políticos y económicos. A esto último aún no hemos llegado, a lo anterior (adquisición de activos sin límite) sí.

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