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Saifedean Ammous: "Cerrar las nucleares es la forma perfecta de destruir Europa"

El gran divulgador de bitcoin presenta Principios de economía, un manual de economía austriaca para todos los públicos.

El gran divulgador de bitcoin presenta Principios de economía, un manual de economía austriaca para todos los públicos.
Saifedean Ammous, en Madrid. | Fundación Rafael del Pino

Saifedean Ammous es profesor de economía. Formado en las universidades de Columbia, London School of Economics and Political Science y Universidad Americana de Beirut, es autor del bestseller internacional El patrón Bitcoin (Deusto, 2022) y acaba de lanzar al mercado su nuevo libro, Principios de economía (Deusto, 2025), un manual pensado para explicar la economía de forma accesible, desde el punto de vista austriaco.

Especialista en criptomonedas, realiza trabajos de investigación y consultoría para distintas organizaciones y es un asiduo conferenciante y formador en gestión económica de directivos y empresarios de máximo nivel. Coincidiendo con su charla en la Fundación Rafael del Pino, se ha entrevistado con Libre Mercado para hablar de su nueva obra y analizar la actualidad.

P: He leído el libro con mucho interés, pero antes de preguntarle por Principios de economía, quiero referirme a su anterior obra, El patrón Bitcoin: Desde que lo publicó, el valor de la criptodivisa se ha multiplicado ¡por diez! Parece que no iba desencaminado.

R: Sí, no puedo decir que no lo esperaba. Pensé que Bitcoin iba a subir, y ha subido. Y creo, de hecho, que va a seguir apreciándose más aún. En última instancia, esta es la forma más avanzada de dinero que tenemos, porque nadie puede crear más unidades y aumentar artificialmente su oferta, al contrario de lo que ocurre con las demás formas de dinero, en las cuales siempre se está intentando emitir más y más divisa, de una u otra manera. Por tanto, no veo que vayan a darse grandes cambios y creo que la tendencia al alza de Bitcoin se va a mantener.

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P: En su nueva obra, Principios de economía, se refiere al dinero y lo relaciona directamente con la civilización.

R: En efecto, si queremos entender qué tipo de civilización tenemos, o qué tipo de civilización podemos tener, el dinero tiene que formar una parte central de la conversación. Hay pocos economistas que lo planteen así, la mayoría dan por hecho que el rol de los bancos centrales es el que tiene que ser, obvian las dinámicas inflacionarias y la devaluación de la moneda… Digamos que la ciencia económica está centrada en pequeños cambios, en comprobar si esta u otra política puede tener un resultado mejor o peor, mientras se deja a un lado algo mucho más abarcador y relevante, como es el dinero. En el ámbito de la ciencia económica, los gobiernos son los primeros que no quieren que se hable de las distintas maneras en que su acción devalúa la moneda, porque esa es su herramienta para seguir emitiendo deuda y tomando riqueza de las empresas y las familias. De ahí que, cuando se publican libros como este, haya muchas personas que reaccionen positivamente, porque hay una gran demanda de saber más de estas cuestiones y, si la economía mainstream no responde a esa demanda, otros podemos hacerlo. Al final, el dinero está en medio de todo tipo de transacción y operación económica, influye en tu habilidad para vincularte económicamente con los demás e incluso en la forma en que uno maneja su presente y futuro económico. Así que todo se ve afectado por lo bueno y lo malo que sea el dinero y, cuando el dinero comienza a desmoronarse, todo se desmorona en la sociedad. Me parece una afirmación extremadamente increíble argumentar que la inflación no es algo relevante, me llama la atención que incluso haya quienes digan que acumular una inflación baja pero recurrente a lo largo del tiempo no tendrá ningún impacto. Por cosas así escribí este libro.

P: Cuenta que, a la hora de impartir docencia en las universidades, encontró grandes dificultades a la hora de explorar cómo funcionan realmente los mecanismos del mercado.

