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José Rodríguez Cuadrado

El premio histórico por ahorrar es un 7% anual de rentabilidad

La propuesta de ahorrar y crear un patrimonio parece indefendible en nuestra sociedad, más allá de si uno se dirige a la clase más privilegiada.

La propuesta de ahorrar y crear un patrimonio parece indefendible en nuestra sociedad, más allá de si uno se dirige a la clase más privilegiada.
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La deuda esclaviza y el mundo no ha cambiado demasiado en 3.000 años. Parece ser que fue el rey Salomón quien escribió en el libro de los Proverbios "el deudor es esclavo del acreedor", máxima que hoy pocos tienen en consideración. Todos aquellos que se a aferran a trabajos que aborrecen son ejemplo de esta esclavitud. Y son muchos, como ilustra la encuesta Gallup que afirma que solo el 15% de los trabajadores a tiempo completo del mundo están comprometidos con su trabajo. Pero estos trabajadores siguen en sus puestos para poder llegar a fin de mes y pagar sus deudas.

La situación económica tampoco acompaña; la deuda lamentablemente no deja de aumentar y ya supera el 250% del PIB mundial marcando su máximo histórico según el FMI. ¿Es que acaso se nos ha olvidado de aquello que ya sabían hace tres milenios?

El hombre no deja de repetir los mismos errores y cuando nos comparamos con el pasado, rápidamente decimos para justificarnos: "Esta vez es diferente". Es uno de los muchos sesgos con los que tenemos que combatir a la hora de manejar nuestro dinero. El sesgo de ilusión de control nos lleva a pensar que nosotros sí podemos controlar. Ejemplo de esto fue el estudio del banco Dresdner Kleinwort Wasserstein que tomó dos grupos de personas. El primer grupo recibió un número al azar de lotería y el segundo grupo eligió su número. Los primeros apostaron una media de 2 dólares y los segundos apostaron 9 dólares de media. Creían los últimos que controlaban más la suerte por poder elegir. Sin embargo, la realidad no es diferente porque uno se sienta en control. La realidad es la que es.

La propuesta de ahorrar y crear un patrimonio parece una idea indefendible en nuestra sociedad, más allá de si uno se dirige a la clase más privilegiada. Por el contrario, está al alcance de todos. Las claves residen en tener la motivación y seguir un método, ya lo escribió George S. Clason hace casi un siglo en su libro El hombre más rico de Babilonia que tantos éxitos ha cosechado.

Vivimos en una sociedad de consumo en la que nos dejamos llevar por la inmediatez. El sesgo del presente está ahora más vivo que nunca, pero ahorrar es justo lo contrario: dejar de gastar hoy para gastar en el futuro. Esto conlleva un esfuerzo y solo se hará si se recibe algo a cambio. La seguridad de tener ahorros ya es algo, pero para la mayoría no es suficiente porque nuestra generación vive en la gratificación inmediata. Así lo demuestra el crecimiento de las redes sociales que no dejan de captar adeptos a los "me gusta" y la dopamina que nos genera ver las reacciones en tiempo real el último vídeo que hemos subido.

No se trata de poder comprar lo mismo dentro de unos años con el dinero ahorrado, se trata de poder comprar más para que compense el esfuerzo. Por eso debemos conseguir que el dinero crezca. De ahí surge la idea de invertir y asumir riesgos. ¿Pero realmente merece la pena reprimirse hoy el impulso de gastar para tener en un futuro incierto?

Los ahorros que no se invierten en la actualidad, pierden valor a una velocidad no vista en tres décadas. Nuestro dinero ha perdido en 2021 un 6,7% de poder adquisitivo, y si esta pérdida no se compensa, no interesará ahorrar. Por ello hay que invertir y lo más sencillo para cumplir las tres reglas básicas (invertir a largo plazo, periodificar y diversificar) es invertir en Bolsa.

A largo plazo, el rendimiento histórico promedio de la Bolsa americana ha sido de alrededor del 7% anual después de la inflación. Decimos alrededor porque no incluimos las comisiones. Esta es una cifra controvertida que intentaremos explicar, pero antes de comenzar sobra decir que la Bolsa fluctúa; y esas bajadas y subidas son las que asustan a aquellos que carecen de un sistema. El famoso Warren Buffett dijo "si no estás dispuesto a poseer una acción durante diez años, ni siquiera pienses en tenerla durante diez minutos".

