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El extravagante evento en el que se pagan hasta 8.000 euros por ver entrenando a Nadal o Djokovic

Ante la falta de torneos de hierba, los tenistas de élite buscan otras maneras de monetizar la temporada de la superficie verde.

Ante la falta de torneos de hierba, los tenistas de élite buscan otras maneras de monetizar la temporada de la superficie verde.
Nadal, en su lujosa exhibición londinense | Hurlingham Classic

Aunque el circuito tenístico cuenta con tres superficies de referencia (pista rápida, tierra batida y hierba), lo cierto es que el número de torneos organizados sobre cemento y polvo de ladrillo es mucho mayor que la cifra de competiciones disputadas sobre el verde. De hecho, el interés del circuito de hierba se reduce casi exclusivamente al Grand Slam de Wimbledon, mientras que los demás eventos de este tramo de la temporada son torneos de segunda fila.

Desde hace muchos años, las altas esferas de la ATP han insistido en la necesidad de apuntalar la temporada de hierba con un torneo de nivel Masters 1000. Lo más lógico sería reforzar las competiciones de Queen’s o Halle, que ahora mismo reparten 500 puntos. Otra opción sería construir el evento desde cero en alguna ciudad donde exista tal aspiración. Pero, de momento, lo cierto es que no ha habido ningún movimiento y la cosa sigue como estaba.

Esta circunstancia obliga a los tenistas a buscar otras líneas de negocio que apuntalen sus ingresos durante los meses de junio y julio. A nadie escapa que Wimbledon es un torneo muy bien dotado, en el que el campeón se lleva 2 millones de libras, el subcampeón obtiene 1 millón de libras, los semifinalistas se embolsan 535.000 libras y los cuarto finalistas logran 300.000 libras. Pero, ¿qué hay de las otras cuatro semanas de competición sobre el césped? El problema es evidente, sobre todo porque Queen’s y Halle se solapan en el tiempo, haciendo aún menos lucrativas las seis semanas de la temporada de hierba.

Mallorca ya tiene su propio torneo

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Una de las respuestas a esta problemática ha sido la irrupción de un nuevo torneo organizado anualmente en Mallorca. Su organización corre a cargo de la empresa teutona E|Motion, que se hizo con el Tenis Country Club de Santa Ponça, en Calviá, para transformar el recinto y organizar la nueva competición. Solo en las obras de adaptación del club de tenis se ha realizado un desembolso de más de 3 millones de euros.

La oportunidad de organizar este torneo surge cuando el Open de Turquía reconoció que no podía mantener la organización del torneo, motivo por el cual se abrió una subasta en la que la candidatura mallorquina resultó vencedora. El director del torneo es Toni Nadal y la edición de 2022 cuenta con la participación de estrellas como Stefanos Tsitsipas, Daniil Medvedev, Nick Kyrgios, Roberto Bautista, Pablo Carreño Justa, Denis Shapovalov o Feliciano López. En total, la competición reparte 900.000 euros.

La exhibición más exclusiva

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Otra de las vías de negocio que están explorando los tenistas para mejorar sus ingresos durante la temporada de hierba pasa por la disputa del Hurlingham Classic, un torneo de exhibición que patrocina Armani y se disputa en Londres, ahorrando a sus participantes la necesidad de hacer desplazamientos en la semana anterior al torneo de Wimbledon y permitiéndoles hacer caja sin necesidad de disputar partidos oficiales.

El concepto del evento es claramente elitista y podría describirse como una especie de "Wimbledon para VIPs". Este 2022, los jugadores participantes incluyen a Rafael Nadal, Novak Djokovic, Carlos Alcaraz, Andy Murray, Stan Wawrinka… También participan jugadoras del circuito WTA como Emma Raducanu y leyendas retiradas como Tommy Haas o Marcos Baghdatis.

Asistir a las tres jornadas en las que se disputan los partidos de exhibición cuesta un mínimo de 600 euros y puede llegar a suponer un desembolso de hasta 8.000 euros. A cambio, los asistentes pueden disfrutar de un almuerzo previo a los tres encuentros que se programan cada jornada. Además, se ofrece todo tipo de extravagancias propias de los entretiempos favoritos de las élites británicas: bar de champagne, un salón de té, etc.

Y todo a pesar de que hablamos de partidos no oficiales, que solo sirven como entrenamiento y no reparten puntos para el ranking ATP ni cuentan en el récord profesional de los jugadores. Sin duda, una curiosa solución al problema de la temporada de hierba que, evidentemente, solo está al alcance de unos pocos espectadores... y un puñado de tenistas.

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