R: Sin duda, al ver cómo los estudiantes incurrían en un sinfín de malentendidos, me hice una pregunta:¿qué es lo que falta en la enseñanza de la economía en general? Concluí que el principal problema es que la gran mayoría de los libros de texto, sino todos, están escritos desde la perspectiva dominante. Escasean enfoques como el que nos ofrece la perspectiva austriaca y, francamente, eso me convenció de que la economía mainstream ha logrado inundan de propaganda los cursos universitarios y los programas formativos sobre esta materia. Parecería que el objetivo de esta disciplina se ha convertido en justificar la inflación, justificar los impuestos altos y los aumentos del gasto público… La verdad, no creo que eso sea lo que debamos hacer en las universidades, sino promover la independencia intelectual y favorecer la toma de mejores decisiones a partir del pensamiento crítico. Así que, precisamente porque quiero que los estudiantes tengan esa opción, decidí escribir este libro, que es el tipo de libro que me hubiese gustado tener a mano cuando yo estaba aprendiendo economía. También he de decir que, si bien en mi periplo como profesor pude comprobar que muchos estudiantes se mostraban entusiasmados con las enseñanzas de la Escuela Austriaca, a menudo encontré que no había un libro de texto fácil que pudiesen seguir y consultar de forma rápida y sencilla. A menudo, tenía que hacer recomendaciones de materiales sueltos: un capítulo de este libro, otro de aquel libro… Creo que eso va contra la fluidez del proceso formativo y por eso quise construir un libro de texto claro con una estructura coherente, que toca todas esas cosas que son importantes para la economía y nos explica cómo encajan entre sí. Hablo de todo: de la propiedad, del capital, del ahorro, de los mercados, de la moneda, etc. La meta última es que el lector entienda de raíz cómo funciona la economía capitalista, desarrollando el pensamiento austriaco de manera básica, accesible y bien estructurada.

P: En el libro sacas a colación un concepto muy descuidado en las charlas y debates económicos actuales, que es el tiempo. Acaba de publicarse El precio del tiempo, de Edward Chancellor (Deusto, 2024), y la verdad es que dicho ensayo presenta una magnífica reflexión sobre estos temas.

R: El tiempo debe estar dentro de debate económico. La economía no puede dedicarse simplemente a hacer cálculos matemáticos de una u otra variable. En la raíz, su base esta en estudiar cómo piensan y actúan los seres humanos. Partimos de un paradigma de escasez, escasez que más que de recursos, lo es de tiempo, porque tenemos capacidades muy desarrolladas para mejorar nuestro acceso a recursos, pero lo que no tenemos a nuestro alcance de forma tan abundante es tiempo. Si hoy queremos, podemos multiplicar por diez la producción de oro, de coches de lujo, etc. La razón por la que no lo hacemos es el coste de oportunidad que tendría dejar de producir otras cosas en las cantidades actuales. No producimos más manzanas porque el tiempo que podríamos dedicar a las manzanas, lo dedicamos a hacer naranjas porque la gente quiere manzanas, pero también naranjas. Así que el límite de lo que podemos producir de todo es siempre nuestro tiempo. El tiempo es lo único realmente escaso. Con más tiempo, podemos hacer más de cualquier cosa. Y una vez que lo piensas de esta manera, es más fácil entender cómo funciona la vida en clave económica, cómo las personas se organizan para mejorar la calidad y el valor de su tiempo, tomando decisiones y actuando en consecuencia.

P: Principios de economía habla también del desempleo como un fenómeno moderno. Esta afirmación podría resultar chocante a algunas personas, sobre todo porque España lleva muchos años liderando las listas de paro de Europa.

R: Si uno busca las menciones al término "desempleo" en el archivo histórico de libros y textos de Google, lo que encuentra es que ese término casi no existía antes de 1914. Nadie hablaba de desempleo antes de 1914. La mayoría de la gente trabajaba y, si acaso alguien no estaba ocupado laboralmente, era porque así lo decidía, por una u otra cuestión. Sin embargo, hoy hablamos del desempleo como si fuese una suerte de enfermedad que infecta a algunas personas. Y no, lo cierto es que el desempleo es un fenómeno moderno que tiene mucho que ver con la inflación y con la sobrerregulación. La raíz del problema es monetaria. Es la inflación lo que crea el tipo de problemas que conducen al desempleo, destrozando el valor real de los contratos, propiciando ciclos económicos marcados por los altibajos… Si a eso le sumamos el hecho de que el mercado laboral está tan intervenido, pues al final encontramos que las empresas cierran o, en su defecto, contratan menos de lo que harían bajo unas condiciones económicas sanas y sostenibles. Asimismo, hoy en día se pagan subsidios por desempleo que, lógicamente, hacen más fácil que la gente siga sin trabajar. Si pagas más de algo, obtienes más de ese algo. Pues bien, subvencionando a la gente por no trabajar, sin duda conseguirás que haya mucha más gente que no trabaje. Como empresario, uno no puede obligar a la gente a trabajar para ti. Por eso, la única manera de conseguir reclutar a un trabajador es pagarle lo suficiente. Por eso hace falta promover mercados laborales libres, donde los contratos sean aquellos que satisfagan a ambas partes.

