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José T. Raga

Políticamente incorrecto

Esto es lo que no puede llamarse 'gobernar'.

Esto es lo que no puede llamarse 'gobernar'.
Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | EFE

Seguramente no hay otra solución, porque lo oficialmente correcto está tan lejos del hombre, de sus objetivos, de su misión, que su intimidad le impulsa contra la corriente dominante.

Vaya por delante que no dudo de que el hombre es un ser social y por ello sociable. En otras palabras, desde el momento de su nacimiento está llamado a vivir contando con los demás: unas veces porque se necesitan y otras, porque la entrega es una forma de crecer socialmente.

Dicho esto, si el hombre no es un ser solitario, que vive de sí y para sí, sino que se agrupa en núcleos sociales para satisfacer mejor sus necesidades y para sentirse más persona humana, surge, como primera necesidad, la de gobernarse según los valores que compartimos socialmente.

Y aquí surge la primera cuestión a la que debemos dar una respuesta contundente: ¿qué es o qué entendemos por gobernar? No puedo resistir la tentación de acudir a Santo Tomás de Aquino, por su concreción, brevedad y, también, amplitud. Gobernar, dice, es conducir lo que es gobernado a su debido fin. En cualquier sociedad, para ese fin se exigen tres requisitos: la paz, obrar el bien y que haya lo necesario para vivir rectamente. En conclusión, que el fin es el bien común. Un bien que la RAE lo definirá acertadamente como aquello que en sí mismo tiene el complemento de la perfección en su propio género, y que lo es en beneficio de todos los ciudadanos. El enemigo de ese bien es la ambición de gloria, la cual tiene un vicio, a saber, la hipocresía (Sto. Tomás de Aquino).

Así las cosas, fijado el fin, sólo debe deliberarse acerca de los medios que conducen a él, asegurando que disponemos de ellos, idóneos y suficientes, para su consecución. Lo otro está ya advertido, criticado y ridiculizado en un pasaje bíblico acerca de ponerse a construir una torre sin sentarse primero a calcular los gastos (Lucas 14, 28-30).

¿No nos recuerda nada de esto en la gestión de un Gobierno? Nadie discutirá la opción pública, y el entusiasmo privado, por las llamadas energías limpias para un aire limpio, pero ¿cuántos están ahora dispuestos y tienen capacidad para pagar sus costes?

¿Se acuerdan de aquella izquierda –toda– que se manifestaba violentamente, hasta la muerte, al son de "¡Nucleares no, gracias!"? Una energía de las más baratas y limpias, para la que España está mejor situada comparativamente.

¿Qué decir del ecologismo, cambiando el significado del término sostenible, abarcando precisamente actividades que no se pueden sostener, obligándose a subvencionarlas mediante impuestos, cada vez más gravosos?

También la polémica en torno al SMI y sus efectos sobre el empleo o, quizá mejor, sobre el desempleo. También del animalismo triunfante y sus consecuencias, en hechos y en derechos.

¿Cuándo un Gobierno ha asumido públicamente su responsabilidad en todo ello? Esto es lo que no puede llamarse gobernar.

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