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EDITORIAL

Pasividad del Gobierno ante una inflación y una deuda disparadas

La presión inflacionista hará más pronto que tarde que el BCE eleve los tipos de interés, lo que podría abocar a España a una situación insostenible.

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El incremento de la inflación es una lacra que está afectando a todos los países occidentales. Aun así, este mal de muchos, que siempre es consuelo de tontos, no debe borrar el hecho de que España es uno de los que más lo está sufriendo. Por eso, y por las escandalosas cifras de desempleo, encabeza el índice de miseria de la UE. El IPC subió en noviembre un 0,4%, lo que sitúa la tasa interanual en el 5,6%, el nivel más alto en casi treinta años.

Por mucho que el Ejecutivo social-comunista le quite importancia asegurando con alegre estulticia que se trata de un fenómeno transitorio, la inflación subyacente (que no tiene en cuenta los alimentos no elaborados ni los productos energéticos) subió el mes pasado un 1,7% (en abril era del 0%), lo que indica que, una vez eliminado el efecto volatilidad, el aumento generalizado de los precios sigue ahí. Por otro lado, no hay un solo dato objetivo que lleve a pensar que el tremendo aumento del precio de la energía vaya a ser necesariamente pasajero.

Lo peor es que a la descontrolada inflación hay que añadir que España es uno de los países europeos con más deuda pública: ya ronda el billón y medio de euros, superando el 122% del PIB.

Hasta ahora, los efectos de ese insensato nivel de endeudamiento se han podido anestesiar por la muy cuestionable política de tipos artificialmente bajos del Banco Central Europeo (BCE), que nos permitía pagar muy poco en concepto de intereses. Sin embargo, la creciente y generalizada presión inflacionista hará que, más pronto que tarde, el BCE eleve los tipos, lo que podría colocarnos en una situación insostenible. Téngase en cuenta, en este sentido, que el objetivo legal y fundacional del BCE no es auxiliar a Gobiernos irresponsables y manirrotos como el de Pedro Sánchez y su socia Yolanda Díaz, sino el de preservar el valor adquisitivo del euro.

Así las cosas, ya podrá el Gobierno cerrar los ojos y aferrarse a su política de aumento del gasto y, consecuentemente, del déficit y el endeudamiento públicos, que esa desquiciada huida hacia adelante bien puede llegar a su fin precisamente por el incremento de la inflación. Con todo, es inútil pedir previsión a un individuo como Sánchez, que parece guiarse exclusivamente por el cortoplacismo más inescrupulosamente oportunista.

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