P: Habla de cómo la inflación distorsiona el valor real de los contratos. Quisiera preguntarle por la importancia de los precios, que en España hasta parecen estar mal vistos, a tenor de la pulsión intervencionista del actual Ejecutivo, que desde hace años ha introducido precios mínimos y máximos en distintos tipos de bienes y servicios.

R: Creo que esto es destructivo. La gente subestima lo malo que es intervenir los precios porque piensan, siguiendo un razonamiento típicamente keynesiano, que lo importante es incentivar la demanda a través de distintas intervenciones. Estos planteamientos asumen que, cambiando un precio, todo lo demás irá mejor. Sin embargo, cada vez que se manipula un precio, se alteran las condiciones de mercado de un sinfín de bienes y servicios cuyo desempeño estaba directa o indirectamente vinculado a ese precio que ha sido alterado. En esa cadena de acciones humanas, introducimos una distorsión que hace inviables muchas transacciones económicas, imposibilitando que la producción siga su curso con normalidad. Al final, la intervención resulta contraproducente e incentiva menos crecimiento, más economía sumergida, etc. Es terrible que España regule los precios de la vivienda, modifique continuamente el salario mínimo… ¡Por favor, detengan ese tipo de políticas!

P: Habla del keynesianismo. ¿Cree que los discípulos del economista británico han radicalizado su programa o que, ciertamente, el alto grado de intervención que hoy reivindican sus continuadores es la continuación lógica del pensamiento que esbozó John Maynard Keynes en su día?

R: Creo que Keynes era un keynesiano. No creo que fuese menos ni más keynesiano que los que llegaron después ni que haya un Keynes que merezca la pena rescatar. Creo que, si nos fijamos en sus escritos, veremos que sin duda sentó las bases para una intervención cada vez más intensa de los mercados. De hecho, en su época, propuso abiertamente un sinfín de fórmulas de intervención del mercado que resultan del todo incompatibles con la idea de una economía libre. Por eso, igual que no creo que Marx fuese distinto a los marxistas, tampoco creo que Keynes fuese un ápice mejor que los keynesianos.

P: Dedicas un largo capítulo a la energía, que normalmente se trata como una disciplina cercana, pero separada, a la economía.

R: En efecto, he apostado por ese estudio conjunto de ambas dimensiones, porque están muy entrelazadas La energía impulsa la economía y la producción. Lo vemos claramente si estudiamos lo que ha pasado en Europa, donde Alemania ha cerrado sus nucleares con resultados catastróficos y al parecer España está haciendo lp mismo sin tener ninguna alternativa real que invite a pensar que dicha política vaya a tener un final feliz. Creo que si yo fuera una persona que quiere destruir la sociedad europea, empobrecer a los europeos y destruirlos como pueblo, sin duda me aseguraría de hacer lo que están haciendo estos gobiernos. Creo que es la manera perfecta de asegurar que las próximas generaciones vivirán peor que las actuales. Pocas intervenciones pueden resultar más eficaces que estas. Es absolutamente asombroso lo que ha estado sucediendo. ¡Están destruyendo la infraestructura energética de todo un continente! Resulta realmente impactante. Diría que estamos ante la inversión del proceso de la civilización. Si la civilización ha sido, básicamente, la humanidad trabajando para reducir el costo de la energía y de esa forma poder construir sociedades más avanzadas y prósperas, pues lo que está ocurriendo supone revertir todo ese progreso. La producción ha crecido porque la generación de energía también lo ha hecho, ofreciendo un respaldo asequible para alimentar ese crecimiento. En las últimas décadas, la histeria sobre estas cuestiones climáticas ha ido a más y, con ello, se han tomado decisiones nefastas. Si de verdad les preocupa el carbono, ¿por qué cierran las plantas nucleares? No tiene ningún sentido. Están haciendo que la energía se vuelva mucho más cara, que la base industrial de la economía se erosione hasta quedar destruida y que la vida sea mucho más cara para las familias. Yo realmente creo que las personas que están a cargo de estos países están trabajando activamente para destruirlos. Es plausible. Creo que antes era normal pensar, "bueno, tal vez sólo son idiotas", o "bueno, están equivocados con estas cosas", pero creo que cuando nos fijamos en cosas como lo que está pasando con la energía nuclear, es casi imposible dar por bueno que no estamos ante una acción deliberadamente dirigida a acabar con la economía de España, Alemania y Europa.

