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Amando de Miguel

La mengua de la economía

Parece un sarcasmo proclamar que el conjunto de la economía española ha crecido un 0,2% anual. Sería más propio decir que la economía se ha estancado.

Parece un sarcasmo proclamar que el conjunto de la economía española ha crecido un 0,2% anual. Sería más propio decir que la economía se ha estancado.
La vicepresidenta Nadia Calviño | EFE

Hace un par de siglos, en Europa, la revolución industrial y científica acentuó la creencia de que la economía, siempre, se encontraba en expansión. Es más, lo económico equivalía al continuo y creciente movimiento del intercambio de bienes, singularmente, el más móvil de todos: el dinero. Más adelante, empezamos a tropezar con la realidad. Ahora, la llamamos "recesión". Es el cultismo para reconocer la mengua de las expectativas. En la España actual, se reducen los intercambios, suben los precios y los tipos de interés del dinero, el desempleo y el malempleo. Este último, mal medido, es el poco productivo o por debajo de la calificación del trabajador. La influyente secta ecologista logra encarecer los costes. Los vehículos o los teléfonos son cada vez más caros, en contra de la inveterada ley de su secular abaratamiento. El creciente peso de la burocracia pública y privada llega a ser insoportable. En definitiva, no es que la economía se desacelere, sino que se empantana.

La prevalente superchería de la "agenda 2030" había confiado en la prevalencia de las energías "verdes" o "sostenibles". Ha sido un engaño. Encima, el territorio español carece de carbón a cielo abierto, petróleo o gas natural. Por si fuera poco, se abandonaron las centrales nucleares. En consecuencia, el déficit energético resulta harto gravoso.

En estas condiciones, más parece un sarcasmo proclamar que el conjunto de la economía española, durante el último trimestre, haya crecido un 0,2% anual. Sería más propio decir que la economía se ha estancado.

Imagino que hay ciertos sectores con alzas muy notables de productividad; por ejemplo, las loterías y similares, la venta a domicilio de algunos supermercados, la restauración, la distribución de drogas alucinógenas. Pero, hay otros muchos ramos con una productividad decreciente, como los "asesores" de la alta Administración Pública.

En el censo español van a empezar a jubilarse las cohortes etáneas más numerosas de nuestra historia, lo que supone una elevación extraordinaria del coste de las pensiones. La tasa de fecundidad española (hijos por mujer en edad fértil) es la más baja de todos los tiempos y una de las más débiles del mundo. Se mantiene un poco por la inmigración extranjera. Empero, aquí resalta otro desequilibrio. A saber, inmigran muchas personas con baja calificación laboral. Por el contrario, emigran no pocos profesionales.

El impacto de la actual crisis económica no se calibra bien con los datos convencionales de los intercambios monetarios. Interviene un poderoso factor subjetivo, que no se puede auscultar bien. La población actual se ha acostumbrado a altos niveles de consumo, que ahora han de ser contenidos. Por ejemplo, los gastos de ocio, vacaciones, viajes, o, simplemente, los de un moderado confort hogareño. La obligada decisión de revisar tales gastos llama a una sensación de "privación relativa", que es más de lo que certifican las cifras macroeconómicas. Es decir, la crisis actual es más notoria de lo que indica la reducción de los ingresos y del consumo. Hay que hablar más de retroceso que de recesión.

La población española no volverá a las hambrunas de hace más de un par de generaciones. Sin embargo, subjetivamente, experimenta un notable infortunio. Nos encontramos ante una ilustración más de los elementos no contables de la contabilidad económica.

El acontecimiento más sobresaliente de la generación actual es que las sociedades tenidas por democráticas, sencillamente, se desvanecen. Es algo más que una simple recesión económica. Es todo un éxito de la internacional progresista, feminista, globalista, ecologista y de la agenda 2030 del metaverso suelto. Lo malo es que la vana retórica contribuye al sufrimiento colectivo.

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