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Rubén Osuna

El euro y el difunto pacto de estabilidad

Estos días se observa lo que parece una contradicción: Alemania y Francia hunden el Pacto de Estabilidad pero el euro gana peso frente al dólar.
 
Lo esencial de una institución es que sea creíble. Si alguien establece una norma y acto seguido se la salta la norma está perdida. Exigir su aplicación se interpretará, justificadamente, como un acto de agresión. El compromiso que sostiene la credibilidad del euro ha saltado por los aires con el incumplimiento manifiesto de Francia y Alemania, que además no aceptan sanciones. Es una mala, pésima, noticia, pero no tiene por qué suponer un serio contratiempo para el euro.
 
Observemos el caso de Estados Unidos y el dólar. Los déficits públicos son muy superiores a los de la zona euro, pero el dólar sigue siendo el medio de cambio internacional por excelencia.
 
El caso es que Estados Unidos ha tenido que "fabricar" dólares no sólo para su uso interno (como medio de intercambio y depósito de valor), sino también para satisfacer la demanda mundial de una moneda que cumpla esas mismas funciones.  Se ha tratado del dólar simplemente porque el público ha aceptado que así sea. Parece una explicación extraña, pero no hay otra: igual que todos aceptamos cobrar nuestros sueldos y ahorrar en euros, porque confiamos en su poder de compra y su aceptación generalizada como medio de intercambio, también se ha confiado en el dólar para cumplir con esa doble función a nivel internacional. Es más, algunos países, como Argentina, llegaron a usar dólares para satisfacer sus necesidades internas.
 
Esa "producción" de dólares tiene unos beneficios. Para cualquier banco emisor la moneda es un pasivo, una deuda. Con ella Estados Unidos ha financiado su desequilibrada balanza por cuenta corriente durante medio siglo. Para entender esto simplemente imaginen que pueden emitir sus propios billetes en casa, y que todos los aceptan por buenos: eso les permitiría gastar casi sin límites y pagar sus deudas con terceros simplemente emitiendo más y más moneda. Ese ha sido el caso de Estados Unidos. Los demás aceptaban dólares como pago simplemente porque los dólares tienen un valor en sí mismos, como si de una mercancía se tratara.
 
Si España hubiese sostenido fuertes déficits públicos y desequilibrios de la balanza por cuenta corriente, su antigua peseta se habría hundido, como de hecho ocurrió en el pasado, porque nadie aceptaba la peseta por más de lo que valía cambiada por otras monedas, y en última instancia cambiada por dólares. Y eso mismo pasaba con todas las demás. El único país que puede permitirse el lujo de incurrir en déficits y desequilibrios sostenidos es Estados Unidos, simplemente porque su moneda cumple una función especial en el mundo y por tanto es una moneda cualitativamente distinta a todas las demás. Para Estados Unidos los déficits y desequilibrios tienen otro significado, gracias al carácter especial de su moneda.
 
Recientemente el euro ha empezado a competir con el dólar. Eso confiere al euro unas propiedades especiales que permitirían a la Unión Europea evitar los costes inflacionarios o de depreciación de la moneda que se darían bajo otras circunstancias. Es más, si el euro se convierte en medio de pago internacional la Unión tendrá que producir moneda para terceros, y eso requerirá "necesariamente" déficits y desequilibrios. De la misma forma, si Estados Unidos decidiera equilibrar de golpe sus cuentas y su balanza la recesión mundial estaría servida.
 
El euro ha roto el régimen de monopolio de que disfrutaba el dólar, y eso explica en parte la reciente evolución de los tipos de cambio (con competencia, el precio relativo del dólar se reduce, cosa que habría ocurrido incluso si los Estados Unidos se hubieran moderado un poco). También se explican así las alegrías de Francia y Alemania, que saben lo que está ocurriendo y que quieren aprovecharse de las ventajas que trae la mutación del euro

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