P: Su libro habla de los mercados de participaciones de empresas cotizadas como un gran logro. Me preocupa que cada vez hay menos empresas en bolsa y más operaciones de capital privado que, si bien son eficientes y legítimas, reducen el acceso de millones de particulares a nuevas opciones de inversión.

R: Pues es una pregunta interesante, me he centrado en explicar todo lo bueno que tiene la bolsa, la posibilidad de invertir en distintos productos financieros, pero efectivamente hay cada vez más compañías que dan el paso de dejar de cotizar en bolsa, o si se trata de firmas emergentes, abundan historias de adquisiciones privadas que reemplazan lo que antes hubiese sido, indudablemente, una estrategia clara de salida al parqué. Entiendo que el capital privado quizá permite a los directivos de estas compañías el centrarse más en los objetivos a largo plazo y dejar de preocuparse por fluctuaciones bursátiles propias del corto plazo. En ese sentido, no vería estos desarrollos como un problema, porque si una empresa tiene una visión que necesita ejecutar y que va a requerir algunos sacrificios a corto plazo, entonces lo cierto es que estar cotizada en el mercado de valores podría no ser la mejor forma de conseguirlo, especialmente ahora que hay mucha gente que opera en bolsa comerciando valores con ánimo de obtener ganancias en apenas minutos, horas o días, de la misma forma que algunos operadores se fijan solamente en los últimos resultados trimestrales. Así que, si ese fuera el caso, no lo vería del todo como un problema. Pero, al mismo tiempo, sí creo que es una gran ventaja el contar con un mercado de valores en el que el negocio de las compañías se juzga de forma impersonal, de modo que su capital es un abstracto sobre el que compradores y vendedores debaten a la hora de formar un precio, ofreciendo más o menos por la acción según su operativa resulte más o menos prometedora. Creo que hay valor para eso, y sí, me pregunto qué es lo que puede influir en el posible declive de los mercados. Yo diría que la regulación es un problema evidente y que la política monetaria también influye para mal en el funcionamiento de los mercados.

P: Durante muchos años se dijo que la política monetaria expansiva de los bancos centrales no generaría inflación, pero lo cierto es que trajo consigo importantes distorsiones en el precio de todo tipo de activos, desde las participaciones bursátiles de compañías cotizadas hasta los bonos de deuda pública. Para colmo, cuando esa estrategia expansionista fue a más, la economía acabó sufriendo una gran crisis inflacionaria como la que hemos atravesado en los últimos años.

R: A raíz de la inflación que siguió a la pandemia, mucha gente ha sido consciente de la crisis que se deriva de las políticas expansivas de los bancos centrales, pero creo que nos fijamos mucho en el IPC y no tanto en otras formas de medir la evolución de los precios. El IPC está sujeto a todo tipo de manipulaciones y, además, no captura aspectos vitales para entender cómo evoluciona el precio de la vida, como por ejemplo la sustitución de unos bienes por otros en la cesta de la compra de las familias, donde el efecto composición y la sustitución de unos bienes por otros invalida, a menudo, las cifras oficiales de IPC. Hay aspectos como la vivienda en los que, a nivel global, vemos que los precios están subiendo a tasas anuales del 7-8 por ciento. Eso es inflación y no aparece necesariamente en el IPC, por la forma en que se calcula. Y, de hecho, las ganancias de productividad han hecho que muchos bienes resulten más baratos, caso de teléfonos y ordenadores o de pequeños bienes de uso cotidiano producidos con plástico.

P: Milei y Trump. ¿Qué opina de estos dos nuevos liderazgos?

R: Creo que Milei debería ir más allá y asumir que el peso está acabado, el Banco Central está quebrado y Argentina necesita un nuevo renacimiento con mayor libertad monetaria. Tiene una oportunidad de oro de limpiar de una vez toda la basura que ha dejado el paradigma inflacionario de sus antecesores, pero intentar salvar el peso y el banco central es, en mi opinión, un error. Que haya tantos dólares en Argentina sugiere que la gente lo tiene claro, pero Milie no ha dado el paso, al menos de momento, y para mí es un error. ¿Trump? Creo que va a ser una segunda presidencia interesante. Con respecto a Bitcoin, su cambio de postura me parece inteligente, al principio era escéptico pero ahora ya no tanto… Lo que ha logrado su estrategia de paz en la negociación de Israel con Hamás ha hecho que me tome muy en serio su capacidad de actuar y su determinación. Sabe lo que quiere y ahora mismo no apostaría en su contra…

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