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José García Domínguez

España no es una isla energética

La única salida a medio plazo para no depender de Putin pasa por generar energía eólica y termosolar en las grandes planicies desérticas de la potencia ocupante del Sáhara, Marruecos.

La única salida a medio plazo para no depender de Putin pasa por generar energía eólica y termosolar en las grandes planicies desérticas de la potencia ocupante del Sáhara, Marruecos.
Europa Press

Seamos serios: la única isla energética que hay en la Unión Europea se llama República de Irlanda, tanto en el sentido literal como en el metafórico, y, sin embargo, nadie le ha donado ninguna patente de corso a fin de que pueda desconectar por su cuenta el precio de la electricidad del correspondiente al gas. Algo, pues, no termina de cuadrar en la lógica argumental, eso que los periodistas llaman siempre "el relato", con la que se está justificando ante la opinión pública que la Península Ibérica vaya a gozar de un privilegio energético único dentro del conjunto de la Unión. Convendrá conmigo el lector en que, visto desde una perspectiva continental, el asunto resulta muy extraño.

¿Por qué ese regalo a España y a Portugal? ¿Porque somos los parientes pobres del club y lo estamos pasando mal? Mucho más pobres son los griegos o los búlgaros, que van a tener que seguir tragando con el sistema marginal de fijación de precios que impone Bruselas. Insisto, raro, muy raro. Y mucho más raro aún si se piensa que la guerra posiblemente ya ande ahora mismo a punto de acabar si, tal como parece haber conseguido Erdogan, Ucrania renuncia a integrarse en la OTAN y, a cambio, Rusia levanta el veto a que siga estrechando lazos económicos, que no militares, con la Unión Europea. Un acuerdo razonable y bueno para todos. Seamos optimistas, lo más probable es que ocurra eso. Y pronto, además. Como muy tarde, antes del verano.

Entonces, ¿a qué vendría lo de esa bula eléctrica para españoles y portugueses? Pues vendría a que es técnicamente imposible sustituir el gas ruso por gas licuado norteamericano transportado en barco. Rusia vende a Europa 175.000 millones de metros cúbicos al año. Pero Norteamérica solo nos puede mandar 50.000 millones. Y Argelia otros 36.000 millones. Completamente insuficiente, se mire como se mire. Ergo, la única salida a medio plazo para no depender de Putin pasa por generar energía eólica y termosolar en las grandes planicies desérticas de la potencia ocupante del Sáhara, Marruecos, y transportarla luego a través de España al norte de Europa. Y por ahí, nunca mejor dicho, van los tiros. Todas las piezas del puzzle encajarían. Porque nada es gratis.

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