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¿Es el value la estrategia ganadora en la actual crisis inflacionaria?

Nos vamos a fijar en lo que hicieron en la anterior época de fuerte inflación dos inversores en valor legendarios como Warren Buffett y Peter Lynch.

Nos vamos a fijar en lo que hicieron en la anterior época de fuerte inflación dos inversores en valor legendarios como Warren Buffett y Peter Lynch.
OMMA

En entornos de inflación como el actual, la bolsa no se ha comportado bien históricamente. Hay que extremar la precaución en la selección de acciones porque la mayor parte del mercado va a cosechar malos resultados.

Desde OMMA Business School Madrid somos conscientes de que, como inversores, debemos andar con pies de plomo y analizar concienzudamente cada compañía dentro de su sector y del entorno macro, prestando especial atención a la particularidad de la fase del ciclo en que nos encontremos. De este convencimiento surgió nuestro Máster de Value Investing y Teoría del Ciclo hace justo 10 años como programa pionero en el mercado de esta temática, y que lanzará una nueva edición a finales de octubre. La fuerte inflación está poniendo las cosas muy interesantes en este aspecto, por lo que vamos a tratar de abordar en este artículo qué tipo de acciones suelen tener un mejor desempeño en épocas como esta.

Como precedente a la fuerte inflación que estamos padeciendo ahora, contamos con la experiencia de los años 70, el período de máxima inflación del mundo desarrollado después de la II Guerra Mundial. La práctica que se va a seguir en este artículo es analizar las estrategias de selección de compañías (acciones) que funcionaron bien en los 70.

Para ello, nos vamos a fijar en lo que hicieron en aquella época dos inversores en valor legendarios como Warren Buffett y Peter Lynch. Buffett atesoraba una trayectoria de varias décadas con su compañía Berkshire Hathaway, si bien Peter Lynch se puso al frente de la gestión de su fondo Fidelity Magellan justo en la década de los 70.

A principios de los 70, cuando la inflación se había disparado como consecuencia de la suspensión de la convertibilidad del dólar en oro en 1971 y la finalización del sistema monetario en Bretton Woods, se pusieron de moda las Nifty Fifty, las 50 compañías más poderosas y solventes del mercado del momento. El mercado pensó que estas sólidas compañías se iban a mantener fuertes a largo plazo, algo parecido a lo que ha sucedido ahora con las FAANG (Facebook, Apple, Amazon, Netflix, Google). Entonces eran Coca Cola, Procter & Gamble, IBM, Kodak, etc. El desempeño de estas acciones por un tiempo fue muy bueno, pero subieron tanto que llegó un momento en que dejaron de ser interesantes. Estaban caras y registraron caídas en bolsa, como ha sucedido en la actualidad con las tecnológicas mencionadas más arriba.

Una de las características de los períodos de alta inflación es que no sólo nos debemos quedar en que los precios suben a razón de dos dígitos anuales, sino que además los precios no se incrementan en la misma proporción para todos los productos y servicios. Hay una gran desviación de la media entre unos bienes y otros. Para elegir bien qué compañías van a salir airosas de la quema, no basta con ser conscientes de la inflación, sino que hay que anticipar qué cosas van a subir mucho y cuáles menos: si los precios que van a subir más son de tipo coste o tipo producto final, de materiales, servicios o salarios.

Se debe tener esto muy claro puesto que no todas las compañías se van a ver afectadas de la misma forma por el incremento de precios. Unas podrán repercutir el precio significativamente al cliente, lo cual es positivo para garantizar ingresos estables, mientras que a otras compañías les sucede lo opuesto, que el producto que venden no deja capacidad para fijar precios (pricing power). Ocurre lo mismo con los costes. Hay costes que suben mucho más que los precios que se pueden repercutir al cliente, de forma que se estrechan los márgenes (por lo que puede haber pérdidas), y hay otras compañías que pueden mantener más a raya los costes que soportan (mantienen márgenes).

En particular, uno de los costes más significativos para muchas compañías son los salarios. Hay que analizar si en el ámbito nacional, de ese sector o compañía existe organización sindical, si se entra en un espiral de salarios y políticas de rentas, etc.

Además, cuando la inflación es persistente, se va comiendo el capital de la compañía, normalmente el capital circulante. Ante una inflación duradera, los inventarios hay que reponerlos siempre a un coste mayor y si no se ha fijado el markup adecuado en la tanda de ventas previa, se va perdiendo ese capital. También en lo que respecta al capital fijo, si las amortizaciones están siendo insuficientes (ante la subida de precios de maquinaria o materiales), la compañía se acaba descapitalizando. Hay que añadir a lo anterior, el efecto negativo de los impuestos, que gravan muchas veces beneficios nominales.

Para añadir más gasolina al fuego, en períodos inflacionarios, los gobiernos se inmiscuyen mucho en los negocios, especialmente en los servicios básicos: se tienden a establecer precios regulados por las protestas de la población o a fijar impuestos especiales como ahora se ha visto con petroleras, eléctricas, etc. El terreno está cargado de minas y se debe pisar con mucho cuidado.

Buffett decía que en épocas de inflación le gustaban compañías que no tenían demasiados problemas con los costes labores, y que tampoco estuvieran muy expuestos a problemas de incrementos de costes. Normalmente este tipo de empresas tienen mucho prestigio y su producto es bastante indispensable para los clientes (inelasticidad precio-demanda), de manera que van a tolerar bastante bien las subidas de precios. Si además es un sector en el que no hay demasiada competencia ni demasiada innovación, ello supone que no haya que hacer demasiados desembolsos para mantener la capacidad productiva. Estamos, pues, ante compañías que generan mucho efectivo y muchos ingresos, con capacidad de repercutir costes y que no se ven demasiado afectadas por subidas de precios de materiales o salarios.

Por su parte, Peter Lynch escogió empresas que gozaban del favor del público y que registraban beneficios que crecían a gran velocidad. En su época invirtió en compañías growth (pequeñas por aquel entonces) como Wal-Mart (minorista alimentación), Taco Bell (comida rápida), La Quinta (hoteles), Cracker Barrel (restaurantes), con crecimientos de dos dígitos. Como nota al margen, vendió demasiado pronto otros multibaggers como Home Depot o Toys ‘R Us. Su excelencia en la gestión y el hecho de estar dirigidas a públicos masivos ayudaron a navegar muy bien estos turbulentos mares durante este período.

La situación actual presenta una característica particular: contamos con un problema añadido derivado de la baja inversión de las últimas décadas en incrementar las reservas y la disponibilidad de recursos energéticos, como por ejemplo el petróleo, el uranio, el carbón, el gas natural (con un problema claro de abastecimiento en Europa). En este contexto, puede ser una buena oportunidad que el inversor se fije en compañías que puedan proporcionar servicios auxiliares para aumentar estas producciones. Por ejemplo, buenos contratos por plantas de gas, por perforación, etc. Un ejemplo de compañía de estas características es la antigua National Oilwell Varco, Inc. (NOV), que cotiza con gran descuento en términos históricos y que tiene unas expectativas muy halagüeñas en los próximos años.

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Datos de la sesión informativa y del máster:

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