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José García Domínguez

Contra Robin Hood

Confundir la socialdemocracia con las políticas asistenciales para los pobres y los excluidos es el error puede costarle a Sánchez la Moncloa.

Confundir la socialdemocracia con las políticas asistenciales para los pobres y los excluidos es el error puede costarle a Sánchez la Moncloa.
Pedro Sánchez. | EFE

Aunque vagamente intuyo que no va a haber demasiados entusiastas de la socialdemocracia entre los lectores de estos tres párrafos de hoy, la tesis que quiero esbozar en ellos es socialdemócrata. Y la socialdemocracia, contra lo que el actual Gobierno de España parece creer, es justo lo contrario de la política económica que aplicó durante años Robin Hood en el bosque de Sherwood. Porque no, no es eso. Asunto que viene a cuento por la reiterada perplejidad que el presidente Sánchez ha mostrado en público desde que se conociera el resultado de las elecciones andaluzas.

El presidente no parece capaz de entender, y así nos lo transmite, que la gestión del Ejecutivo, a su juicio volcada en el apoyo estatal a las clases medias y a los sectores populares, la clara mayoría sociológica del país, se traduzca en una creciente desafección de los electores hacia los partidos de izquierdas en las urnas. No lo entiende. Y como no lo entiende, ha comenzado a referirse, de un modo un tanto extravagante e impropio de un mandatario europeo serio, a oscuras teorías de la conspiración promovidas por no menos oscuros poderes fácticos que nunca acaba de nombrar. Aunque la explicación a su desasosiego acaso sea mucho más simple. Ocurre que la socialdemocracia consiste en gobernar para la mayoría, no para los márgenes. Y las políticas de transferencias del Gobierno, casi sin excepción, van dirigidas a los márgenes.

La clase media, base electoral de la socialdemocracia clásica en todas partes, ni cobra el salario mínimo interprofesional, ni va a solicitar el ingreso mínimo vital ni tampoco reclama el bono social eléctrico. Todo eso está muy bien, sin duda, pero no afecta para nada a las condiciones de vida de la clase media. En Madrid, por ejemplo, la clase media está votando en masa a la derecha no por ninguna maquinación subterránea de grandes poderes opacos, sino porque no encuentra incentivos para pagar más impuestos destinados a costear servicios públicos que no va a utilizar y que, por tanto, no le reportarán ningún beneficio. Confundir la socialdemocracia con las políticas asistenciales para los pobres y los excluidos, he ahí su error de bulto, el que le puede costar la Moncloa.

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