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Pablo Molina

Cuidemos a nuestros ricos

Los hijos de las familias con posibles dedicados a hacer la revolución marxista odian a los españoles que encabezan la lista de los más ricos. Allá ellos.

Los hijos de las familias con posibles dedicados a hacer la revolución marxista odian a los españoles que encabezan la lista de los más ricos. Allá ellos.
Amancio Ortega. | EFE

Las grandes fortunas de España han aumentado su riqueza más de un 10 por ciento en este último año, sin lugar a dudas una buena noticia para nuestra economía. Es bueno que los ricos ganen dinero y que haya cada vez más españoles en las listas internacionales de multimillonarios, dos circunstancias venturosas que solo pueden molestar a la gente que ha hecho del rencor social el principal sustento de su triste vida.

Se da la circunstancia de que en el mundo civilizado, al que todavía pertenece España, los más ricos no son delincuentes dedicados al narcotráfico o a la trata de personas, como ocurre en las dictaduras comunistas, sino gente que comenzó confeccionando a mano batas de casa o dirigiendo un laboratorio familiar en los años 40 del siglo pasado, por poner los casos de dos de las mayores fortunas españolas en estos momentos.

Los pirrakas ultraizquierdistas quieren acabar con ellos porque a este lado del Atlántico no pueden expropiarlos y repartir el botín entre la camarilla, que es lo que en realidad les pide el cuerpo. Por eso anuncian a bombo y platillo subidas masivas de impuestos para los ricos, convencidos (con buen criterio) de que el mensaje cala hondo en la recua de envidiosos que votan sus siglas. A los verdaderamente ricos les da igual, claro, porque si fueran tan imbéciles como para dejar su fortuna al albur de lo que decida en cada momento un ramillete fanatizado de vagos estarían en la miseria desde hace décadas. Simplemente constituyen el pretexto para que varios millones de envidiosos sublimen sus frustraciones creyendo que les están crujiendo cuando, en realidad, todos esos presuntos hachazos fiscales a los ricos los acabamos pagando los que jamás llegaremos a serlo.

Es bueno pertenecer a un país de ricos, porque eso significa que existen las bases para que todos podamos prosperar en la medida de nuestras posibilidades sin temer en exceso a la violencia política de los resentidos. Esa es la manera en que las familias pobres han podido ver a sus hijos convertidos en clase media acomodada, aprovechando las oportunidades de una economía libre con el sacrificio y la disciplina aprendida de sus mayores.

Los hijos de las familias con posibles dedicados a hacer la revolución marxista bien entrado el siglo XXI, en cambio, odian a los españoles que encabezan la lista de los más ricos del momento. Allá ellos. Otros, simplemente preguntamos dónde hay que enviar el donativo para hacerles un monumento.

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