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Javier Jové Sandoval

Agárrese la cartera cada vez que oiga la palabra "sostenible"

Cuando se habla de "economía sostenible" en realidad lo que se quiere decir es "economía sostenida", o sea, un modelo económico que no se sostiene por sí mismo.

Cuando se habla de "economía sostenible" en
realidad lo que se quiere decir es "economía sostenida", o sea, un modelo
económico que no se sostiene por sí mismo.
Yolanda Díaz, Nadia Calviño y Pedro Sánchez | Europa Press

Una de las de las palabras hoy en día más utilizada y que sirve a modo de comodín o fetiche para pasar el filtro de lo correcto es: sostenible. Cualquier cosa u ocurrencia que vaya acompañada de dicho adjetivo goza del aplauso y de la aceptación social generalizada. Todo aquello que es calificado de sostenible aparece como bueno y deseable. Es más, cualquier crítica que se le haga a un proyecto calificado de sostenible pasa ipso facto a ser inmediatamente desacreditada, anulando cualquier posibilidad de debate o contraposición de ideas. Ya dijo Orwell que "la finalidad de la neolengua es limitar el alcance del pensamiento, estrechar el radio de acción de la mente".

No obstante, cuando uno analiza el significado atribuido a dicha palabra observa que se incurre en un gran error, pues parte de confundir la palabra "sostenible" con "sostenido". Así, cuando se habla de "economía sostenible" en realidad lo que se quiere decir es "economía sostenida", o sea, un modelo económico que no se sostiene por sí mismo, inviable, que necesita ser sostenido con los impuestos de los contribuyentes. Una "empresa sostenible" es aquella que necesita ser subsidiada, sostenida, para seguir subsistiendo. Cuando se habla de "energía sostenible" pasa tres cuartos de lo mismo, dado que la energía calificada como sostenible en realidad es una energía sostenida, una energía sostenida con cargo a los consumidores que abonan por la misma un precio muy superior al que obtendrían por una energía generada por procedimientos alternativos a los "sostenibles". Exactamente pasa con las pensiones, que en su configuración actual no se sostienen por sí mismas, de hecho, todos los planes que se anuncian para hacerlas sostenibles en modo alguno van orientadas a dicho fin, sino a acentuar su sostenimiento exógeno, es decir, a sostenerlas, no a que se sostengan.

En definitiva, como pueden observar, el uso del término sostenible no es más que uno más de los que emplean los progres para alterar el significado de las palabras y para crear esa neolengua orwelliana en virtud del cual las palabras pasan a significar justo lo contrario de su significado originario: así, lo que no se sostiene pasa a ser calificado de sostenible, la palabra democracia pasa a ser empleada para designar dictaduras comunistas e igualdad es la palabra que se utiliza para imponer la discriminación legal. Volvemos a Orwell: "La destrucción de las palabras es algo de gran hermosura (…) Toda palabra contiene en sí misma su contraria."

Si me han seguido hasta aquí habrán llegado a la misma conclusión que yo, que no es otra que, en realidad, hoy la palabra sostenible es sinónimo de subvencionado. Donde usted vea escrito "energía sostenible" en realidad quieren decir "energía subvencionada", "pensiones sostenibles" son "pensiones subvencionadas", "movilidad sostenible" es "movilidad subvencionada" y así con todo. Verán cómo reemplazando una palabra por otra todo adquiere sentido y se entiende mejor. Por eso, cada vez que oigan la palabra sostenible agárrense la cartera.

La izquierda es consciente de la fuerza de las palabras, ya que es la vía para la propagación del pensamiento, de las ideas. Por eso permanentemente introducen en el vocabulario nuevas palabras o vacían las existentes de su significado primigenio o etimológico para darles otro totalmente distinto que sirva a sus propósitos. Y es que la guerra cultural comienza con la batalla semántica.

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