
Los propietarios de los pisos okupados no son las únicas víctimas de esta lacra que, en los últimos años, gracias a la llamada inquiokupación, se ha disparado en nuestro país. En no pocas ocasiones, los vecinos terminan sufriendo igualmente las consecuencias: conflictos, suciedad, enganches ilegales, etc.
Ese es precisamente el caso de Blanca, una jubilada de Huelva que, a pesar de tener su propia casa, ha tenido que abandonarla y lleva siete meses viviendo de alquiler a razón 700 euros al mes, porque su techo se ha desplomado literalmente por culpa sus vecinos de arriba —inquiokupas—, y porque el agua cae a chorros en baño y cocina. "Uno de ellos va en silla de ruedas y se ducha en el suelo del baño —explica sin dar crédito ni a ella misma a esta situación—. Y menos mal que cuando el techo se desplomó yo ya me había ido, porque si se me llega a caer en la cabeza, me mata".
Lo peor es que esta situación parece no tener fin. Tanto el propietario del piso okupado como ella misma han interpuesto sendas denuncias. Sin embargo, ninguna de ellas ha dado sus frutos todavía y el trasiego en dicha casa es constante: "Hay algunos magrebíes que ya estaban el año pasado, otros que han venido nuevos... Y ahora mismo no tienen cuarto de baño, pero allí siguen. Y yo llevo desde noviembre del año pasado en un piso de alquiler que me está costando 700 euros al mes, cuando tengo una casa en propiedad y no tendría que estar pagando nada", denuncia indignada.
El origen de los problemas
A sus 65 años, Blanca vivía tranquilamente en la que, desde hace más de 15 años, es su única vivienda, cuando en mayo del año pasado empezó a tener filtraciones. "Llamé al propietario, que vive en Canarias, y fue cuando me entré de que su inquilino, que era un señor inglés, se había ido y había entregado las llaves a la agencia, pero había dejado a unos okupas dentro", recuerda. En todo caso, le dijo que no se preocupase, porque iba a interponer las pertinentes denuncias y lo intentaría resolver lo antes posible.
Confiada, Blanca se fue de vacaciones. Sin embargo, pronto se dio cuenta de que aquello le iba a traer más problemas de lo que pensaba. La vecina de abajo la llamó en pleno verano diciéndole que a ella le estaba cayendo agua de su piso: "Cuando llegué, la casa estaba 1.000 veces peor que cuando me fui, así que intenté hablar con ellos para que nos dejaran ver cuál era el problema y convencí al dueño para que les cambiara la ducha".
Se duchan en el suelo
Aquello, no obstante, tampoco sirvió de nada. "El dueño terminó llamando a una empresa especializada y le dijeron que el poroblema es que uno de ellos estaba en silla de ruedas y, como no entraba, se duchaba en el suelo del baño directamente", explica perpleja. No daba crédito, pero aquello explicaba el por qué de tantas filtraciones.
Con tres y hasta cuatro cubos repartidos por su propio baño para tratar de evitar un mal mayor, Blanca no tuvo más remedio que abandonar su hogar: "Aguanté porque quería convencer a los okupas para arreglarlo, pero en noviembre, ya desesperada, no me quedó más remedio que alquilarme otra casa e irme de allí. Y menos mal que lo hice".
Aprovechando unas obras de la comunidad, el dueño del piso okupado pidió a los obreros que mirasen las tuberías y, al picar, el suelo de hormigón se desplomó literalmente sobre el baño de Blanca. "Si llego a estar allí y se me cae encima, me mata", dice con la voz entrecortada.
¿Hasta cuándo?
A día de hoy, el boquete sigue abierto y los okupas siguen campando a sus anchas. La denuncia del propietario todavía está a la espera de juicio. Y la suya, que denunció por la vía penal por los destrozos, también. "Y tengo un informe del técnico del ayuntamiento que dice que hay un riesgo de inhabitabilidad tanto en mi piso con el piso de arriba, porque hay hay riesgo para la seguridad de las personas y condiciones insalubres, pero nadie hace nada, el tiempo pasa y yo sigo pagando 700 euros de alquiler todos los meses que no tendría por qué estar pagando", lamenta.
Su esperanza es que alguno de los seguros se termine haciendo cargo de todo este gasto, pero ahora mismo lo que más le preocupa es que alguien ponga sentido común en toda esta historia: "Yo, de verdad, creo que esto no se debería permitir: ni que unos señores que no pagan el alquiler y que son okupas se apropien de una casa que no es suya, ni que, a pesar de los daños que nos están causando a los vecinos, nadie les saque de ahí o tome las riendas para arreglar una situación que, según el propio informe de los técnicos del Ayuntamiento, está generando una situación de inhabitabilidad e insalubridad. No hay por dónde cogerlo".
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