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José T. Raga

¿A qué Europa se refiere?

España tiene un problema, de gran tamaño y gravedad, que se llama Sánchez.

España tiene un problema, de gran tamaño y gravedad, que se llama Sánchez.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. | EFE

Hay edades en las que parece que la sorpresa, más aún, el espanto, ya no es posible. Siempre he admirado en mis mayores su capacidad para relativizar todo aquello a lo que yo daba extrema importancia; su tranquilidad parecía decir que habían visto de todo, que nada podía inquietarles.

Y seguramente tenían razón, pero seguramente no he llegado todavía, quizá no llegue nunca, a ese estado de nirvana sociopolítico en el que todo resbala, todo se posa sobre la epidermis sin dejar huella.

Quiero pensar que la mayor parte de los españoles suscribirían la idea de que España tiene un problema, de gran tamaño y gravedad, que se llama Sánchez; sí, también lo son la práctica totalidad de sus ministros, pero estos son consecuencia de aquel.

El problema se agrava, porque va a más, con el transcurso del tiempo. Él tampoco está en ese nirvana en el que todo importa nada, por eso maneja un catálogo de guiños, comparecencias, promesas que no piensa cumplir, viajes para desaparecer de la vida pública; y frutos, ninguno.

Y aquí aparece ahora una de esas sorpresas que no consigo eludir. Me pareció entender hace unos días que, dado que se siente rechazado por España –yo diría que por los españoles–, y en espera de tiempos electorales en los que desearía afianzar su poder, tenía el propósito de capitalizar y sacar rédito de su patrimonio político europeo.

¿De qué Europa habla? ¿Es la Unión Europea que todos conocemos? Pero ¿puede pensar que alguien en la UE cree en él? Ni en él ni en sus ministros, y alguno de estos que tuvo patrimonio lo malgastó con Sánchez, y perdido quedó para siempre.

Por allá por el mes de julio de 2020 escribía, en páginas como estas, una corta reflexión que titulé "¿Otra vez Europa?" y en la que acababa pidiendo a Europa, como español que tiene que pagar los desmanes del presidente, que no diera un céntimo de euro a España (Sánchez) sin un control férreo, para que se destinase al fin que Europa aceptara.

De lo ya recibido –no voy a hacer cuentas–, ¿qué resultados económicos se han obtenido? Porque abortar a los 16 años sin permiso de los padres o cambiar el sexo (género) libremente a partir de esa misma edad no es lo que la izquierda llama un signo de progreso, sino de decadencia. Yo desearía que ninguno de sus apóstoles lo sufriera en sus propias familias. Aunque entonces sabrían lo que significa progreso.

Pues bien, ahí donde el presidente Sánchez piensa capitalizar su patrimonio político, el mayor partido del Parlamento Europeo está pidiendo –exigiendo– que se controle al milímetro lo que está haciendo Sánchez en España; tiene que sacar ya tarjeta –supongo que roja– a Sánchez para evitar un desastre económico. Hay que ver cómo gasta el dinero del Fondo de Recuperación y Resiliencia.

Tenga cuidado porque su huida y capitalización en Europa puede producirse entre espinos y abrojos. ¡Piénseselo!

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