Tan cierto es que la Bolsa sube y baja como una montaña rusa como que, con el tiempo, los mercados tienden a subir a medida que la economía se expande. En pocas palabras, no suben en línea recta. Por ello solo nos interesaremos por el largo plazo, es decir, en invertir los ahorros para crear un patrimonio y no en jugar a la lotería que tan de moda está actualmente con el trading intradía y adicciones parecidas.

La historia

Para analizar la Bolsa tomaremos el Standard & Poor's 500 (S&P 500), que es el índice que incluye las 500 mayores empresas de EE.UU., aunque sobra decir que uno asume un riesgo global ya que estás empresas actúan por todo el globo.

El índice S&P 500 se creó en 1926 y su valor medio de cierre mensual fue de 12,65 dólares. En 2021 esa misma media alcanzó los 4.493,28 dólares es decir 6,38% de rendimiento anual bruto; si unimos los dividendos reinvertidos al momento de cobrarlos, el rendimiento ascendería a 10,35% anual. Sabemos, por supuesto, que ha habido grandes sustos como durante la crisis financiera de 2008 y la Gran Recesión. El índice cayó un 57,7% entre octubre de 2007 y marzo de 2009, mientras que en 1933, cuando los mercados se recuperaban de las profundidades de la Gran Depresión, el S&P 500 subió un 54%. Incluso dentro del período 2011-2020, cuando los rendimientos fueron más altos que el promedio histórico, los mercados variaron significativamente. Por ejemplo, en 2018, el S&P 500 descendió un 4,4%, pero en 2013 y 2019, el índice generó retornos de más del 30%.

Estos vaivenes no son aptos para cualquiera, porque aquel que se olvide de la tendencia histórica comprará caro y venderá barato. Sufrirá el sesgo de rebaño que tanto daño hace a muchos inversores que no siguen ningún método.

La rentabilidad anualizada entre 2011 y 2020 fue del 13,9% para el S&P. Si nos remontamos hasta 1991, vemos que la rentabilidad anualizada a 30 años fue del 10,7%. Pero si retrocedamos 50 años, hasta 1971, la rentabilidad que alcanza es del 10,8%.

Con la inflación baja, muchos minoristas no la tomaban en consideración cometiendo un gran error que las últimas cifras por encima del 6%, tanto en EEUU como en España, nos han vuelto a poner de relieve. La actual inflación del 6,7% en España y 6,8% en EEUU supondrá que en diez años podamos comprar la mitad de lo que podemos comprar hoy con ese dinero. Como ejemplo de cómo el dinero cambia de valor, 1.570,33 dólares de la actualidad comprarían lo que en 1926 se podía comprar con 100 dólares. Esta pérdida de poder de compra es lo primero que debe vencer quien invierte y es lo que se denomina rentabilidad ajustada por la inflación.

Llegamos de esta manera al cálculo final. Cien dólares invertidos al principio de 1926 en el S&P americano se habrían convertido en $1,233,816.46 en 2021 asumiendo que se hubiesen reinvertido todos los dividendos. ¿A cuántos dólares de 1926 equivale este 1,2 millón de dólares de 2021? Pues restando la inflación serían equivalentes a $80,806.25 de 1926, lo que supone una rentabilidad anual del 7,25%. Las comisiones cada uno debe calcularlas con su banco, aunque actualmente existen opciones para que cada uno alcance un rendimiento alrededor del 7%.

Para obtener un 7,25% de rentabilidad han sido necesarios 95 años de espera y muchos sustos. Nadie puede esperar 95 años, pero sí que puede esperar 10, 20 o 30 años para gastar sus ahorros, siguiendo un método cuyo primer paso consiste en mirar al largo plazo. Vivir las incertidumbres de la Bolsa es el obstáculo que hay que salvar para conseguir esa rentabilidad, y sin duda es mejor que guardar el dinero bajo el colchón, donde la inflación conseguirá que el dinero no valga nada.

Conocer este dato del 7% y preocuparse por la inflación es fundamental para empezar a ahorrar y esforzarse en crear un patrimonio familiar. Porque invirtiendo periódicamente, a largo plazo y diversificando, cualquiera puede llegar a consolidar un patrimonio que le otorgue suficiente libertad para perseguir sus sueños o al menos para levantarse cada mañana para acudir a un trabajo que no detesta.

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José Rodríguez Cuadrado es autor del libro "Si no llegas a fin de mes es porque no quieres", publicado por Unión Editorial.

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