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Alerta con la fiebre de letras y bonos: ¿está la deuda pública condenada a otro año negro en 2023?

El 2022 ha sido el peor año de la historia para la renta fija, con caídas superiores al 18% de media. ¿Podrían repetirse las pérdidas en 2023?

El 2022 ha sido el peor año de la historia para la renta fija, con caídas superiores al 18% de media. ¿Podrían repetirse las pérdidas en 2023?
Varias personas hacen cola para contratar Letras del Tesoro, en el Banco de España. | Europapress

"Estamos volviendo a la normalidad en los mercados de renta fija", comentan a Libertad Digital distintos especialistas financieros. Y es cierto. Lo normal es que la renta fija soberana, es decir, la deuda que emiten los países, ofrezcan una rentabilidad, si quiera por el riesgo que contrae el bonista al prestar su dinero. Así, las letras del tesoro de los países de la zona euro o el clásico bono a 10 años han vuelto a ofrecer rentabilidad. Han pasado de ofrecer rentabilidades del 0 o negativas, al entorno del 3% en pocos meses.

Este fenómeno ha provocado otro indeseado en la deuda emitida hasta ese momento: la aparición del mismo producto en el mercado con mucha mayor rentabilidad. Eso automáticamente redujo la rentabilidad de los productos de renta fija en las carteras de los inversores conservadores. En total durante el año pasado la renta fija registró de media una caída del 18%.

Esto es muy fácil de entender. Alguien compró un bono a 10 años en 2021, por ejemplo, con un cupón del 0,1% anual, vio cómo en 2023 aparecía en el mercado el mismo producto pero con una rentabilidad del 3%, restando automáticamente atractivo a su producto. ¿Quién querría comprar un bono a 10 años al 0,1% de interés, cuando puedes comprarlo al 3%?. El sufrido inversor con su bono de 2021 si lo quiere vender tendrá que hacerlo a pérdidas para que el nuevo comprador equipare su rentabilidad al nuevo emitido.

¿Puede repetirse el fenómeno de 2022?

No tenemos una bola de cristal, pero sí es fácil plantearse una hipótesis verosímil: si la inflación continúa alta, por encima del 4% y los tipos de interés, en consecuencia, continúan subiendo para tratar de frenar esa inflación, hará que el interés de la deuda siga subiendo. Así, si en 2024 el interés de los bonos a 10 años pasa, por ejemplo al 4,5%, el que lo compró al 3%, registrará pérdidas en su cartera.

¿Es esto posible? Rotundamente sí. No sólo es posible, sino que las perspectivas de rebaja de la inflación y aterrizaje suave de las políticas de subidas de tipos de interés son cada vez más remotas. La teoría monetaria es taxativa en cuanto al fenómeno de la inflación. Cuando ésta se desboca sólo hay

Binomio rentabilidad riesgo

La normalización del mercado de renta fija implica la vuelta al binomio rentabilidad-riesgo, y que no implica otra cosa que el regreso de los activos de renta fija o deuda al paradigma evidente de que han de ofrecer mayor rentabilidad cuanto mayor es el riesgo percibido sobre la posibilidad de un default o impago.

Lo que sucede es que esta vuelta a la normalidad llega con un riesgo disparado. Antes de estos diez últimos años con los tipos artificialmente bajos, o incluso en negativo, cuando la renta fija ofrecía algo de interés, allá por 2006 o 2007, España, por ejemplo, mantenía una deuda sobre PIB en el entorno del 30%. Ahora ese ratio está en el 117%. Es decir que debemos más de lo que producimos, multiplicándose, evidentemente, el riesgo de impago.

Es decir que lo que están haciendo los inversores conservadores que se lanzan otra vez a por el bono a 10 años porque por lo menos ofrece algo de rentabilidad es garantizarse una pérdidas mientras la inflación supere el interés del bono, y adquirir un riesgo real de pérdida de poder adquisitivo si la inflación continúa alta.

Sin embargo, en el caso de las letras, al ser el plazo menor y soler llevar la inversión a vencimiento, este riesgo se atenúa mucho. Todo dependería del ritmo de subida de tipos de interés, así como del riesgo de impago percibido por cada uno de los países miembros.

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